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Escuela para asmáticos

Las orientaciones de la escuela tienen continuidad en las consultas. Foto: René Pérez Massola

 

Por estos días la Escuela para niños y adolescentes asmáticos, sus padres y maestros, que funciona en el capitalino Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez, arriba a su vigésimo aniversario.

En diálogo con las doctoras Dania Fabré Ortiz, especialista de II grado en Alergología y Profesora Consultante de Pediatría, y Juana María Rodríguez Cutting, especialista de II grado en Pediatría, Profesora Consultante y Máster en Enfermedades Infecciosas, conocimos que el propósito de la escuela es educar a los pacientes sobre la enfermedad y crearles los hábitos y habilidades para su manejo y control.

Inicialmente se incluyó a los enfermos y sus familiares, después se incorporó a los profesores de Educación Física, ya que esta es muy importante para mejorar las condiciones físicas que permiten afrontar mejor el asma; sin embargo, existen temores en la familia y preocupación por parte de los profesores de que el alumno presente síntomas durante la práctica del ejercicio.

La escuela funciona dos veces al año, en períodos vacacionales o de receso docente, y sus orientaciones tienen seguimiento en las consultas.

El asma, explica la doctora Dania, está conceptualizada como una enfermedad inflamatoria crónica del pulmón, que a la luz de los conocimientos actuales no es curable, pero sí se puede controlar durante largos períodos, lo cual resulta complejo porque se trata de una afección multifactorial.

Por ello la escuela se apoya en un colectivo de especialistas en alergología, psicología, pediatría, fisiatría y medicina tradicional, fundamentalmente.

La doctora Dania Fabré explica que la escuela tiene como propósito educar a los pacientes sobre la enfermedad, y crearles hábitos y habilidades para su manejo y control, orientaciones que se les
ofrecen también a los familiares y a los profesores de Educación Física.. Foto: René Pérez Massola

 

Cada disciplina se encarga, con el apoyo de maquetas, videos o materiales impresos, de explicar de forma didáctica y sencilla las características de la enfermedad, qué la produce o desencadena, el modo de espaciar las crisis para garantizar que el enfermo y quienes lo rodean tengan una adecuada calidad de vida y en qué momento es ineludible acudir al hospital en busca de ayuda de emergencia.

Explican lo que no se ve pero ocurre dentro de los pulmones durante un ataque de asma: el bronquio se inflama, se contrae y produce flemas, las vías aéreas reducen su calibre provocando la dificultad para inspirar y fundamentalmente, botar el aire o espirar. Esto da lugar al ruido conocido como sibilancia, que se descubre al auscultar al paciente, pero a veces es audible sin estetóscopo.

Se enseñan los principios de la fisioterapia respiratoria y los ejercicios para mejorar la función pulmonar, lo cual permite enfrentar la crisis de manera más exitosa.

Los especialistas ayudan asimismo a identificar los factores emocionales que están presentes en niños, adolescentes y familiares, como son el temor y la alteración del paciente cuando se le presenta una crisis, el comportamiento de los padres que varía desde ponerse nerviosos, adoptar actitudes sobreprotectoras, regañar al niño o adolescente porque no lleva adecuadamente el tratamiento, en ocasiones restarle importancia al hecho, o tener sentimientos de culpa relacionados con la afección de su hijo. Tales cuestiones ocupan la atención del psicólogo que además enseña ejercicios de relajación.

El especialista en medicina natural y tradicional recomienda fármacos naturales de producción nacional útiles por su efecto broncodilatador o fluidificante de las secreciones, y también aplica masajes y utiliza puntos acupunturales para resolver las crisis.

El pediatra, junto con el alergólogo, enseña para qué sirven los medicamentos que habitualmente usa el enfermo, por ejemplo, que hay sprays broncodilatadores y antinflamatorios y la forma correcta de utilizarlos para que tengan el efecto deseado.

Entrenan en el reconocimiento de los signos y síntomas de la crisis y su empeoramiento. De esto último son señales el llamado tiraje que se aprecia por el hundimiento del espacio situado por encima de la clavícula y el esternón, entre las costillas y por debajo de estas, por contracción de los músculos ubicados a nivel del tórax. Otro signo alarmante es el cambio de coloración de la piel que puede ir de la palidez a la coloración azulada o morada llamada cianosis, lo que requiere inmediata atención hospitalaria.

La escuela enfatiza en la importancia que tiene el acto de la respiración, ya que se puede estar tiempo sin comer, un poco menos sin beber agua, pero solo minutos sin tomar aire por la necesidad del oxígeno, vital para la vida.

La doctora Juana María Rodríguez muestra una de las maquetas empleadas en la escuela para explicar qué ocurre dentro de los pulmones durante una crisis de asma. Foto: René Pérez Massola

 

Los especialistas ayudan a descubrir las causas de la enfermedad, como son los alergenos, sustancias que se aspiran, toman o tocan y causan reacciones a personas sensibles a ellos; como los ácaros del polvo doméstico, fundamentalmente, los hongos, plumas y pelos de animales, alimentos, medicamentos, por mencionar algunos; y otros factores de riesgo como los irritantes primarios, el humo del cigarro, perfumes, los vapores de gasolina, keroseno, los diluentes, pinturas, etc. Influyen además los cambios de tiempo tan comunes en nuestro país.

Precisa la doctora Fabré que en evaluaciones del impacto de la escuela se constató la reducción de las crisis en los enfermos durante el año, menos ingresos hospitalarios, disminución del uso de medicamentos, mayor asistencia de los pacientes a las aulas y de los padres y familiares al trabajo, lo que ha implicado una reducción de los gastos para la familia y el sistema de salud.

En el año 2000 la escuela obtuvo el premio de innovación en el Fórum Nacional de Ciencia y Técnica. En esta se han adiestrado especialistas de otros hospitales de la capital y de varias provincias.