El Acusador: instrumento de lucha y de combates

El Acusador: instrumento de lucha y de combates

Periódico El Acusador
Periódico El Acusador
Publicada: 16/08/2002
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El ultraje a la Constitución, encabezado por el mayor general Fulgencio Batista Zaldívar mediante el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, provocó la inconformidad del pueblo y motivó que muchos jóvenes buscaran la forma de hacer público aquel estado de ánimo.

A solo cuatro días del hecho castrense, el joven abogado Fidel Castro Ruz escribió el artículo ¡Revolución no, zarpazo!, el cual vio la luz meses más tarde en El Acusador.

¿Cómo surgió ese periódico clandestino en el que Fidel, quien ya lideraba a un nutrido grupo de jóvenes  empeñados en restituir el estado de derecho en la nación, pudo mostrar su repudio al régimen de facto?

Son los Mismos: el precursor

En abril de 1952, a poco más de un mes del asalto militar, fue publicado el primer número de Son los mismos, periódico o boletín dirigido por Raúl Gómez García y Abel Santamaría como subdirector. Su primera edición, confeccionada junto con Jesús Montané, fue de 500 ejemplares y se imprimió en mimeógrafo en un pequeño cuarto de la casa de Raúl, marcada con el número 8 en la calle Juan Bruno Zayas, en la barriada habanera de Santos Suárez.

En la clandestina labor colaboraron Melba Hernández, Haydée Santamaría, Elda Pérez  y Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, incorporado posteriormente. Gómez García firmaba sus artículos con el seudónimo de El Ciudadano, mientras Montané lo hacía con el de Canino, en Incisivas; y Abel, como El Bichote, en Puntillitas.

Fueron publicados ocho números, varios de los cuales  se imprimieron en ese lugar, y el resto en la casa de Elda Pérez, en la calle A  No. 776, en El Vedado; para entonces guardaban el mimeógrafo en el bar Detroit, en la calle 25, adonde con frecuencia acudía el grupo.

En el el periódico  se abordaban cuestiones demostrativas de la impunidad con que actuaban los gobernantes,  a las cuales la prensa nacional no prestaba la más mínima atención. En sus artículos, los autores, quienes se ocupaban también del proceso productivo y costeaban todos los gastos, patentizaban su inconformidad en relación con la situación imperante en la nación y la posición adoptada por los líderes de la ortodoxia.

De esa forma dotaron a Son los Mismos de un espíritu de unidad  y defensa de las bases más puras de la organización fundada por Eduardo Chibás, el líder dramáticamente desaparecido hacía poco menos de un año.

Los editoriales estaban a cargo de  Raúl Gómez García, quien al argumentar el por qué del nombre, en el segundo número, fechado el 20 de mayo, explicó:

Estos hombres de hoy SON LOS MISMOS que tiraron contra sus compatriotas en la manigua. SON LOS MISMOS que apoyaban la contemporización con España en una Autonomía estúpida. SON LOS MISMOS que nos quisieron vender al oro americano. SON LOS MISMOS que han saqueado la República a través de 50 años. SON LOS MISMOS que nos sometieron  a la más  horrible de las tiranías y a la más despótica dictadura (…) Sí, estos SON LOS MISMOS. Ellos pertenecen a una clase de HOMBRES: los que odian y deshacen. Mientras para ellos Cuba sea pedestal y no ara; prebenda y no servicio; la tarea de la Patria está incompleta y los hombres honrados han de juntarse para completarla (…) VIVA LA REPÚBLICA..! Pero VIVA sin los que la han vendido, robado y traicionado.

A partir del 1.º de mayo de ese año, cuando Fidel Castro Ruz y Abel Santamaría se conocieron en el cementerio de Colón, en un acto en homenaje al obrero Carlos Rodríguez, asesinado por la policía  en el anterior mes de septiembre, cuando reprimía una huelga. Fidel se incorporó de inmediato a aquel grupo revolucionario, del cual no tardó en convertirse en líder, y se entusiasmó  con la publicación del boletín, cuyo nombre sugirió cambiar por el de El Acusador, por considerarlo más combativo.

Su propuesta fue aceptada, pero durante dos meses ambos salían porque, según testimonio de Jesús Montané, publicado en la revista Bohemia en abril de 1999, sus fundadores no  lograban “entender la necesidad de concentrar los esfuerzos en una sola publicación, y continuaron editándolo por su cuenta”.

El Acusador

Su primer número, vio la luz el 1.º  junio:  “Para acusar: A los ladrones del tesoro, a los asesinos del pueblo, a los que hambrean y esquilman a los niños pobres cubanos, a los que atropellan a gente indefensa, a los que traicionan y manchan la República”, con Raúl Gómez García como director y Fidel, como orientador ideológico.

Al colectivo de redactores, integrado por los de Son los Mismos, se sumaron Joaquín González, Juan Manuel Martínez Tinguao (don Tin);  Fidel, quien firmaba sus artículos con su segundo nombre, Alejandro, y otros compañeros.  Entre los sitios donde era editado figuraban el hogar de de Lidia Castro y  el de Joaquín González.

A fines de julio salió el octavo y último número de Son los Mismos, y a partir de entonces todos los esfuerzos se dirigieron a la publicación de El Acusador, para el cual prepararon una tirada especial en homenaje a Eduardo Chibás en el primer aniversario de su trágica muerte. En esa ocasión, un editorial escrito por Gómez García, señalaba:

Hoy es un día inolvidable. Hace un año que un pueblo entero, llorando lágrimas de Patria, llevó a la tumba a un hombre  que fue eco de su generación. Un hombre excepcional, cuyo nombre  está enmarcado junto a los grandes de la Historia, cuya voz está latente aún en el corazón de cada cubano.  (…)

La huella de Fidel en El Acusador

Dos de los trabajos publicados por Fidel en este periódico fueron Yo acuso,  y Recuento crítico del PPC.

En Yo acuso, al señalar todas las violaciones cometidas por Batista desde su asalto al poder, le decía: “ (…) los perros que lamen tus llagas diariamente  no lograrán jamás ocultar los fétidos olores que salen de ellas. Tu vida, tu pasado, tu presente, tus mentiras, te pierden irremisiblemente”, y que frente a él  a Cuba le queda  “(…) un solo camino: el sacrificio, la inmolación en aras de sus amadas libertades”.

En cuanto a Recuento Crítico del PPC, criticaba en él las pugnas surgidas en ese partido tras la desaparición física de su líder, y fue enérgico al indicar:

El momento es revolucionario y no político. La política es la consagración del oportunismo, de los que tienen medios y recursos. La revolución abre paso al mérito verdadero, a los que tienen valor e ideal sincero, a los que exponen el pecho descubierto y toman de la mano el estandarte. A un partido revolucionario debe corresponder una dirigencia revolucionaria y de origen popular que salve a Cuba.

Debido a una delación, el 16 de agosto de 1952, día en que salió al público la edición dedicada a Chibás, casi la mitad de los diez mil ejemplares fue incautada por agentes del régimen, y detenidos Raúl Gómez García, Abel Santamaría, Jesús Montané, Melba Hernández, Elda Pérez, y Juan Manuel Martínez Tinguao, entre otros de sus realizadores, quienes fueron llevados a juicio, con excepción de Melba y Elda.

Imposible resultaba ya retomar la publicación, pero el movimiento revolucionario ganaba fuerza, a él se sumaban cada día nuevos adeptos, y no tardaría en mostrar, en la práctica, el camino a seguir: los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953, no dejaron lugar a dudas.

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