Kaliema: el bronce del honor

Kaliema: el bronce del honor

Budapest.— Dos días después de haber ganado el bronce mundial en los 78 kilogramos, Kaliema Antomarchi sigue imperturbable, risueña y no dada a las entrevistas. Pero ahora le toca por derecho. Ser la única medallista de Cuba en esta XXXV edición es una historia que comenzó con siete años en el gimnasio Hiroshima, de Santiago de Cuba, adonde siempre regresa cada vez que el judo y las amistades les dejan tiempo.

Después de tres incursiones anteriores en lides del orbe (2009-7ma, 2011- perdió en su primera pelea, 2013-5ta), la más experimentada de la selección femenina que compitió ahora en la capital húngara no esconde que el 1 de septiembre del 2017 será el día más feliz de su vida, porque “demostré que no estaba acabada y me hizo cambiar muchas cosas, incluida un posible retiro”.

“Ese día me sentí como nunca. Gané cuatro combates, tres de ellos por ippón y perdí solo con japonesa campeona mundial del 2015.  Solo pensé cuando se acabó el combate por el bronce: ¡al fin llegó la medalla! Y por supuesto, recordé a mamá y a mi novio, que tanto me apoyaron para llegar hasta aquí”, comentó.

A pesar de que el sueño de su abuela era ver a su nieta doctora, Kaliema inició la práctica del judo más por evitar clases vespertinas que por gustarle la disciplina. Había intentado antes en el kárate, baloncesto y balonmano, aunque solo sobre el tatami pudo ser campeona de los Juegos Escolares tres veces, hasta que la captaron con 15 años para el equipo nacional en La Habana.

“Empecé en la división de los 70 kilogramos y era la última de esa división. Fui mejorando y llegué a ser segunda figura, pero después me pasaron a 78, donde Yalennis Castillo reinaba. Esa rivalidad me ayudó mucho porque siempre es bueno tener una atleta que te hale y motive. Parte de este bronce se lo debo a ella porque quizás no me hubiese enfocado ni esforzado tanto todos estos años”, señaló.

Sobre la importancia de este tercer lugar reiteró: “Ahora es como una nueva oportunidad que me ha dado el deporte. Es muy difícil para una atleta esforzarse y solo sufrir derrotas. Hoy estoy motivada para una medalla olímpica en Tokío”.

Admiradora de la multicampeona y actual entrenador, Driulis González, la santiaguera dedicó un aparte sus preparadores desde la base: “Me han venido a la mente muchos, desde mi entrenadora Rosario, que iba a buscarme a la escuela y le pedía permiso a mi abuela para entrenar, hasta Rafael Rubio, de la EIDE, que fue como un padre para mí, y al profesor Juan Ferrer Lahera, en la categoría juvenil”.

“Tampoco olvido al colectivo que dirige el profesor Félix Portuondo, a Sibelis Veranes, a Julio Alderete y Yordanis Arencibia, estos últimos del equipo masculino que siempre me dieron consejos y apoyaron mucho el trabajo desde que llegamos a la base de entrenamiento en Hungría”, argumentó la Licenciada en Cultura Física de 29 años, amante del baile, el helado y las pizzas.

El bronce de Kaliema podrá tener muchos recuerdos, como el segundo combate de casi nueve minutos contra la judoca local Abigel Erdelyi o el wazari final ante la japonesa Ruika Sato. Sin embargo, lo más importante es que honró a Cuba y a su selección femenina, medallista desde1989 en lides universales.

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