Céspedes, la independencia y los Estados Unidos

Céspedes, la independencia y los Estados Unidos

Al iniciarse la primera guerra de independencia cubana, la llamada Guerra de los Diez Años, resultaba natural pensar en la posible solidaridad de los Estados Unidos, país vecino, que había alcanzado su independencia casi un siglo atrás y que se proyectaba como celoso defensor de la libertad y la democracia; de ahí que Carlos Manuel de Céspedes se dirigiera al secretario de Estado Seward en una nota que informaba del inicio de aquella gesta y solicitaba el reconocimiento de la beligerancia por aquel país. No hubo respuesta.

El 20 de noviembre de 1868, Céspedes envió una nueva nota donde aducía “la decencia y generosidad” de aquel gobierno para informarle acerca de la situación bélica en Cuba y pedir que “recomiende que se nos reconozca como beligerantes y nos faciliten las armas y recursos necesarios, que serán debidamente retribuidos, para quitar de América el último eslabón de la horrorosa cadena de España, dando un paso más en pro del republicanismo en este continente, donde no debe quedar un solo resto de la oligarquía despótica de los gobiernos de Europa.”[1]

Otra acción de Céspedes fue designar un representante suyo en los Estados Unidos en la persona de José Valiente. Posteriormente, ante la diversidad de grupos que se habían constituido allí, se reunieron en una sola las representaciones que existían, lo que recayó en José Morales Lemus.

Céspedes envió una comunicación el 15 de enero de 1869 al Agente de la República en los Estados Unidos en la cual narraba lo complicado de la situación, lo que incluía los avances del enemigo bajo la jefatura del Conde de Valmaseda y el incendio de Bayamo por los patriotas que preferían perderlo todo antes de entregarse al yugo español nuevamente; pero el estado de la guerra se hacía muy difícil, por lo que planteó la necesidad de pedir la anexión a los Estados Unidos, por ello decía: “Proceda usted pues sin demora a comunicarlo así al Gobierno de esa República para que si es aceptada nuestra petición, se nos presten los auxilios indispensables, a fin de evitar la guerra exterminadora que los españoles nos están haciendo y que nos obliga a tomar determinaciones violentas (…).”[2] Enfrentaba una situación que parecía insostenible para las armas cubanas, de ahí que viera en la anexión a una república americana independiente y que ya se mostraba fuerte, la posible solución frente a la guerra de exterminio que España hacía en Cuba. Era una solución desesperada.

El 1ro de marzo de 1869, Céspedes envió una comunicación al Presidente Ulises Grant, en la cual le explicaba la lucha cubana, aunque esta vez no hablaba de anexión, sino que decía que los Estados Unidos era la nación civilizada más cercana a Cuba, hablaba de la simpatía de los cubanos por sus instituciones, de los intereses comerciales y financieros comunes, por lo que “Cuba ardientemente apela a su incuestionable derecho para ser reconocida.”[3] Volvía a intentar el reconocimiento al derecho a luchar por la independencia y la libertad.

La Cámara de Representantes, constituida en Guáimaro en abril de 1869, discutió en varias oportunidades la solicitud de apoyo para la guerra a los Estados Unidos y también los planteamientos de anexión que algunos habían hecho. Sin embargo, a pesar de los comunicados y las manifestaciones anexionistas, el Gobierno de Grant nunca reconoció oficialmente al Ministro Plenipotenciario cubano. Hubo algunos contactos, pero no oficiales. El Presidente y el secretario de Estado, Hamilton Fish, recibieron a Morales Lemus de manera privada, lo que no implicaba compromiso alguno, y determinó que su estancia no pudo tener carácter oficial.

A la muerte de Morales Lemus, Céspedes propuso a José Manuel Mestre que lo sustituyera en tal responsabilidad. En esa oportunidad, en carta no fechada, pero que se supone corresponde a fines de julio o principios de agosto de 1870, le decía: “(…) Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez estaré equivocado; pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España, siquiera sea para constituirse en poder independiente; éste es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga o proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces o desinteresados.”[4]

Posteriormente, el 30 de noviembre de 1872, escribía a Ramón Céspedes, quien estaba a cargo de la representación, acerca del retiro de la misma, por cuanto “No era posible que por más tiempo soportásemos el desprecio con que nos trata el gobierno de los Estados Unidos, desprecio que iba en aumento mientras más sufridos nos mostrábamos nosotros. Bastante tiempo hemos hecho el papel de pordiosero a quien se niega repetidamente la limosna y en cuyos hocicos por último se cierra con insolencia la puerta. (…).”[5]

El Padre de la Patria había comprendido la esencia de la política estadounidense y reaccionó con absoluta dignidad.

 

[1] Portuondo, Fernando y Hortensia Pichardo (compiladores): Carlos Manuel de Céspedes. Escritos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974, T II, pp. 15-16.

[2] Eduardo Torres-Cuevas, Oscar Loyola Vega y Diana Abad Muñoz: Selección de lecturas de Pensamiento Político Cubano I. Universidad La Habana, Facultad de Filosofía e Historia, Ciudad de La Habana, 1984., T I, p. 10

[3] Portuondo y Pichardo. Ob. Cit., T II, pp. 29-30.

[4] Torres-Cuevas, Loyola, Abad. Ob. Cit., T I, p. 23.

[5] Portuondo y Pichardo. Ob. Cit., T I, pp. 84-85.

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