Fidel en la ONU: cuatro momentos de un pensamiento orgánico (II)

Fidel en la ONU: cuatro momentos de un pensamiento orgánico (II)

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Por Hassan Pérez Casabona*

“Los principios de la coexistencia pacífica deben ser la piedra angular de las relaciones internacionales”

En 1979, con 53 años de edad, regresó el Comandante en Jefe a tierra norteamericana, para asistir al XXXIV período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Sus palabras aquel 12 de octubre no tuvieron como tema central las denuncias de las agresiones sufridas por nuestro “digno país” a lo largo de 20 años, sino que asumió el mandato de presentar el resultado de las deliberaciones y los acuerdos emanados de la VI Cumbre de Jefes de Estado o Gobierno del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL), celebrada con todo éxito entre el 3 y el 9 de septiembre de ese año en La Habana.

Aunque no rompió el récord de tiempo establecido por él en 1960, resultó una pieza oratoria donde desarrolló con amplitud, en poco más de dos horas, ideas de extraordinario valor, seguidas atentamente, de principio a fin, por una audiencia no acostumbrada a exposiciones con ese nivel de valentía y sinceridad.[1]

Como portavoz de las reflexiones de mayor calado enarboladas, consignó:

  • El MNOAl actúa en política internacional como un factor global independiente.
  • Nos asociamos en el empeño por cambiar el actual sistema de relaciones internacionales, basado en la injusticia, la desigualdad y la opresión.
  • Nos une la determinación de defender la colaboración entre nuestros países, el libre desarrollo nacional y social, la soberanía, la seguridad, la igualdad y la libre determinación.
  • Es necesario eliminar la abismal desigualdad que separa a los países desarrollados y a los países en vías de desarrollo.
  • Aspiramos a un nuevo orden mundial, basado en la justicia, la equidad y la paz, que sustituya al sistema injusto y desigual que hoy prevalece.
  • La paz, para nuestros países resulta indivisible.
  • Los principios de la coexistencia pacífica deben ser la piedra angular de las relaciones internacionales.
  • Esos principios de la coexistencia pacífica incluyen también el derecho de los pueblos bajo dominación foránea y colonial a la libre determinación, a la independencia, la soberanía, la integridad territorial de los Estados, el derecho de cada país a poner fin a la ocupación extranjera, a la adquisición de territorios por la fuerza y a escoger su propio sistema social, político y económico.
  • La lucha por la paz está relacionada con «el apoyo político, moral y material a los movimientos de liberación nacional y la realización de acciones conjuntas para liquidar la dominación colonial y la discriminación racial».
  • Le concedemos gran importancia a la posibilidad y a la necesidad de la distensión entre las grandes potencias.
  • El empeño por consolidar la distensión y evitar la guerra es una tarea en la que todos los pueblos deben participar y ejercer su responsabilidad.
  • Los Países No Alineados no se oponen a soluciones que puedan ser logradas sin la lucha armada, siempre que de ellas pueda surgir un auténtico gobierno de la mayoría y en ellas se logre la independencia en forma que satisfaga a los pueblos combatientes, y que esto se haga conforme a las resoluciones de organismos como la OUA, las Naciones Unidas y nuestros Países No Alineados.
  • Para los Países No Alineados, la cuestión de Palestina es la médula del problema del Oriente Medio.
  • La política de los Estados Unidos desempeña un papel fundamental para impedir el establecimiento de una paz justa y completa en la región, al alinearse con Israel, apoyarlo y trabajar por obtener soluciones parciales favorables a los objetivos sionistas.
  • Condenamos los acuerdos de Camp David y el Tratado Egipto-Israel de marzo de 1979, porque representan un abandono total de la causa de los países árabes y un acto de complicidad con la ocupación continuada de los territorios árabes.

Luego de señalar, entre otros ejemplos, el rechazo que tuvo lugar en la VI Cumbre al tema del bloqueo contra Cuba, el derecho de Argentina sobre las Malvinas; de Belice a su libre determinación, independencia e integridad territorial, y que el pueblo saharaui tuviera la posibilidad de escoger su destino, Fidel se adentró en trascendentales valoraciones económicas, desde la coherencia de las naciones que con más rigor sufrían las consecuencias del atraso y el subdesarrollo. Sobre este particular dejó claro:

  • El acceso a la independencia para un pueblo que se libera del sistema colonial o neocolonial es, a la vez, el último acto de una larga lucha y el primero de una nueva y difícil batalla.
  • Posee una importancia suprema consolidar la independencia política mediante la emancipación económica.
  • En la agricultura se perpetúa el retraso y el proceso de industrialización tampoco avanza. La mayoría de las naciones desarrolladas aprecia la industrialización de los países en desarrollo como una amenaza.
  • Se nos condenó a ser productores de materias primas y productos agrícolas baratos. Se nos quiere transferir las industrias de menor tecnología, de más baja productividad y que más polucionan el ambiente. Eso lo rechazamos terminantemente.
  • Lo más grave de esa estructura dependiente es que aquello que importamos es en base a los patrones de la sociedad de consumo, que de ese modo se introduce por los resquicios de nuestro comercio, infecta nuestras propias sociedades y añade así un nuevo elemento a la ya permanente crisis estructural.
  • La explosión demográfica no es la causa, sino la consecuencia del subdesarrollo.
  • La situación de retraso agrícola e industrial es el resultado de relaciones internacionales injustas y desiguales.
  • La crisis del sistema económico internacional no es coyuntural, sino que constituye un síntoma de desajustes estructurales y de un desequilibrio que están en su propia naturaleza.
  • Esta crisis es el resultado de la persistente falta de equidad en las relaciones económicas internacionales.
  • La «autosustentación colectiva» entre los países en vías de desarrollo, se concibe no como algo siquiera parecido a la autarquía, sino como un factor de equilibrio en las relaciones internacionales.
  • El problema de la energía, solo puede ser examinado en su contexto histórico.
  • Las transnacionales trastornan la economía, violan la soberanía de los países en desarrollo, menoscaban los derechos de los pueblos a la libre determinación, interfieren los principios de no injerencia en los asuntos de los Estados.

Con respecto a la manera en que el Movimiento se propuso encarar ese complejo panorama, el Jefe de la Revolución explicó una de serie de acciones a mediano y largo plazo, que permitían llevar adelante la visión estratégica de no renunciar a la lucha en todos los ámbitos. Algunos de los enfoques de mayor significación fueron:

  • El primer objetivo fundamental de nuestra lucha consiste en reducir, hasta eliminarlo, el intercambio desigual. Hoy se cambia una hora de trabajo de los países desarrollados por 10 horas de trabajo de los países subdesarrollados. Hay que establecer una permanente correspondencia entre los precios que reciben los Países No Alineados por las exportaciones de sus productos y los de sus importaciones.
  • Debe eliminarse el “vicioso” proteccionismo reintroducido en la economía internacional, que amenaza con conducirnos nuevamente a una guerra económica nefasta.
  • La situación relacionada con la deuda externa es ya insostenible. Hay que establecer nuevos sistemas de financiamiento a largo plazo y con bajos intereses.
  • Una parte importante de los inmensos recursos que la humanidad hoy dilapida en la carrera armamentista tienen que ser dedicados al desarrollo.
  • Hay que levantar un nuevo sistema monetario internacional, que impida las fluctuaciones desastrosas que sufren las monedas que prevalecen en la economía internacional, en particular el dólar norteamericano.
  • El intercambio desigual, la inflación y el proteccionismo deben cesar.
  • El desequilibrio que existe en cuanto a la explotación de los recursos marinos, es abusivo, y debe ser abolido.
  • Los recursos financieros que reciben los países en desarrollo, son insuficientes por lo que deben experimentar aumento.
  • El sistema monetario internacional está en bancarrota y necesita con urgencia ser sustituido.
  • Las deudas de los países de menor desarrollo relativo y en situación desventajosa, son insoportables y no tienen solución y deben ser canceladas. La deuda de los países subdesarrollados es insoportable.
  • En este proceso, que implica contradicciones, lucha y negociaciones, los países No Alineados tienen que depender, en primer término, de sus propias decisiones y esfuerzos.
  • Hay que acometer los cambios estructurales necesarios de índole económica y social, considerando que es esta la única forma de eliminar la vulnerabilidad actual de nuestras economías y de convertir el simple crecimiento estadístico en un verdadero desarrollo.
  • Desarrollo es, principalmente, la atención al ser humano, que ha de ser el protagonista y el fin de cualquier esfuerzo por alcanzar esa condición.
  • La tarea de ayudarnos a salir del subdesarrollo es, pues, en primer término, una obligación histórica y moral de aquellos que se beneficiaron con el saqueo de nuestras riquezas y la explotación de nuestros hombres y mujeres durante décadas y siglos.
  • Hay que invertir no menos de 25 000 millones anuales en los países subdesarrollados. Esta ayuda debe ser en forma de donaciones y de créditos blandos a largo plazo y mínimo interés.
  • Si queremos paz, harán falta estos recursos. Si no hay recursos para el desarrollo no habrá paz.
  • La enorme responsabilidad de estudiar, organizar y distribuir esta suma de recursos debe corresponder enteramente a la Organización de las Naciones Unidas, sin que la cuantía de los donativos tenga nada que ver con el poder de voto para decidir la oportunidad de los préstamos y el destino de los fondos.
  • Aunque el flujo de recursos debe ser valorado en términos financieros, no debe consistir solo en ellos. También la asistencia de personal técnico y la formación de técnicos debe ser contabilizada como una contribución.
  • Hay que unir todas las fuerzas superando los antagonismos Norte-Sur y Este-Oeste.
  • No es una dádiva lo que estamos reclamando. Si no encontramos soluciones adecuadas, todos seremos víctimas de la catástrofe.

Como ocurrió inexorablemente desde el triunfo revolucionario, Fidel manifestó el propósito de contribuir en la medida de nuestras posibilidades, a la erradicación de estos problemas. Desde la prédica Martiana de que la mejor manera de decir es hacer, ratificó que podíamos enviar a donde se necesitase: “… miles o decenas de miles de técnicos: médicos, educadores, ingenieros agrónomos, ingenieros hidráulicos, ingenieros mecánicos, economistas, técnicos medios, obreros calificados, etcétera”. [2]

Sus palabras, cargadas de fuerza atronadora, mantuvieron en vilo al auditorio. En el epílogo arremetió nuevamente contra la irracionalidad vinculada con los gastos militares y la urgencia impostergable de dedicar esos recursos a la solución de dificultades perentorias que afectaban a las personas, de uno a otro confín.

“El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se puedan resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos y en el holocausto morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo (APLAUSOS).

“Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era. Esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además, la premisa indispensable de la supervivencia humana”. [3]

*El autor es Licenciado en Historia; Especialista en Defensa y Seguridad Nacional y Profesor Auxiliar del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana.

Notas, citas y referencias bibliográficas

[1] Para que tengamos una idea más exacta del número de asuntos abordados esta vez, diremos que, haciendo conteo computadorizado, en septiembre de 1960 la versión impresa de su alocución consta de 21 897 palabras; 232 párrafos; 1933 líneas y 133 896 caracteres con espacio, mientras que la de 1979 dispones de 11 626 palabras; 179 párrafos; 1139 líneas y 73 182 caracteres con espacio.

[2] Fidel Castro Ruz: “Discurso en la ONU”, 12 de octubre de 1979.

[3] Ídem.

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