Trabajadores

Historia de una maestra

Casi un año lleva la santiaguera Yedcenia Vega Pelegrino esperando porque cese “el peloteo” del que considera ha sido víctima desde que la separaron del seminternado Orlando Pantoja Tamayo, en el municipio de Contramaestre, donde trabajaba como asistente educativa, y la enviaron por cuatro meses para su casa.

“Ante el desconocimiento y el dolor de no poder seguir ejerciendo
la profesión me fui para la casa”, expone en su carta.

 

La remitente explica que esto ocurrió por orden del director de la institución; debido a que en dos cortes evaluativos obtuvo la calificación de R (regular), en el curso escolar 2014-2015 y en el primer período del 2015-2016.

En ese momento la mandaron con el jefe de Recursos Humanos (RR.HH.) para que le ofreciera una plaza de menor categoría. “Ante el desconocimiento y el dolor de no poder seguir ejerciendo la profesión me fui para la casa”, expone en su carta.

Casi al concluir mayo, la llamaron para que se presentara en RR.HH. Solo le dijeron que “había problemas”. Le indicaron escribir una carta narrando lo sucedido y comprometiéndose a no reclamar el pago de los meses que no trabajó, si quería reincorporarse.

Algunos compañeros ya le habían alertado que el procedimiento llevado con ella no era el adecuado, pues las evaluaciones que provocaron su despido eran por diferente concepto: en la primera como maestra, y en la segunda, como asistente educativa.

Después de varios encuentros, la lectora narra que aceptó escribir la carta, pero apuntando que sí tenía derecho al pago. Sobre en mano se presentó a RR.HH. y no fue sola, sino con su papá, y cuál no sería su sorpresa al recibir un buen trato. En breve tiempo le comunicaron que podía reincorporarse, con la promesa de que lo demás se resolvería.

Y todo quedó ahí, en palabras, porque la carta de Yedcenia recibida en nuestra redacción en enero último, recalca que antes de concluir el pasado curso le aseguraron que en septiembre solucionarían su caso, “y nada”.

La remitente no se rindió, presentó demanda por escrito, se dirigió a la Dirección Municipal de Educación, donde le orientaron reclamar al Órgano de Justicia Laboral; pero por desgracia la compañera encargada de esa función renunció. Entonces, en el Departamento de RR.HH. le indicaron que comunicara al director que hiciera una reunión para designar a un nuevo responsable en aquel puesto, lo cual no había cumplido hasta el momento en que ella decidió escribir a esta sección, donde nos hacemos varias preguntas.

¿Realmente le corresponde devengar un salario por los cuatro meses sin laborar? ¿El director de la escuela podía enviarla a su casa sin más? Hay muchos cabos sueltos en esta historia, que esperamos sean esclarecidos.