Finlay tenía razón

Finlay tenía razón

La lucha antivectorial es la medida más efectiva para evitar epidemias, asevera José Ángel Portal Miranda, viceministro primero de Salud Pública. Foto: Heriberto González Brito
La lucha antivectorial es la medida más efectiva para evitar epidemias, asevera José Ángel Portal Miranda, viceministro primero de Salud Pública. Foto: Heriberto González Brito

 

Carlos J. Finlay no es ajeno a ninguna generación de cubanos. Desde los primeros grados de la enseñanza recibimos información y asimismo se pide ampliarla en trabajos investigativos. En tiempo tan lejano como el 1898 el eminente científico llamó a declarar la guerra sin tregua al mosquito Aedes aegypti. Una convocatoria con total actualidad, a 119 años de promovida.

¿Tenemos todos la elemental percepción de lo que significan esos insectos cohabitando en campos y ciudades, o peor, dentro de las casas y en centros de trabajo?

Ya está pronta a finalizar la etapa intensiva iniciada el 29 de mayo contra el mosquito y sus criaderos potenciales, que siguen siendo un gran riesgo dado que las condiciones ambientales son caldo de cultivo para su proliferación. La solución no está en “aplaudirlos” cuando vuelan ante nuestros ojos, ni habituarnos a oír hablar de ellos como de un familiar cercano y mucho menos permanecer impávidos por las noticias de la presencia del dengue.

Cuando comentamos al respecto con algunos expertos aseguraban que esas conductas evidencian confianza en la existencia y efectividad del sistema nacional de salud, aunque nosotros agregamos que ahí también radica la mayor alarma, en tanto no se despliega la misma energía ante el riesgo, localizado mayormente dentro de la vivienda y en especial, en los reservorios de agua.

Es donde más focos se encuentran, el 83 % del total, según recalcó hace unos días Roberto Morales Ojeda, ministro de Salud Pública (MINSAP), al intervenir ante los diputados de dos comisiones permanentes del Parlamento durante el análisis de la situación epidemiológica en la nación, que al cierre del semestre mostró un comportamiento favorable en relación con otras etapas.

Respecto al virus del zika precisó que se reportan casos en localidades de Guantánamo, Holguín, Cienfuegos y La Habana, si bien han decidido extender la etapa intensiva más allá de mediados de julio en esas provincias, que incluye a Santiago de Cuba y 17 municipios.

Igualmente se reafirmó la importancia de la integralidad de las acciones intersectoriales y la decisiva participación comunitaria, pero esta última sigue siendo un talón de Aquiles en varios territorios, y un ejemplo está en la imposición de más de 30 mil multas por concepto de propagación de epidemias.

Nadie debe arriesgar su vida ni la de su familia. No por gusto los refranes han pasado de generación en generación y lo de las tantas veces ir el cántaro a la fuente es cosa muy seria. Tampoco nadie escarmienta por cabeza ajena, pero sí debemos, al menos, darle herramientas para que evalúe y actúe en consecuencia. La siguiente entrevista es una de ellas.

Acabar con el villano

“No hay tratamientos específicos para estas enfermedades, por lo tanto la mejor forma de prevenirlas sigue siendo la eliminación o reducción de infestación del mosquito del género Aedes y la protección frente a sus picaduras”.

Luego de esta afirmación de José Ángel Portal Miranda, viceministro primero del MINSAP, no caben dudas de la tamaña responsabilidad y empresa que concierne a la sociedad cubana para evitar una epidemia por los males que propaga el vector con apellidos de abolengo: aegypti y albopictus.

Reconoce que Cuba es el único país con un programa antivectorial bien estructurado, lo cual fue determinante para enfrentar hacia lo interno, la compleja situación epidemiológica generada en las Américas en el 2016, debido a la circulación de varios virus difundidos por esos insectos que ocasionan el dengue, la fiebre amarilla, el chikungunya y el zika.

El dengue es la enfermedad transmitida por vectores de más rápida extensión. Su incidencia creció en más de 30 veces en los últimos 50 años. Foto: Heriberto González Brito
El dengue es la enfermedad transmitida por vectores de más rápida extensión. Su incidencia creció en más de 30 veces en los últimos 50 años. Foto: Heriberto González Brito

En aquel momento —recuerda—, el potencial desarrollado en la salud pública y la prioridad política y económica, que una vez más prestaron el Gobierno y el Estado, llevaron a planos inéditos una ofensiva campal para reducir al mínimo la infestación y concientizar a la población de su papel decisivo en la prevención y la sostenibilidad de las acciones en nuestro archipiélago, donde en el año precedente fueron reportados casos importados de pacientes con zika y de transmisión autóctona en varias provincias.

“Descubierta en el bosque homónimo, en Uganda, en 1947, desde entonces circuló principalmente en África y ha generado brotes pequeños y esporádicos en Asia. En dos años, a partir del 2014, su difusión fue rápida en América, región donde en la actualidad 39 naciones acreditan ese tipo de propagación”.

Las autoridades sanitarias cubanas insisten no solo en el zika y el chikungunya.

Cierto. No podemos soslayar el dengue, endémico en 128 países, incluidos casi todos los de la zona de las Américas. En el 2015 se reportaron más de 2 millones de pacientes aquejados por esta, la enfermedad transmitida por vectores de más rápida extensión. Su incidencia creció en más de 30 veces en los últimos 50 años.

Lo más peligroso es que en esta región se encuentran los cuatro serotipos. El dengue puede causar casos graves y la muerte en individuos que ya sufrieron la infección.

Constituye la más virulenta de todas estas arbovirosis o enfermedades, en tanto es la que más complicaciones y mortalidad produce, sin distingo de edades; aunque generalmente recae en los jóvenes, sobre todo cuando han estado expuestos al virus en más de una ocasión. Es oportuno recalcar que ninguna persona puede asegurar que no lo ha tenido, pues muchas veces transcurre de forma asintomática. En el propio caso del zika se habla ya de que entre un 70 y un 90 % de las personas que lo padecen no se dan cuenta de que lo contrajeron. Lo mismo pasa con las otras arbovirosis.

Además de las acciones internas, el país ha fortalecido las medidas de control sanitario internacional y de vigilancia epidemiológica en puntos de entrada al territorio nacional.

¿Con qué medios cuenta Cuba para llevar a cabo este programa?

Junto a la preparación de los profesionales y personal de la salud en el manejo de estas enfermedades, en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK) se garantiza el diagnóstico de los posibles casos de dengue, chikungunya, fiebre amarilla y zika. Resulta centro de referencia para las Organizaciones Panamericana y Mundial de la Salud (OPS/ OMS) en el estudio de virus, de manera que nos mantenemos actualizados sobre lo que ocurre a escala global y de los adelantos que se van incorporando al control de insectos.

Cuba ha sido sede de reuniones con ese tema y sus especialistas participan en los grupos y en las reuniones coordinadas por la OPS y la OMS; durante las cuales nuestros profesionales comunican sus experiencias, pues se conoce su ayuda en el control de vectores en naciones africanas y en la región, además, hay solicitudes para que esa colaboración se extienda en las Américas y el Caribe.

En este escenario bien complejo, ¿qué pasos ha dado Cuba?

Aunque en diciembre del 2015 emitimos una alerta epidemiológica enunciando los principales elementos para la vigilancia, prevención y control del zika, la responsabilidad de todos para evitar su propagación en el país quedó clara con el llamamiento del General de Ejército Raúl Castro Ruz a la población, el 22 de febrero del 2016, fecha que marcó el inicio de un plan de acción nacional dirigido a eliminar el agente transmisor, lo cual está contenido en el programa 2017–2021.

Aun cuando los indicadores de control vectorial y de transmisión son favorables, las condiciones de riesgo interno y el contexto regional no garantizan la sostenibilidad. El peligro potencial existe si tenemos en cuenta que se unen la persistencia de condiciones medioambientales desfavorables en cuanto al saneamiento y por las elevadas temperaturas y humedad relativa, así como la falta de calidad en la labor técnica. A ello se agrega que no contamos con la colaboración necesaria de toda la comunidad, un eslabón decisivo a fin de que sean efectivos los millonarios recursos que destina y seguirá invirtiendo el Estado para mantener la salud del pueblo.

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