“Cuando te confías, las cosas comienzan a fallar”

“Cuando te confías, las cosas comienzan a fallar”

Grettel Morejón en Giselle. Foto: Gabriel Dávalos

 

Grettel Morejón es la más joven de las primeras bailarinas del Ballet Nacional de Cuba. Hace poco debutó en Giselle, su sueño de toda la vida. Cuando era estudiante de la Escuela Nacional de Ballet, Fernando Alonso le tomaba algunos ensayos. Discretamente, sin que ella lo oyera, el gran maestro cubano le comentó a este cronista: “Esta niña va a llegar a ser primera figura”. A él no le alcanzó el tiempo para verlo, pero su presagio se concretó.

Tu promoción a primera bailarina era una cuestión de tiempo, eso lo sabían todos los seguidores de tu carrera. Pero, ¿cómo recibiste la noticia?

Yo creo que las cosas llegan en el momento indicado. Y da la casualidad que la noticia llegó justo cuando me sentía más preparada para recibirla.

¿Qué significa ser una primera bailarina? ¿Crees que tu vida cambió de un día para otro?

No se es un primer bailarín solo sobre el escenario. Hay que serlo en la vida. Tu comportamiento, tu manera de actuar tiene que estar a la altura. Pero el mero hecho de ser un bailarín del Ballet Nacional de Cuba te hace ser una persona diferente. Eso de ser un primer bailarín, o principal, o primer solista, o cuerpo de baile son sencillamente rangos, etapas… pero ser miembro de una compañía con historia y prestigio, como esta, ya debe incidir en tu forma de ver la vida.

¿Cuáles son los retos que te plantea este nuevo rango?

Seguir estudiando y aprendiendo. Llegar a la máxima categoría artística de una compañía no significa que eres la mejor ni que te lo sabes todo. Significa un nuevo comienzo para replantearte nuevos proyectos.

¿Cuándo supiste que podías distinguirte como bailarina?

No puedo decir un momento exacto. Yo sé que desde que hice las pruebas para la escuela estaba convencida de que iba a entrar. Y no poseía todas las condiciones, ahora lo reconozco. Pero en aquel momento no lo veía, era una convicción muy infantil.

Después, ya en la escuela, me di cuenta de que si trabajaba fuerte, quizás podía tener un camino. Y eso fue lo que hice. Conciencia exacta, nunca. Porque además, está el peligro de la confianza. Cuando te confías, las cosas comienzan a fallar.

¿Cuán difícil es ser bailarín en Cuba?

Un bailarín, en cualquier parte del mundo, es noventa por ciento de inteligencia y un diez por ciento de condiciones. Cuando digo inteligencia, no es sencillamente la de recordar los pasos, las correcciones… Es la de saber encaminar tu carrera de una forma útil y lógica. De conocer tus fortalezas y tus debilidades.

En Cuba es un poco más difícil, porque a la hora de formar un bailarín no siempre están todas las condiciones ideales. Pero a la vez es un privilegio, porque esas dificultades en la escuela, en las compañías, te hacen crecer, ser mejor.

¿Qué te queda por hacer en el Ballet Nacional de Cuba?

Me falta todo. Yo todos los días me lo replanteo todo en clase. Desde la primera posición hasta que se acaba. Desde que entro en el escenario, cómo pararme, de colocarme, las manos, todo… Yo necesito replantearme constantemente mi carrera. Creo que he logrado muchas cosas hasta aquí, pero todavía me falta un mundo.

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