Mover los caracoles y el pensamiento

Mover los caracoles y el pensamiento

Del 1ro al 4 de noviembre tuvo lugar la XXXIX edición del Concurso Caracol de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el cual centró los debates de la primera sesión en un tema polémico desde todas sus aristas, el estado la televisión en la actualidad. “Cualquier tiempo pasado fue mejor”, pudiera ser la frase característica de la pantalla chica, pero sería contemplar el ayer sin ansias del futuro.  Y no constituye la principal función de un medio público como el nuestro. El reto fundamental, del que se tanto ha hablado y polemizado, radica en promover valores, educar, convertirse en fuente inagotable de conocimientos; un espacio donde se expongan actitudes incorrectas con la intención de modificar conductas o estilos de vida poco apropiados.

En gran medida tales logros se alcanzan, pero falta un mayor empeño en la realización de guiones, adecuado empleo de luces para lograr los efectos y atmósfera deseada, una correcta asesoría, así como otros elementos necesarios a la hora de realizar un dramatizado.

¿Dónde ha quedado el teatro, el cuento en la pantalla? Para no absolutizar, escasos teleplays recrean una historia de este tipo. Son géneros que, por la riqueza de su trama, debieran aparecer más. La brecha de la desmemoria crece cuando olvidamos las obras de Samuel Feijoó, Carlos Felipe Hernández, Rolando Ferrer, Onelio Jorge Cardoso, entre otros imprescindibles de la literatura y la dramatúrgica cubana.

¿Cómo captar la atención de un niño ante el despliegue de las tecnologías moderas? ¿Qué legaremos a las nuevas generaciones? Preguntas a considerar por los realizadores y directores. Programas como Vivir del Cuento, Pasaje a lo desconocido y la serie UNO gozan de aceptación debido a la presencia de un buen guion, elemento clave en cualquier producción, además de actuaciones y problemáticas con una base sólida en su argumento.  A la lista se pudiera sumar, La Colmena TV, recientemente finalizado. Bajo la dirección de Cremata y un excelente equipo de trabajo detrás, llegaron a todos los públicos de manera certera.

La televisión nunca ha sido fácil, requiere de esfuerzo y dedicación. El cubano, que tiene por tradición dejar sus quehaceres cuando llega la hora de la novela, momento donde se reúne la familia, debe estar a su alcance una entrega que sea verdadero reflejo de la sociedad de hoy, y no quedar solamente en observaciones generales.

La excusa fácil, escasez de recursos, asunto resuelto. Si décadas atrás, con menos desarrollo se lograron audiovisuales admirables, cómo ahora, pesa más en la balanza la ausencia del espectador antes las creaciones nacionales, dando paso a la instauración de gustos y tendencias foráneas. Parece increíble, insólito, pero cuestionable. No se trata de llover sobre mojado ni abrir paso a la crítica corrosiva, más bien es concientizar tales realidades y perfeccionarlas. El Caracol devine escenario fortuito para reflexionar sobre estas verdades, además de la entrega de los premios, momento esperado del evento.

Últimos días en La Habana, de Fernando Pérez Valdés recibió el Gran Premio de Ficción en cine. Igualmente por el largometraje se otorgaron lauros a Celia Ledón Acosta y Pavel Marrero Fernández en las categorías de mejor dirección de arte y diseño escenográfico, vestuario, maquillaje y peluquería, respectivamente; mientras el Gran Premio de No Ficción recayó en Ernesto Luis Granado Rigueiro por el documental Hubo una vez un pueblo.  

La película El Techo, de Patricia Ramos Hernández, resultó ganadora en ópera prima y Carlos Manuel Rodríguez Fontela se alzó con el lauro en mejor dirección de fotografía por Mi herencia.

El premio de crítica fue para Ángel Pérez Velázquez por Desechos Tóxicos y el de ensayo, Un bosquejo desde la periferia de la animación cubana, de Raydel Ricardo Araoz Valdés.

LCB La otra guerra, de Alberto Luberta, esa leyenda de la radio cubana, se llevó el Gran Premio de Ficción en televisión.

En dirección de dramatizados de radio, Antonio Alfredo Quiñones Duarte, obtuvo el lauro por La Muerte y la Doncella (Radio Arte) y mejor asesoría radial, Lourdes de la Caridad Sánchez González.

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