Apurarnos despacio

Apurarnos despacio

Foto: Agustín Borrego

 

El proceso inversionista, vital para la actualización de nuestro modelo económico, requiere en las construcciones deshacerse del lastre de la ineficiencia de una vez y por todas, pero poco se avanzará si siguen faltando la sistematicidad y la exigencia en los procesos, si es escaso o nulo el trabajo sindical y administrativo que propenda el cambio de conductas vinculadas con la falta de calidad, el sobreconsumo y el desvío de recursos.

Por eso la reunión donde se analizó este fin de semana la labor de las organizaciones y empresas subordinadas al Ministerio de la Construcción (MICONS) y su papel como rector en el sector, tuvo enfoques y pronunciamientos diferentes a otras ocasiones. Más que hablar de lo realizado en el 2016 y las proyecciones para este año, se hurgó en la llaga que no sana y le quita salud a una actividad decisiva para el desarrollo de cualquier país.

El control económico no puede separarse del análisis político, de apelar a la vergüenza de la gente y a sus maneras de proyectarse en cada puesto, ya sea como obrero, profesional o directivo. No se trata de hacer más con menos, porque comprobadas están las siempre llamadas “reservas productivas” y los tradicionales sobreconsumos en materiales fundamentales como cemento, acero y madera. ¿Cálculos mal hechos? ¿Levantar objetos de obra imprevistos? ¿Repello más grueso para ocultar la chapucería? Eso y más están en esas cifras, detrás de las que puede esconderse el descontrol como caldo de cultivo para el robo.

Hubo directivos que reconocieron que a pesar de los registros del gasto de combustible no tienen los resultados esperados. ¿Le resulta familiar la frase de que los números siempre cuadran? Por engorroso que sean los análisis diarios, certificar consumo contra producción realizada en cantidad y calidad parece la vía más correcta.

El sindicato

Una y otra vez los temas llevaron al mismo protagonista: los trabajadores. No se habló de aplicar medidas disciplinarias antes de agotar las disímiles maneras en que es posible materializar el trabajo hombre a hombre, genéricamente hablando. Hacia ahí va dirigido el plan de acción del MICONS, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Construcción y la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros, “para rescatar la ética y la moral del trabajo”.

Y en ello compete un papel esencial al sindicato. Los espacios están creados, solo hay que validarlos. Una conversación personal puede ser más efectiva que en grupo, pero no es justo seguir desaprovechando oportunidades para apelar, sin consigna ni exhortaciones, a la conciencia y la vergüenza de decenas de miles de hombres y mujeres con tantas proezas productivas en su haber.

Reflexionaba el secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba, Ulises Guilarte De Nacimiento, que el sobregasto de recursos es un problema económico y la falta de calidad es un problema ideológico, y en ambos debe actuar el sindicato.

Hay que comprometer a los constructores, erradicar la falta de combatividad, identificar las dificultades y quienes intervienen en esos hechos, que no son mayoría, pues en este sector existe mucha gente honesta, significó el miembro del Buró Político.

Asimismo enfatizó en la labor que en general debe llevar a cabo el sindicato, pues han dado seguimiento a la aplicación de la Resolución 15/2016 sobre sistemas de pago a constructores en obras priorizadas y, aunque ha mejorado, el rendimiento no es el esperado. Por lo tanto, no solo influyen las cuestiones materiales.

Llover sobre lo mojado

Hace tiempo que una obra bien terminada resulta la excepción cuando debía ser lo contrario. En algunas como la vivienda, más que cíclico es un perenne dolor de cabeza.

De las ineficacias nadie escapa y ello quedó fundamentado en la reunión de marras. Todos coinciden en que faltan sistemas de trabajo o peor, no se aplica lo ya establecido.

¿Ejerce el proyectista su autoridad ante un trabajo mal ejecutado? ¿Qué ocurre al jefe de la obra que coloca elementos prefabricados sin la debida calidad? ¿Se aprovecha todo el potencial técnico en función de buscar las mejores soluciones de proyectos y a pie de obra que ahorren recursos financieros, materiales y humanos?

Exigencia, control, querer hacer bien las cosas. Cuán complejo se torna el cumplimiento de esas imprescindibles directivas para los organismos que construyen o en ocasiones solo actúan como inversionistas, un eslabón que como se dijo, mantiene deficiencias que le siguen costando mucho dinero a la economía.

El ahorro es válido para todo tipo de obras, porque si en las turísticas, catalogadas de estratégicas para el país, se aprovechan mejor los presupuestos, habrá más para invertir en otras, de ese tipo o de los programas sociales.

Esto únicamente se podrá alcanzar construyendo bien, lo cual no es una quimera. Ejemplos hay por doquier solo que mayoritariamente datan de hace 30 y hasta 40 años, cuando no teníamos, como hoy, tan grande cantera de ingenieros y arquitectos, y tampoco se contaba con mucha tecnología de punta, si bien sobraba el orgullo de saberse partícipes en un proyecto que al paso de los años pueden mostrar a sus hijos.

Hay que multiplicar la obra edificada sin aspirar a las exquisiteces en recursos.

Las cosas hay que hacerlas aunque no se tenga todo, recalcaba el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, miembro del Buró Político y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, quien recordó que con el concepto contrario no se hubiese hecho la última guerra de liberación en Cuba, ni habrían ocurrido hechos de verdadero heroísmo en nuestra historia, conducidos por hombres comprometidos y con sobrados valores éticos.

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