Estrellas relampagueantes en Latinoamérica y el Caribe

Estrellas relampagueantes en Latinoamérica y el Caribe

Usain Bolt se encargó este año de ratificar con creces que se trata del atleta de mayor prestancia a escala planetaria.
Usain Bolt se encargó este año de ratificar con creces que se trata del atleta de mayor prestancia a escala planetaria.

 

Como en muchas esferas de la vida, el deporte reserva en los finales de cada año un momento para repasar sobre los principales acontecimientos que tuvieron lugar en los últimos doce meses, en la misma medida que ello implica un ejercicio mediante el cual reverenciamos a las figuras descollantes en cada modalidad.

En el ámbito latinoamericano y caribeño contamos con un instrumento de inestimable valor en la encuesta que, desde 1964, organiza la prestigiosa agencia de noticias Prensa Latina en la cual intervienen, a través de la votación correspondiente, órganos y medios de prensa de la inmensa mayoría de las naciones de la región.

A lo largo de estas décadas los nombres más rutilantes del firmamento atlético del área emergieron con especial brillo en estas agrupaciones, expresión tangible de recorridos de ensueño cuyas resonancias se extendieron a los espacios más recónditos de nuestras sociedades.

Fue así que, desde pequeños, esperamos con ansiedad esos resultados para saber quiénes merecían el afamado premio. Casi siempre se hizo justicia, lo que garantizó -en retrospectiva- que una buena parte de las estrellas de nuestro entorno ganaran en algún momento un galardón que implica mucho igualmente en lo sentimental, especialmente para aquellos que hicieron carrera en otras latitudes y aprecian en él un nexo indestructible con la tierra que los vio nacer.

Teófilo Stevenson, Diego Armando Maradona, el “Pibe de Oro”; Alberto Juantorena, el “Elegante de las Pistas”; Ana Fidelia Quirot, la “Tormenta del Caribe”; Javier Sotomayor, el “Príncipe de las Alturas” o la jamaicana Marlene Ottey, años atrás y Lionel Messi, la “Pulga Biónica”, más cercano en el tiempo, son varias de las figuras excelsas que se impusieron en esa selección anual.

El 2016 que recién finalizó, pletórico en sucesos encomiables, con los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en primerísimo lugar, tuvo dos claros ganadores a nivel individual, mientras que una selección emblemática se reencontró con parte de su pasado de lujo, para alzarse con el galardón en el apartado colectivo.

Si bien sabíamos, al menos desde el 2008, que vivíamos en la época de Usain Bolt, este corredor inigualable se encargó de ratificar con creces que se trata del atleta de mayor prestancia a escala planetaria (ni siquiera el tritón sobrenatural que responde al nombre de Michael Phepls puede destronarlo) y una de las grandes leyendas de la actividad muscular de todos los tiempos.

El jamaicano volvió a hacer de las suyas en la “Ciudad Maravillosa”, ganando sin sobresaltos los metales dorados en 100, 200 y el 4x 100m, elevando así a nueve sus coronas bajo los cinco aros, en igual número de posibilidades en las tres citas en las que intervino. Ello ni siquiera era sospechado antes de que el espigado caribeño irrumpiera como un “relámpago” por las pistas de todos los confines geográficos.

A dicho dominio apabullante en esas especialidades hay que añadir que Bolt es el gran símbolo del deporte universal de la última década, en buena medida porque a su talento incorpora un extraordinario carisma, que lo lleva a entablar sintonía lo mismo con la prensa que con cualquier tipo de afición. En cada competición donde se anuncie que intervendrá esta se abarrota. El reggae boy se encarga luego de ofrecer un show dentro y fuera de las carrileras, en el sentido más abarcador y limpio de la palabra, que lleva al éxtasis a los asistentes y a quienes siguen las incidencias a través de las cámaras y las redes sociales.

Más de una vez ha dicho que está a punto de retirarse pero, observando su desplazamiento galáctico, uno se resiste a creer que pueda ser derrotado en los próximos años. ¿Qué habría podido realizar en la vuelta al óvalo y el salto largo? ¿No estaba en condiciones de quebrar la barrera de los 19 segundos en los 200 metros de haber encontrado en su mejor momento resistencia tenaz de los adversarios? Lo cierto es tenemos el privilegio de ser contemporáneos de un hombre que trascendió su tiempo y al cual se evocará con admiración y asombro durante centurias.

Caterine Ibargüen, oro olímpica en Río de Janeiro 2016
Caterine Ibargüen, oro olímpica en Río de Janeiro 2016

 

Entre las féminas una hermosa morena colombiana, con explosividad felina dentro del tanque de saltos, ascendió a lo más alto, colofón asimismo de una campaña fabulosa en la que la diadema olímpica fungió como la guinda del pastel. A Caterine Ibargüen solo le faltaba ese título y se encargó de resolver la ecuación sin contratiempos en la sede brasileña, dejando claro también que hace rato es una triplista excepcional, a la que le queda por demás mucha historia que escribir.

Los cubanos sentimos legítimo orgullo con los triunfos de la cafetera pues, prácticamente desde el comienzo hasta cada instante del estrellato conseguido, su progresión está marcada por la presencia de diferentes entrenadores de la Mayor de las Antillas. Ella, en gesto que revela agradecimiento y humildad, se encarga de exaltar esos nexos con nuestro archipiélago en cuanta conferencia de prensa interviene.

Brasil se coronó, por fin, campeón olímpico en Río de Janeiro 2016
Brasil se coronó, por fin, campeón olímpico en Río de Janeiro 2016

 

Entre conjuntos, la escuadra verde amárela de fútbol lavó una parte de los desencuentros del pasado y, con su espectacular victoria en la final olímpica celebrada en el Maracaná, le obsequió a su torcida y a los millones de hinchas que la siguen en el planeta el único trofeo que no estaba en sus vitrinas. El éxito se disfrutó todavía más pues sobrevino frente a los alemanes, verdugos de los brasileros en la última edición mundialista organizada precisamente en pastos del gigante sudamericano.

Los pentacampeones del orbe están lejos aún de los mejores momentos en que encantaban con el jogo bonito pero encontraron, al parecer, la senda para reconstruir un camino a la altura de su legendaria historia. El triunfo en la cita estival tuvo como plus el brillo que le insufló a su elenco Neymar Jr., quien asumió con dignidad los galones inherentes a un futbolista de su calibre.

Esa capacidad de “halar” a sus compañeros demostrada por el astro barcelonista, quien antes impresionó en el Santos, sumada al desempeño de Cristiano Ronaldo al frente de Portugal en la Eurocopa, entronizó todavía más un debate en la palestra global: ¿Por qué Messi no juega con la albiceleste como lo hace en el Camp Nou?

Hubo otras proezas, desde el doblete en la velocidad olímpica de la jamaicana Elaine Thompson hasta los triunfos de los conjuntos de hockey y voleibol masculino de Argentina y Brasil, respectivamente, en la máxima cita veraniega, pasando por la tercera corona en la lucha clásica del pinareño Mijaín López y la victoria de la boricua Mónica Puig en el tenis de Río.

Todas ellas se adicionan a la fabulosa tradición que las generaciones de atletas precedentes depositaron en los hombros de los actuales deportistas latinoamericanos y caribeños. En cualquier sitio del orbe hay claridad de que la misma se incrementará en el futuro. Corazones, y voluntad para lograrlo, proseguirán creciendo entre los hombres y mujeres que habitan del Bravo a la Patagonia.

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