La pesa y nuestros pesos

La pesa y nuestros pesos

Una simple mirada a la difícil situación por la que atraviesan los equipos de medición en el comercio minorista en el país pone en duda aquello de que el cliente siempre tiene la razón. Es más, me atrevería a afirmar lo contrario.

El pasado año Trabajadores informó que los equipos de medición en el comercio constituían un viejo mal necesitado de soluciones nuevas, pero hoy el problema se mantiene con similar virulencia, y las posibles soluciones —salvo muy raras excepciones— distan de contribuir a la eliminación del escarnio que sufre la población en la comercialización minorista. Dadas las incongruencias en la aplicación del Sistema Internacional de Unidades en la comercialización, desde hace mucho tiempo el pesaje puede ser en libras o kilogramos, lo mismo en litros que por botella, en jarros, cubos, o se emplea cualquier otro tipo de envase. Y lo peor: el método casi siempre va en favor del vendedor.

En el 2016 el 25 % de esos equipos estaban rotos y el 40 % sin certificar, pero en esta ocasión, durante el análisis que al respecto realizó recientemente el Parlamento nacional, Mary Blanca Ortega Barredo, ministra del Comercio Interior, aseguró al explicar el programa puesto en marcha respecto a los medios de medición, que poco más del 80 % de los equipos que funcionan están verificados y el 77 % aptos para el uso.

A pesar de los números, la realidad frente al mostrador pone en tela de juicio dos cosas fundamentales: la certeza de las mediciones y la buena fe del vendedor, aunque a decir verdad nos parece atinada la decisión de no inaugurar ninguna unidad comercializadora que no tenga los medios de medición adecuados.

Los desmanes, adulteraciones, robos, disgustos y otras violaciones que sufre la población al enfrentarse a la realidad que gira en torno a esos instrumentos, constituye un mal profundamente enraizado y que exige la más inmediata solución por parte de los organismos encargados, de ahí la importancia del análisis de los diputados de la Comisión de Atención a los Servicios de la Asamblea Nacional.

La titular del MINCIN informó también que desde el 2015 se debieron sustituir más de 20 mil equipos y solo se logró el 19,7 %, con mayor afectación en los de 15 kilogramos —los de más uso—, y que se manifiestan incumplimientos de los servicios de calibración y mantenimiento.

La difícil problemática que acusan los medios de medición pasa también por la industria, la cual, al decir de Ortega Barredo, no responde a la demanda del MINCIN, aunque el 94 % de lo fabricado nacionalmente es dirigido a este organismo.

Ciertamente es evidente la falta de una cultura y una capacitación que tributen al más estricto pesaje, pero ello serviría de muy poco si la ley no se aplica ante las transgresiones o si se compran equipos y luego no se les da el mantenimiento necesario.

“De todo en la viña del señor”, dijo un diputado, y alguien, a mi lado, resumió el asunto: “Si la pesa siempre está a favor del vendedor, y a veces hasta la rompe para su beneficio, si los inspectores no cumplen su función, si no hay fiscalización ni control de los jefes administrativos, entonces, ¿adónde vamos a parar?”.

Un comentario en La pesa y nuestros pesos

  1. Este tema es muy polémico, se ha analizado a todos los niveles, pero la violación sigue, cuando no es por la pesa no está correcta, es por la falta de honestidad del vendedor, o porque en cada bodega o mercado no puede estar un inspector, pero los inspectores también son vulnerables, la cosa es que la gallina grano a grano se llena el buche y siempre a favor del que vende. Los que venden dicen que tienen que vivir y los que compran son estafados. Este mal no lo resuelve nadie y pasa en cualquier estado del mundo. Casi siempre surge con la pobreza, el descontrol, etecccc.
    Es una lástima que esto esté vigente, nuestro pueblo trabajador es el que sufre.

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