Adversidad que une voluntades

Adversidad que une voluntades

Una batalla épica contra  el tiempo se libra en  32 mil metros cuadrados  de la geografía mayabequense,  donde se decide el abasto  de agua a miles de capitalinos que  habitan en los municipios del centro  de la ciudad y en parte de Boyeros. 

Adversidad que une voluntades
Los especialistas miden caudal y presión en la primera etapa de la obra, concluida el jueves último. Fotos: José Raúl rodríguez Robleda

 

La calma se ha roto en aquel punto  cercano al poblado de La Salud, en el  municipio de Quivicán, donde colapsó  un tramo de casi un kilómetro de la  conductora Cuenca Sur, la de mayor  diámetro entre las principales fuentes  que tributan hacia La Habana.

El agua fluyó en altura para luego  anegar el campo. Desde entonces, una  invasión de equipos y constructores  no da tregua y ya alcanzó la meta inicial,  porque funcionan las dos primeras  líneas paralelas de tuberías que  permitieron la llegada del preciado  líquido a los tanques de Palatino y su  distribución, de manera escalonada, a  partir de la noche del jueves último.

De forma simultánea se ha ido  acometiendo la segunda etapa. Este domingo se trabajaba en la conexión de la tercera línea, y en pocos días será la cuarta,  pues siguen llegando las tuberías de  polietileno de alta densidad (PAD)  producidas a todo tren en la capitalina  fábrica Hidroplast.

El esfuerzo  fabril va a tono con el ritmo de ejecución  a pie de obra, donde el incesante  ir y venir de camiones, de buldóceres  y de cargadores, en tan poco espacio,  obliga a preguntarse cómo es posible  que todo salga bien y en el tiempo  previsto.  La respuesta la tenemos en que no  solo hay organización y exigencia.

De día y de noche trabajan las brigadas de soldadores de Aguas de La Habana y el INRH.

 

A  todas luces hay quienes velan porque  se cumplan las condiciones seguras de  trabajo y el uso de los medios de protección,  pues si bien muchos son operarios  experimentados, nunca está  demás el cuidado extremo.

De faltas y premuras 

Más de 400 mil habitantes se han visto  perjudicados por la avería. Pero la  afectación fuera mayor de no haberse  realizado, en los últimos seis años, inversiones  en otras importantes fuentes  de abasto para su rehabilitación e  interconexión, lo cual permitió trasvasar,  desde estas, la mitad de los tres  mil litros por segundo que aporta la  conductora Cuenca Sur.

“De lo contrario, los cinco municipios  del centro de la ciudad habrían  estado sin agua”, afirma categórico el  ingeniero Javier Toledo, delegado del  Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos  (INRH) en la capital, quien  acompañado por el ingeniero Bladimir  Matos, vicepresidente del organismo,  sigue al detalle cada trabajo.

Germán asegura que esta obra le hace recordar en magnitud, premura e importancia
a otras en las que participó: las de los Juegos Panamericanos, el hotel Cohíba y Expocuba.

 

Sus rostros denotan el cansancio  acumulado y entre una llamada  o una consulta técnica, ambos  atienden al equipo de Trabajadores,  porque —aseguraron—, saben la  importancia de la prensa y el papel  que ha desempeñado en mantener  informada a la población de cuanto  se hace para restablecer el servicio.  Para Bladimir lo más importante  a destacar es la unidad y cooperación  demostradas por todos los  constructores, provenientes de diferentes  organismos.

“Están trabajando  como una familia y con mucha  responsabilidad y compromiso,  sin distinguir nombres para evitar  olvidos involuntarios”, subraya. Por  eso prefiere referirse a brigadas  del INRH y de los ministerios de la  Construcción y de Energía y Minas.  Es un sentimiento generalizado,  imprescindible en situaciones de  emergencias como esta, que se dan  poco y obligan a constantes decisiones  en el terreno para ganar horas,  minutos, segundos.

Así ocurre a los proyectistas,  quienes aportaron la solución a fin  de sustituir el tramo afectado. Con  las cuatro líneas se podrán habilitar  hasta 12 pozos para bombear en un  régimen seguro, plantea el ingeniero  Norberto Delgado Pino, especialista  de la Empresa de Investigaciones y  Proyectos Hidráulicos de La Habana.

Historia a medias 

Y si de contribuciones se habla, bien  valen estas líneas para alguien de  quien solo supimos el nombre, Michel,  que tiene unos 35 años y vive en las inmediaciones  de la Virgen del Camino.

Desde hace seis años dejó su puesto  de operario para convertirse en  trabajador por cuenta propia. Resultó  que la máquina en la que laboraba  era la decisiva para llevar adelante la  solución a las 12 piezas metálicas que  unen las líneas de tubería de PAD con  la conductora, conformada por tubos  de centro acero, tecnología en desuso  y sustituida hace tiempo en el mundo  por los de PAD.

El sábado 27 de mayo llegaron  las planchas a una unidad del  Grupo de Cemento ubicada en San  Francisco de Paula y perteneciente  al Grupo Empresarial Industrial de  la Construcción. Hubo que buscar  a quien único podía enrolarlas: era  Michel y no se negó. Al día siguiente,  bien temprano, salieron rumbo  a su destino los primeros tubos.

El  resto los terminaría en medias jornadas  durante otros tres días.  La anécdota me hizo pensar en  que ese joven había cumplido por ser  cubano y estar imbuido del altruismo  que la mayoría llevamos dentro y brota  en circunstancias como esta, motivo  de desvelos no solo para los constructores,  pues autoridades del Partido y  del Gobierno en todas las instancias  permanecen al tanto de la situación y  acuden al lugar a cualquier hora del  día o de la noche.

Es que los movilizados en el kilómetro  seis de Cuenca Sur laboran las  24 horas, unos en jornadas extendidas,  como ocurre a la brigada No. 1  del contingente Blas Roca Calderío,  responsable del movimiento de tierra  y el rehincho de las trincheras.  Varias actividades tienen doble  turno y hasta un tercero, tal es el  caso del grupo de obras especiales de  Aguas de La Habana, integrado entre  otros, por soldadores, encargados de  unir los tubos con termofusión.

Hasta  el equipo en funciones nos acercamos  al rayar el mediodía. La hora en que,  según nuestro fotorreportero Robleda,  el perro no sigue al amo.  Sin embargo, en la obra la actividad  no ha perdido ritmo. Lidereados  por Reinaldo, desde la noche  anterior estaban Juan Carlos, Walvis,  Lázaro y Reinier, quienes preparaban  el traslado de la máquina  para seguir en la soldadura del tercer  kilómetro de tubería.  En el extremo opuesto conversamos  con los soldadores Rondón y  Ferrer, de la brigada No. 2 de la Empresa  Constructora del INRH, la de  Pancho, como identifican cariñosamente  al colectivo que dirige este viejo  maestro de obras. A todos los conocimos  cuando en el 2011 se acometía  el trasvase entre las presas Jaruco,  en Mayabeque, y La Coca, que forma  parte del sistema de abasto al este de  la capital.

La nueva hornada de técnicos y  especialistas tenía fuerte representación  en la tropa de Aguas de La Habana.  La mayor parte ocupada en las  pruebas de pitometría, que según explicó  el ingeniero Alexis Hernández,  consiste en medir con sensores por  fuera de la tubería para comprobar la  presión, volúmenes y caudal del agua,  que ese día, llegó poco a poco a su destino.  Fue el mejor indicio para todos,  de que habían ganado una batalla y  de que vencerán en esta guerra.

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