Saberse dueños

Saberse dueños

¿Cómo eliminar gastos innecesarios y evitar pagos sin respaldo productivo, cómo encauzar el ahorro de recursos, cumplir los compromisos de unidades físicas o de servicios y aumentar los ingresos personales?, en fin, ¿en qué forma satisfacer eficientemente los tantos vericuetos que conlleva un plan de producción o de servicios?

Esas, y otras muchas interrogantes son debatidas actualmente por unos 2 millones 700 mil trabajadores en más de 6 mil 700 reuniones de afiliados y casi 4 mil de representantes en centros laborales de todo el país como parte del proceso político de presentación e información del plan y presupuesto del 2017.

Resulta, quizás, del momento más importante para el exitoso cumplimiento de las previsiones económicas y de servicios de cada colectivo, ocasión —y, por suerte, no la única— en que con toda justicia, el obrero, el trabajador, podrá preguntar cómo, con qué, por qué tal indicador del plan, así como el beneficio que para la empresa y sus bolsillos trae aparejada esa planificación.

Más allá de cualquier disquisición, y aunque ya estén adoptadas las decisiones sobre lo que se va a producir, se trata ahora de valorar fundamentalmente el cómo.

Si hablamos de la necesidad de incrementar salarios, es esta la oportunidad de comprometer la inteligencia trabajadora en la mayor eficiencia, en el más elevado control, en saber hasta el detalle la ejecución de los gastos; de otra manera, no habrá forma de elevar ingresos, amén de que ello parezca una verdad de Perogrullo.

Es que ya han aparecido “pícaros” dedicados a engrosar el fondo salarial con determinadas inejecuciones de gastos, por ejemplo de adquisición de medios de protección e higiene, de piezas de repuesto y de mejoramiento de condiciones de trabajo; se trata, sencillamente, de “inflar” el llamado valor agregado bruto, que no es riqueza.

Y, a no dudarlo, el movimiento sindical deberá incrementar sostenidamente su lucha contra ese flagelo, y este proceso asambleario constituye, de hecho, ocasión propicia para ello.

Ese es el escenario en que hoy el movimiento sindical incrementa su responsabilidad movilizadora y donde cada trabajador podrá demostrar su condición de dueño: si el administrador no es responsable en su explicación, si no lo oye, si no tiene en cuenta sus criterios, se violan principios socialistas.

Si consideramos recientes críticas a algunas Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial, en específico acerca de su desatención al proceso de preparación de los planes empresariales, concluimos que no son pocos los asuntos aún por resolver como garantía de las actuales reuniones en los colectivos.

Si la economía cubana asume el 2017 con las premisas esenciales de garantizar las exportaciones y su cobro oportuno, incrementar la producción nacional que sustituye importaciones, reducir gastos no imprescindibles y la utilización eficiente de los recursos de manera particular los portadores energéticos, justamente los encuentros en los colectivos tienen necesariamente que comprometerse con tales indicativos.

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