Los Juegos míos, tuyos, nuestros

Los Juegos míos, tuyos, nuestros

Después de dos interrupciones maratónicas, la primera de 20 años (1985-2005) y otra de 10 (2007-2017), los Juegos de los Trabajadores vuelven muy pronto según se anunció sin mucho bombo y platillos, pero con la seriedad y compromiso de rescatarlos bajo el precepto fundador y su esencia participativa.

Esta novena edición arrancará en septiembre de este año y su fase final ha sido ajustada para mayo-junio del 2018. Diez meses para una escalera de torneos en la base, provincias y zonas geográficas parecen ideales si se cumplen con rigor los calendarios, si cada empresa, fábrica o sindicato logra apoyar y estimular a sus afiliados en cada fase, y si en lugar de grandes campeones logramos al final más eficiencia física, una forma saludable de recreación y mejores relaciones humanas entre los competidores.

Por supuesto, el engranaje para un certamen de estas proporciones se gana desde el mismo momento en que se asuma el deporte no como otra carga en los presupuestos (compra de uniformes, implementos, etcétera), sino como una fortaleza en la vida interna y en la propia calidad de vida de los trabajadores, más allá de una carrera de 100 metros, el jonrón espectacular, un jaque mate salvador o el ponche inesperado.

¿De dónde nació todo?  

Impulsados por Lázaro Peña para promover y estimular la práctica sistemática del ejercicio físico entre los trabajadores, los Juegos nacieron en 1974 y registraron nuevas ediciones en 1975, 1977, 1979, 1981 y 1985. De los cuatro deportes iniciales: béisbol, atletismo, tenis de mesa y ajedrez, se pasó a 11 disciplinas en el cierre de esta primera etapa, entre ellas voleibol, baloncesto, gimnasia básica, sóftbol y dominó.

Luego vendría una política de ajuste económico en que desapareció el evento multideportivo y nacieron opciones puntuales y de amplio arraigo como la Liga Azucarera de Béisbol, la Copa de Sóftbol Lázaro Peña, las Espartaquiadas del Níquel, la Copa de Voleibol Olegario Moreno y las simultáneas de ajedrez Che Vive, entre otros.

Un reclamo en los Congresos de la CTC, nuevos convenios de la organización de masas con el INDER, así como la voluntad política de los dirigentes, permitieron el regreso de la séptima (2005) y octava (2007) versiones, de las cuales quedaron varias lecciones sobre la metodología de organización y su gestión para el futuro.

Lo que tenemos y podemos

Si bien es cierto que la convocatoria de los IX Juegos fijó con claridad los requisitos para las inscripciones en cada municipio, un evento de esta naturaleza se sustenta en que la voz se extienda en cada colectivo laboral y cada quien asuma la cita como suya, nuestra, de todos.

Aunque ahora se establecen como centros de atención o deportes rectores béisbol, ajedrez, sóftbol y atletismo, estamos todavía a tiempo de incrementar dos modalidades recreativas con una rica tradición entre los trabajadores y fácil de practicar: baloncesto 3×3 (las conocidas guerrillas) y el dominó. No olvidemos que la CTC tuvo protagonismo en este último juego de mesa durante los campeonatos mundiales que acogió Cuba en el 2004, 2005 y 2006.

Asimismo, pudiéramos alentar a cada provincia para la promoción de iniciativas en función de hacer una verdadera fiesta cada final de estas especialidades, con la familia incluida y el apoyo de glorias deportivas no solo para las premiaciones, sino también para los entrenamientos. Festivales populares, carreras de ciclismo, exhibiciones caninas, actividades culturales, maratones recreativos y cualquier otra idea pueden complementar estos Juegos.

Lejos de pensar en qué sindicato o provincia será la triunfadora de esta edición, lo más interesante y enriquecedor descansará en el crecimiento del movimiento deportivo dentro de una organización con larga tradición de llamar a la productividad del trabajo y la eficiencia, pero con deudas evidentes en uno de los patrimonios espirituales más queridos por los afiliados: sus juegos.

Mejor tarde que nunca, dirían los optimistas. Y nos les falta razón.

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