Trabajadores

Los principios son inviolables

Ilustración: Yoan Figueredo

Uno de los asuntos ferozmente manipulados en la actualidad es la relación que establecen las federaciones y comisiones nacionales de las distintas disciplinas con atletas que, ajenos a sus gestiones, viven o se desempeñan como profesionales en el exterior.

Las tendencias de esos análisis suelen calificar de “radicales”, “extremas” o “detenidas en el tiempo” las posturas de autoridades deportivas, desconociendo irrenunciables principios y las opciones que brinda hoy la política de contratación en el extranjero.

El Inder, organismo rector en el ámbito de la cultura física y el deporte, ha insistido en los esfuerzos del país para formar deportistas de alto rendimiento comprometidos con el logro de notables resultados nacionales e internacionales, que proporcionen alegría, satisfacción y orgullo a nuestro pueblo.

Esa labor implica una inversión social de amplio espectro que justifica la defensa del derecho de Cuba sobre la formación de esos talentos, y la exigencia de que cumplan con el régimen de participación establecido como requisito esencial para integrar las selecciones nacionales y representar a la patria.

Tampoco debe soslayarse la máxima de que todos nuestros atletas deben gozar de iguales derechos y deberes, y estar comprometidos con el aporte a las federaciones que encauzaron su formación y los condujeron al estrellato o sus “puertas de entrada”.

Cabe recordar que el deporte cubano se ha desarrollado bajo el asedio del país más poderoso del planeta, Estados Unidos, cuyos Gobiernos han articulado estrategias subversivas para “drenar” los planteles nacionales y ocasionar perjuicios morales, económicos e ideológicos a nuestro movimiento atlético.

La gran trampa ha consistido en que cientos de prometedores muchachos, halados por los cantos de sirenas, jamás conquistaron la gloria soñada y vieron truncas sus carreras. No permitamos que unos pocos ejemplos de inusitada fortuna opaquen esta dura y cruel realidad.

Por esas razones sigue siendo inaceptable abandonar una misión o delegación en el exterior y esto constituye la peor falta que un integrante del movimiento deportivo cubano pueda cometer.

Ahora bien, para quienes emigraron legalmente, radican en el exterior por períodos de tiempo o compiten en ligas extranjeras por su cuenta, las oportunidades de integrar equipos Cuba pasan inevitablemente por el cumplimiento del régimen de participación aprobado, lo establecido en la política de contrataciones y los análisis casuísticos que se realizan desde el organismo central hasta las federaciones, comisiones y colectivos técnicos nacionales.

Los nuevos tiempos exigen nuevas ideas, pero sin renunciar a los principios. Aún resuena y ojalá por mucho tiempo aquella idea de Fidel: “No permitamos jamás que los traidores visiten después el país para exhibir los lujos obtenidos con la infamia. Culpémonos también a nosotros mismos”.