Fornés: del costumbrismo a la reflexión

Fornés: del costumbrismo a la reflexión

En los años 30 del pasado siglo, los periódicos habaneros estaban invadidos por los cómics en colores; comercializados por los llamados sindicatos o trust estadounidenses, que los distribuían a bajos precios través de “flanes”. Así denominaban a una especie de cartón encerado, enviado por correo ordinario, que no necesitaba grabado, como era obligado con las ilustraciones de la época, y siempre daban una imagen limpia y bien impresa.

Por el contrario, si un caricaturista cubano quería publicar su obra, tenía que mandar a hacer un grabado de su dibujo, lo que encarecía los gastos del rotativo en relación con el producto ofrecido por el monopolio extranjero, porque había que pagarles al dibujante y al grabador del patio. A este se le remuneraba poco, por lo cual no se esmeraba demasiado y a veces los grabados llegaban con la línea quebrada y hasta sucedía que al imprimirse no se entendían bien los textos que acompañaban los dibujos.

No obstante, ni la competencia impuesta por el humor barato made in USA ni las dificultades de impresión desanimaron a un joven capitalino empeñado en ser dibujante. En su impaciencia por lograrlo matriculó sucesivamente en la Escuela de Arte Villate, en la Academia San Alejandro y en la Anexa, y finalmente optó por convertirse en autodidacta.

En las horas libres que le dejaban su trabajo en una tienda, dibujaba afanosamente, hasta que en septiembre de 1936, sin haber cumplido todavía los 19 años, consiguió que la revista Rosa, suplemento semanal sabatino del periódico Avance, incluyera su primera historieta, protagonizada por el personaje de José Dolores, que se mantuvo hasta 1939, en que la publicación dejó de editarse.

Así se inició en la caricatura Rafael Fornés Collado (1917-2005), a quien la recién concluida XX edición de la Bienal del Humor de San Antonio de los Baños le rindió homenaje por el centenario de su nacimiento.

José Dolores fue una creación de ficción, pero inspirada en un modelo real, un joven negro apodado King-Kong, que se lucía haciendo clavados en la Playa de Viriato, situada al oeste de La Habana, en las cercanías de Jaimanitas. Fornés expresó en una ocasión que él había querido ser fiel al ingenio, la astucia y la picardía de la gente más desposeída del pueblo y por eso sus personajes eran negros. En sus historietas los presentaba con gran soltura, sin el uso de los globos con que suelen encerrarse los diálogos y evitando los marcos que delimitan las acciones, lo que les imprimía mayor dinamismo al relato. Allí estaba la gente del barrio en su contexto cotidiano, con su lenguaje marginal y sus reacciones habituales. Cada entrega era muy esperada, ya que muchas personas se veían representadas en esta. Se trataba, sin duda, de un reflejo costumbrista del ambiente popular cubano de los años 30.

Casi 20 años después de que dejara de publicarse José Dolores, Fornés sacó a la luz otro personaje: Sabino. Pequeño de estatura, trajeado de negro con sombrero, bastón y corbata de lazo o pajarita, resultaba radicalmente distinto a su creación anterior. El propio Fornés, en una carta a su hermana Carmen, subrayó la diferencia: “Si en José Dolores puede apreciarse lo que es el reflejo de una época, con humor, ya pasada, en Sabino tenemos ya una expresión de un humor de una calidad poética y filosófica no antes presentada en el género de historietas cómicas”.

Durante 1957 y 1958 sus tiras de Sabino aparecieron en el periódico Información. Pronto comprendió que daban más que para un simple chiste y empezó a complejizarlas, hasta que el director del órgano le reprochó ácidamente su “atrevimiento”: “Fornés, usted quiere decirles algo a los lectores de Información y los lectores de Información son imbéciles. No les diga nada”. Y Fornés dejó de publicar su Sabino.

El personaje reapareció en el periódico Revolución a partir de 1959, y en esa etapa se hizo presente también en El Pitirre, suplemento humorístico del periódico La Calle, que Fornés fundó y dirigió, y donde hizo, además, humor revolucionario.

Al centenario de su natalicio la mirada sobre la obra de este artista espera mayor estudio y divulgación. Mientras, nos invita a seguir las ocurrencias de su José Dolores de La Habana marginal de los años 30 y a meditar sobre lo real y lo absurdo de la mano de Sabino.

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