Cuestiones no liquidadas

Cuestiones no liquidadas

Uno de los aspectos que más me llamó la atención en las recientes sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular fue el debate que suscitó el informe de Liquidación del Presupuesto del 2016.

La inusual discusión sobre un punto que en otros períodos ordinarios solía pasar casi como puro trámite constituye otra señal alentadora sobre de qué modo empieza a calar en los hechos y las conciencias el vínculo entre los resultados económicos concretos y la administración de los recursos financieros.

No obstante, el propio contenido del intercambio reveló que todavía en ese terreno hay problemas más difíciles de liquidar que la Liquidación presupuestaria anual.

Al respecto, los diputados intervinieron para referirse a temas como la disciplina fiscal, el control de los inventarios —que superaron los 23 mil millones de pesos al cierre del 2016— y el uso racional y efectivo de los recursos materiales y financieros.

Mucha tela por donde cortar habría incluso tras la garantía financiera para los servicios sociales básicos, en particular la mejor gestión y control de ese 50 % de los gastos corrientes de la actividad presupuestada se emplean en salud, educación y asistencia social.

Pero pongamos como ejemplo la principal arista que salió a relucir ante el Parlamento: la situación de las empresas con pérdidas al cierre del pasado año, y las actuales dificultades en el acopio y procesamiento de frutales en algunas provincias orientales.

Aunque estos son asuntos de vieja data, quizás ahora con menos peso relativo en cuanto a frecuencia, todavía sus manifestaciones evidencian una regularidad o reiteración que apuntan hacia deficiencias estructurales, y no de una simple coyuntura.

No es una coincidencia que el sistema empresarial de la Agricultura concentre el 67 % de las entidades que terminaron con pérdida el año anterior; ni que, con su derecho, una diputada santiaguera exigiera al ministro del ramo respuesta sobre este asunto.

La constante revisión de estructuras que desde hace bastantes años acomete la Agricultura, incluyendo la extinción y fusión de empresas irrentables, aún no consigue solucionar todos los problemas de fondo en ese sector estratégico, el cual fue, sin embargo, uno de los que impactó de forma positiva en el modesto 1,1 % de crecimiento del producto interno bruto durante el primer semestre del 2017.

No obstante, allí hay deficiencias de muy diversa índole que podrían requerir mucho más que la búsqueda de posibles soluciones financieras a las que hizo referencia el titular de la Agricultura, para intentar reactivar aquellas empresas con pérdidas reiteradas cuyas producciones son vitales para la población.

En cuanto a la actual situación de la pérdida de frutas como el mango en algunos territorios orientales, fue alentador conocer sobre el crecimiento de la siembra de frutales en el país, con más de 200 cooperativas especializadas en estas producciones, a las cuales se dedican ya más de 14 mil hectáreas. Pero la evidencia de que ese ritmo de crecimiento en la producción no se corresponde con la capacidad industrial para su procesamiento, apunta hacia otra incongruencia que requiere planificación e inversiones.

Porque tampoco son nuevos en Cuba estos picos de cosecha de frutas, ni la situación de tensión en las fábricas procesadoras a que hizo mención la ministra de la Industria Alimentaria, en particular por la falta de envases cuya entrega por la rama metalúrgica solo alcanzó esta vez el 54 % de la demanda planificada.

Es evidente entonces que la alternativa de emplear bidones y cubetas para almacenar las pulpas frutales, como explicó el ministro de Industrias, no consigue satisfacer una demanda de envases y embalajes que se triplicó desde el 2014 hasta la fecha.

Hacen falta proyecciones más integrales que nos protejan de tales “sorpresas” anuales durante las breves e intensas “zafras” frutícolas, las cuales pagan los productores con la pérdida de sus cosechas; y la población, con menos comida, formatos de envases grandes a mayor precio, o distribución a granel de menor calidad.

Sacar a la luz y apuntar la urgencia de solucionar tales entuertos económicos a partir del informe sobre Liquidación del Presupuesto del 2016, indica que ya el análisis no queda únicamente en el plano informativo de contentarnos con saber que hubo un déficit de 6,8 % del producto interno bruto, por debajo del 7,1 % planificado.

La tensa situación que caracterizó al pasado año, por las restricciones en la disponibilidad de divisas y de combustible, la caída de exportaciones y los efectos del bloqueo del Gobierno de los Estados Unidos, no debe impedir que busquemos también las causales internas de las insuficiencias económicas, para no repetirlas, o al menos, empezar a actuar para resolverlas.

Un comentario en Cuestiones no liquidadas

  1. Este articulo no dice NADA, típico de la prensa que tenemos, solo mueve la “paja”, no va a la esencia de este problema que es crónico y reiterativo en nuestro País, ni da solución alguna, la “muela bizca”
    “Hacen falta proyecciones más integrales que nos protejan de tales “sorpresas” anuales…..”
    Que proyecciones integrales?
    Por supuesto sin faltar el “triunfalismo” como cuando escribe:
    “fue alentador conocer sobre el crecimiento de la siembra de frutales en el país, con más de 200 cooperativas especializadas en estas producciones, a las cuales se dedican ya más de 14 mil hectáreas.”

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