Che: comandante del frente económico

Che: comandante del frente económico

Por Alina Martínez Triay y Felipa Suárez Ramos

Los integrantes del consejo de dirección del Ministerio de Industrias pensaban que el Che no asistiría a la reunión. Debido al ataque de Playa Girón se había trasladado a Pinar del Río como su jefe militar.

Orlando Borrego. Foto: Eddy Martin

La primera sorpresa de los presentes se produjo cuando a las ocho en punto de la mañana se abrió la puerta de corredera que daba acceso al salón y entró el comandante con ropa de campaña. Y la segunda sorpresa fue en el chequeo de acuerdos cuando se abordó el cumplimiento de las visitas a las fábricas.

Todos suponían que el Ministro no había podido hacer ninguna, pero este sacó un papel de cartucho con anotaciones, explicó que en camino a la reunión se llegó a la fábrica de cemento de Artemisa, y como no contó con una secretaria para pasar a máquina el informe, lo trajo manuscrito.

La anécdota forma parte de las vivencias de Orlando Borrego, quien la pone como ejemplo del sentido de responsabilidad y de disciplina de quien fue su jefe en la guerra de liberación, después en el Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agraria (Inra) y por último en el Ministerio de Industrias.

Che en el Ministerio de Industrias.

Una situación compleja que afrontó el Departamento de Industrialización en octubre de 1960 fue la nacionalización de las empresas, ¿cómo asumieron ese momento?

La forma en que se abordó ese hecho demostró la audacia y originalidad del Gobierno Revolucionario por una parte, y la disposición a asumir tareas de la juventud cubana a la que el Che calificó como la arcilla moldeable fundamental de nuestra obra.

Él me llamó por teléfono para que buscara a los administradores que deberían hacerse cargo de las industrias al día siguiente. Los compañeros del Departamento pensamos en los oficiales del Ejército Rebelde que se estaban formando como futuros administradores, pero su cantidad era insuficiente.

Entonces Fidel decidió nombrar al frente de las nuevas fábricas a los cerca de 200 jóvenes entre 15 y 20 años de edad, que estaban en proceso de preparación acelerada para enviarlos a Minas del Frío, donde pasarían un curso de maestros para apoyar la Campaña de Alfabetización, y así nos lo informó el Che. Su nombramiento sería provisional mientras se encontraran los administradores definitivos.

No olvido la emoción de aquellos muchachos cuando Fidel fue a verlos en la madrugada de ese mismo día para explicarles la misión y el entusiasmo con que la acogieron. Como no había tiempo para preparar resoluciones individuales, se elaboró una resolución tipo impresa en ditto que dejaba en blanco el espacio para poner el nombre del administrador y el de la fábrica.

Poco después se fueron sustituyendo por personas de más experiencia, sin embargo, varios de ellos permanecieron en sus cargos por la responsabilidad con que los asumieron a pesar de su corta edad. Con los años, la mayoría adquirió una sólida preparación y desempeñaron tareas en la administración revolucionaria.

¿Podría mencionar algunos métodos de trabajo promovidos por el Che como dirigente de la industria en Cuba?

Aplicaba diversos mecanismos con la mayor exigencia y regularidad. Presidía las reuniones de control semanal con los principales directores de empresas donde se analizaban los costos, el surtido de producción, la calidad y los compromisos de entrega a las comercializadoras.

En los balances anuales los directores de empresas tenían que responder junto a su equipo de dirección por el trabajo realizado en ese período, y evaluar a sus subordinados.

Dicho análisis se convertía en una radiografía del lugar. Cuando se efectuaban en las provincias participaban como invitadas las autoridades locales y las organizaciones políticas, con el fin de que cualquiera de los presentes pudiera opinar sobre la gestión industrial a nivel territorial.

Los consejos bimestrales del Ministerio tenían el propósito de abordar cuestiones conceptuales, de manera que el trabajo operativo y rutinario no le hiciera perder a los cuadros la visión a largo plazo de asuntos de relevancia como los sistemas de estimulación, la moral de los dirigentes, los principios sobre los que debía sustentarse el sistema salarial, entre otros; y las visitas a las fábricas respondían al objetivo trazado por el Che de que los dirigentes no se aislaran de la base, conocieran lo que estaba sucediendo en cada colectivo laboral.

De lo observado en estas había que presentar un informe detallado con recomendaciones y en los consejos de dirección del Ministerio se llevaba un control de su cumplimiento que incluía al propio Che.

Uno de sus logros como Ministro de Industrias fue el programa que desplegó para la capacitación de dirigentes y trabajadores

Encabezó una verdadera revolución educativa y formadora en el sector industrial en cooperación con el Ministerio de Educación y otras entidades docentes.

Uno de los primeros frutos del programa de capacitación en la industria fue la escuela de administradores para las empresas socialistas. Hay que decir que en esta tarea como en muchas otras el propio Che se convirtió en ejemplo.

Fue el primero en estudiar todo lo fundamental acerca de los antecedentes y evolución de las técnicas de dirección, y extendió sus conocimientos a otros campos como la contabilidad, las matemáticas y hasta estudió programación lineal.

Consideraba preciso introducir en la contabilidad los adelantos tecnológicos del capitalismo. Fijó su atención en los sistemas de computación electrónica, sus potencialidades y la adquisición e instalación de la primera unidad computacional en Cuba.

¿Qué papel le concedía a la planificación?

El Che además de sus funciones como ministro atendía por encargo del Gobierno la Junta Central de Planificación, lo que le daba una visión global acerca de las necesidades y los recursos con que se contaba en el país para ese fin.

En el primer seminario sobre el tema impartido a todos los funcionarios del Ministerio realizado en 1961, tuvo a su cargo una conferencia en la que dividió el calendario de elaboración del plan en tres partes: la primera cuando se discutían con los trabajadores las cifras iniciales y ellos elevaban su contrapropuesta, la segunda cuando se hacían los ajustes en los organismos superiores y bajaban en forma de plan con metas a cumplir, y la tercera el control del plan.

Concluidas las dos primeras etapas el plan se convertía en ley de la nación. Cada trabajador debía estar informado acerca de la marcha del plan no de manera pasiva sino para actuar y aportar sus conocimientos y esfuerzos para su materialización, y corregir cualquier desviación.

Uno de los problemas más sensibles era el plan de abastecimiento, ya que dado el bloqueo de Estados Unidos los suministros debían ser adquiridos en países lejanos, por eso el ahorro de recursos importados era una premisa esencial, y debido a esto Che le prestó especial atención a las normas de consumo material.

La eficiencia, en su concepto, se lograba produciendo la cantidad necesaria, con la variedad requerida, la mayor calidad y el más bajo costo posible. En este último ponía particular énfasis porque en él se resumía todo el gasto social.

¿Cómo valora usted al Che dirigente administrativo?

Lo recuerdo como un gran jefe y compañero, no un hombre duro como algunos señalan, pero tampoco alguien que se amoldara a los criterios de los demás sin un análisis crítico, un líder que sabía llevar adelante con eficiencia y profesionalidad las tareas, afable con sus subordinados.

A mí por ejemplo, me decía cariñosamente Vinagreta, por la forma como yo respondía en ocasiones con firmeza y con el mayor respeto. Siempre manifestó una gran preocupación por la calidad de los cuadros de dirección a los que exigía lealtad revolucionaria, honradez a toda prueba, austeridad, capacidad de trabajo y ética revolucionaria, cualidades que él predicaba con su ejemplo.

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