En Miami, todo es posible

En Miami, todo es posible

Previsible lo acontecido en el Teatro Manuel Artime de Miami. Un escenario ideal para  envilecer, empantanar sueños y truncar oportunidades.

Más que una tradición, se ha convertido ya en una condicionante u obligación para los presidentes electos en Estados Unidos, demócratas o republicanos, devolver favores o pagar determinadas deudas políticas contraídas en sus campañas electorales, sobre todo en el sur de la Florida.

Esta vez, Trump volvió  a cumplir otra de las promesas esbozadas en su campaña electoral.

Tras un discurso rancio y altisonante para deleitar a los  sectores más retrógrados de esa localidad, entrampada en un odio visceral contra Cuba, Trump revisó públicamente las  relaciones Cuba-EE.UU. y de un plumazo pasó de la “moderación” política expresada por la administración Obama a revivir un ataque frontal desfasado en el tiempo, retornando así a los derroteros de la Guerra Fría.

De esta manera, algunos de los logros alcanzados en la normalización de las relaciones entre La Habana y Washington, después del 17 de diciembre de 2014, serán reemplazados por la hostilidad y la soberbia imperiales.

Si bien las declaraciones de Trump están llenas simpatías y alianzas para con las elites de poder en Miami, a mi juicio – observando el comportamiento político del mandatario estadounidense en sus pocos meses al frente de la Casa Blanca y su tendencia a no escuchar a la opinión pública internacional– sus palabras y determinaciones futuras pudieran advertir una mayor escalada en el conflicto político.

Formulo este planteamiento al releer algunos pasajes de su discurso y que quiero compartir con los lectores:

Dijo Trump:

… “Es mejor para Estados Unidos tener libertad en nuestra región, tanto en Cuba como en Venezuela”

… “Cuando los cubanos den pasos concretos, estaremos listos, preparados y capaces de volver a la mesa para negociar ese acuerdo, que será mucho mejor”…

… “Retamos a Cuba a venir a la mesa con un nuevo acuerdo que esté en el mejor interés tanto de su pueblo como del nuestro”…

Discurso peligroso. Capitalizar nuevamente el recrudecimiento del bloqueo contra Cuba, la eliminación del intercambio educacional “pueblo a pueblo”, la prohibición de transacciones económicas, comerciales y financieras de compañías norteamericanas con empresas cubanas, la renovación –sin fundamento alguno– de viejas acusaciones en materia de derechos humanos, en detrimento de la coexistencia pacífica y la invalidación del diálogo sincero y abierto entre las partes en la solución a viejos conflictos, supone –en mi criterio– que detrás del “Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba”, pudiera promover acciones de mayor envergadura en aras de enrarecer aún más el ambiente.

Es una pena que Trump desconozca, ya sea por ignorancia o mal asesoramiento, que las amenazas y los condicionamientos no son el camino para lidiar con Cuba.

Punto y seguido

Marco Rubio o “Little Marco”, como la llamara Trump durante la campaña presidencial, fue reelecto como senador de la Florida en 2016 y como se conoce representa el retroceso en las relaciones con Cuba, apuesta por romperlas,  incluir a la Isla en la lista de países patrocinadores del terrorismo, y lograr el cambio un gobierno por cualquier vía y método.

Ya en abril de este año, el joven congresista declaraba a El Nuevo Herald:

… “Trump va a tratar a Cuba como una dictadura, y nuestra política mirando hacia el futuro reflejará el hecho de que no es interés nacional de los Estados Unidos hacer negocios con los militares cubanos”.

… “Hemos estado revisando todas estas cuestiones con el presidente y su equipo, tratando de discernir los pasos adecuados a dar y cuándo”.

… Durante su campaña por la Presidencia, Trump prometió “revertir” todas las medidas tomadas por su predecesor Barack Obama sobre la relación con la isla, si el gobierno cubano no accedía a algunas demandas de Estados Unidos.

¿Cuán beneficioso puede ser Marcos Rubio para los planes de la administración Trump en la Casa Blanca?

Recientemente, el ex director del FBI James Comey  al testificar ante el Comité de Inteligencia del Senado norteamericano –del que forma parte “Little Rubio”-, que investiga los motivos de su destitución por el presidente de EE.UU. y la presunta interferencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses, dijo:

… “El gobierno de Trump eligió difamarme a mí y al FBI, usando mentiras, simples y llanas. La Administración eligió difamarme a mí y, de manera mucho más grave al FBI, al decir que la organización estaba sumida en el caos (…), que su personal había perdido la confianza en su líder. Esas fueron simple y llanamente mentiras”

… “No pienso que yo deba decir si las conversaciones que tuve con el presidente fueron obstrucción de justicia. Fue una cosa muy perturbadora, desconcertante”

… “Estaba honestamente preocupado por el hecho de que él pudiera mentir sobre la naturaleza de nuestro encuentro”, dijo. “Sabía que podría llegar un día en que pudiera necesitar un registro de lo que pasó no sólo para defenderme, sino para defender al FBI”

… “No sé por qué fui despedido. Tomo al presidente por su palabra de que fui despedido por la forma en la que dirigía la investigación rusa y la presión que esto ejercía sobre él”.

Lo cierto es que el testimonio Comey puso en una situación difícil al presidente Trump.

Todo parece indicar que en esas charlas, el presidente de Estados Unidos instó a Comey a cerrar la investigación criminal contra el asesor de seguridad nacional Michael Flynn, y levantar la “nebulosa” de la investigación sobre los lazos de la campaña de Trump con la presunta interferencia rusa.

Pero Rubio, quien ha favorecido con su voto las controversiales designaciones de Trump, asumió una postura diferente, sembró dudas sobre las declaraciones de Comey, cuyo testimonio podría costarle a Trump la presidencia por obstruir la justicia.

¿Acaso la firma del “Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba, fue la manera seleccionada por Trump para retribuir a Rubio su defensa ante el Comité de Inteligencia del Senado?

¿Quedarán nuevos favores?

El pasado 12 de junio, una nota publicada en El Nuevo Herald se preguntaba, “Rubio, ¿cambia integridad de EE.UU. por un cambio de política hacia Cuba?”

Bueno, en Miami, todo es posible.

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