Che, zafrero genial  

Che, zafrero genial  

El excepcional fundador de la mecanización cañera. Foto: Archivo
El excepcional fundador de la mecanización cañera. Foto: Archivo

“Lo veo desandar los surcos, con llave en mano junto a los mecánicos en la cosechadora, conversando con los jóvenes, leyendo un libro, jugando ajedrez con sus compañeros durante el breve descanso”, declara Clara Opizo Ruíz, fundadora junto al Che de la mecanización del corte y alza de la caña en Cuba.

Clara: “La ejemplaridad del Che ha sido como mi brújula”. Foto: Nohema Díaz Muñoz
Clara: “La ejemplaridad del Che ha sido como mi brújula”. Foto: Nohema Díaz Muñoz

Las huellas del ministro-operador son imborrables desde febrero de 1963 en La Norma, zona cañera ubicada en el centro de la provincia de Ciego de Ávila. Rememora Clarita que allí, ante la inesperada visita de hombres con uniforme verde olivo, ella vocea en el batey: “¡corran, corran que llegó Fidel! Uno de los escoltas se adelanta y me dice que es el Che.

“Amistosamente el Comandante Guevara nos saluda y expresa: ‘mañana arrancamos, eso de cortar y alzar caña a mano es cuestión de esclavos. Entonces, se adueña de mí un deseo inmenso de hacerme operadora. Sorprende a todos mi interés, muchos creían que la mecanización les quitaría el empleo, estaban aferrados al corte manual.

“Me embulla Ramón, el mayor de mis hermanos. Comienzo a chamuscar los surcos, pero la cosechadora cancanea por no poderla manejar bien, yo era delgada y bajita. Monguito le hace adaptaciones al equipo hasta que consigo llegar a los pedales y empuñar el timón. Él se destacaba como mecánico e innovador. Por cierto, años después se gana la medalla de Héroe del Trabajo de la República de Cuba”.

Así la muchacha de 19 años se convierte en la primera operadora de corte mecanizado de las zafras del pueblo en el país. Nada la detiene en la nueva faena con la máquina número 501. Por eso, se adentra en el cañaveral convencida de que la mecanización también es cuestión de mujeres.

“La historia es testigo de dos acontecimientos muy importantes en nuestra provincia avileña: el Che tripula brevemente una cortadora en plantaciones del hoy central museo Patria o Muerte,  donde se realiza el primer ensayo del corte y el alza de la caña en el territorio nacional, en diciembre de 1962.

“Pero, se comprueba que la unidad azucarera contaba con áreas muy reducidas, todas con regadío. Correspondía observar también el funcionamiento de las cosechadoras en terrenos con régimen de secano. Por eso, Ernesto Guevara decide trasladar el grupo hacia campos cercanos al central Ciro Redondo.

“Además de ser la mayor fábrica de azúcar del territorio avileño, disponía de áreas llanas, cañaverales de distintos arrobajes, talleres adecuados para la atención a los equipos y otras ventajas. Hacía falta ganar la batalla económica en Ciego de Ávila que afrontaba el mayor déficit de macheteros.

“Tal como dijera el Che, que no había razones para perder el tiempo, así la mocha encuentra por primera vez una sustituta más productiva y se humaniza el trabajo. Cuando él conversaba con los participantes en aquellas jornadas de trabajo voluntario, nos decía que en el futuro tendríamos máquinas modernas.

“Muchos gratos momentos recuerdo de las faenas en los surcos. Un día Gustavo Collazo le dice quizás en broma: ‘Comandante, hoy no hemos ganado ni para el desayuno’. Arrancó el equipo, salieron para el campo y regresaron oscureciendo con el cumplimiento de la norma, la cual era para él una actividad sagrada, por eso a cada instante le preguntaba: ‘¿normador, cuántas arrobas tenemos?’

“La primera normación la hicieron a razón de unas 8 mil arrobas, pero el Che se mostró inconforme. Afirmaba que las máquinas tenían posibilidades de lograr mayores rendimientos.

“Enseguida aprendió a maniobrar el equipo. Alcanzó tanta práctica que el 14 de febrero de 1963, derribó 22 mil arrobas de caña quemada en 12 horas, una cantidad respetable para la capacidad de aquellos incipientes equipos, con uno de los cuales yo pude cortar 13 mil 054. La cuestión es que en el cañaveral él era también el Guerrillero Heroico porque se trazaba metas y no dejaba ninguna tarea inconclusa.

“Por supuesto, no fui la única pionera de la mecanización. La maestra Margarita Abreu se incorporó al trabajo voluntario, convirtiéndose en la primera mujer operadora de alzadora en el territorio nacional. El Comandante elogió a Yoya por entongar bien la caña cortada con la jaiba del tractor, a pesar de ser ella muy joven”.

Destaca que otros compañeros se consagraron a la tarea económica más importante del aquel momento en Cuba. Menciona a Miguel Iparraguirre, encargado de seleccionar los cañaverales para el corte. Habla emocionada sobre la actitud de Juan Peralta, Crescencio Pol y Cecilio Calvo, “a quienes el jefe les decía: ‘iarriba mis hacheros!’, por su gran espíritu de sacrificio como repasadores detrás de la cosechadora para que no se quedara abandonado siquiera un canuto.

“Me sirvió de guía para toda la vida su ejemplar actitud de laboriosidad, sencillez, honestidad, compañerismo. Estoy satisfecha de haber integrado su tropa en aquella batalla en los surcos, considerada la más larga etapa de trabajo voluntario protagonizada en tierras cubanas por el comandante Guevara.

El recién restaurado monumento en La Norma deviene sitio idóneo para visitas y homenajes. Foto: Martínez Alejo

Clara Opizo vuelve a La Norma. Enseña a los visitantes el espacio para parquear la cosechadora que conducía el ministro-operador; su lugar predilecto para degustar el café que siempre prefería amargo; los árboles donde colgaba su hamaca y otros detalles descritos en las tarjas del recién restaurado conjunto monumentario.

La impronta del operador, del mecánico, del innovador está presente en los cañaverales, en los talleres de maquinaria, en el ingenio azucarero. Su hazaña perdurable enfila triunfante como el 4 de febrero de 1963, primer día de corte mecanizado en suelo cubano, cuando Ernesto Guevara de la Serna se convierte en el zafrero genial.

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