Avatares y quimeras de Raúl Torres

Avatares y quimeras de Raúl Torres

“No apagues el candil
o la nieve te hunde en el centro del
dolor”.
Candil de Nieve

El popular cantautor lleva en sus venas sangre mambisa. Su tatarabuelo, el capitán Juan Rondón, fue quien en octubre de 1868 reclutó a Antonio Maceo en su casa con el fin de incorporarlo a las luchas independentistas. Fotos: Heriberto González Brito.

 

Raúl Torres Rondón nació el 27 de  junio de… hace años en Bayamo.  Ocurrió “por accidente”, mientras su  madre se hallaba de vacaciones en  la legendaria ciudad oriental —hoy  capital de la provincia de Granma—.  A los tres meses de edad retornó a la  Atenas de Cuba, que tanto ama y le ha  escrito varias canciones. Matanzas, la  novia poco correspondida, y que en  la pieza titulada San Juan evoca a  su padre, y en Por la calle Gelabert,  escrita junto con su hermana Elba,  enfatiza: Si en tu regazo no encuentro/  La paz que me prometí/ Mi barco  abandonó tu puerto/ Y se trajo en sus  bodegas/ Ecos de tu frenesí. 

De mediana estatura, delgado  y con trenzas que dibujan su franca  personalidad, cuando era niño Raúl  asistió a la Escuela de Artes Mártires  de Bolivia, en Matanzas. “Quería  matricular violín, pero lo que me  dieron fue guitarra. Tenía un profesor  muy viejo, se llamaba Reynold, el cual  impartía clases en un horario muy  tarde. Yo era un asmático fuerte y a  los seis meses tuve que abandonar el  centro. Después ingresé en la Escuela  Secundaria Básica Ramón Mathiew,  donde comenzó mi vida como cantautor  aficionado. Hicimos un dúo que  se llamaba Los Compadritos y en varios  festivales de la Organización de  Pioneros José Martí, obtuvimos premios”,  recuerda.

Pero su verdadera escuela, la de  la música, la composición, la cultura  general… y de la vida, fue su  humilde casa, en la barriada matancera  de Simpson, donde en 1879  Miguel Faílde Pérez (Matanzas,  1852-1921, con su célebre obra Las  alturas de Simpson, hizo nacer la  primera pieza de salón devenida  baile nacional que se impuso ante  el racismo, y Patrimonio Inmaterial  de Cuba. “Crecí en un hogar de artistas,  que supieron cultivar en sus  hijos amor y respeto hacia el arte”,  enfatizó Raúl.

“Mi padre —agregó—, llamado  Humberto, nacido en Matanzas, se  graduó en el primer curso de instructores  de arte, en El Comodoro,  La Habana. Era cantante y dramaturgo.  Mi madre, Ayda, oriunda de  La Julia, cerca de Bayamo, fue asesora  teatral. Tenían una activa vida  en el mundo cultural matancero.  Tengo otros hermanos que igualmente  son artistas, como Germán,  Caridad, Humberto y Elba.

Con esta última —atrayente, por  su cuidada piel canela—, pasa Raúl  la mayor parte de su tiempo creativo.  Ella lleva el control de la casa  productora del músico, Novilunio  Zoom, y también es escritora, actriz  y realizadora. Sus acotaciones apoyaron  la elaboración de esta entrevista,  que se hizo en las pausas de la  grabación en los modernos estudios  Abdala, del más reciente tema de  Raúl, Facebwk, conmovedor canto a  la amistad sobre el cual el reconocido  cineasta Lester Hamlet crea un  video.

El Hijo Ilustre de Matanzas y autor  de las emotivas canciones dedicadas  a Hugo Chávez y Fidel Castro, El  regreso del amigo y Cabalgando con  Fidel, respectivamente compuestas  pocas horas después de la desaparición  física de los dos grandes próceres  antimperialistas de Latinoamérica,  apunta que esas no son las únicas  obras que ha generado en memoria de  los héroes, pues cuando tenía 12 años  hizo la primera, dedicada a Celia  Sánchez, tras su fallecimiento. “Mi  madre —dijo— me ayudó a hacer la  composición, que luego obtuvo premio  en un festival de pioneros aficionados”,  evento en el que en 1984 ganó  un viaje por los países del entonces  campo socialista”.

Empedernido devoto del arte,  siendo adolescente, Raúl actuó en  el grupo Teatro Arenas (aficionado),  donde interpretó un papel en  la farsa titulada La esquina de los  concejales (1962), de Nicolás Dorr,  bajo la dirección artística de Rafael  Rivero. También fue utilero en otro  colectivo artístico que se llamaba  Monserrate, donde podía “cantar  si ponía y cargaba los bafles. Y lo  hacía, con este cuerpecito flaquito,  con tal de poder realizar mi sueño”.  Después recorrió “toda Matanzas  como luminotécnico de una brigada  de montaje de espectáculos”.

Raúl Torres junto a su hermana Elba y a su hijo Silvio Raúl.

 

Desde la infancia hasta 1987, el  persistente compositor y cantante  nunca dejó de crear, en ese año realizó  su primer concierto, en la entonces  sede de la Casa del escritor (Ediciones  Vigía), bajo la dirección de Alfredo  Zaldívar, “quien hoy —aclara Elba—  es director de Ediciones Matanzas”.

Y como dice el viejo refrán, “nadie  es profeta en su tierra”; la música  de Raúl fue prácticamente relegada  de los escenarios matanceros, aunque  cada vez más prolífica. A veces  —evoca— no se le permitía cantar  en espectáculos en los que otros interpretaran  sus números.

El también aficionado a la pesca  y judoca cinta marrón, manifestó que  comenzó a trabajar en un cargo que  se llamaba misceláneas, que en realidad  era de mantenimiento, en la Dirección  Municipal de Cultura. “Más  tarde pude acercarme a mis aspiraciones,  pues se me designó instructor  adjunto de Arte. Hice grupos de aficionados  en varias escuelas, hasta que  me nombraron subdirector de la Casa  de la Trova, en el edificio donde estaba  Ediciones Vigía. Corrían los años  1988 y 1989, tiempo en que formé mi  primer grupo musical (piano, violín,  bajo y batería). Con ellos interpretaba  mis temas”.

La mejor de sus suertes

Un buen día, el joven cantautor tuvo  la mejor de sus suertes. Lynn, la hija  de Pablo Milanés, asistió a uno de sus  conciertos. Se interesó por su música  y se la comentó a su padre, quien  luego recibió un casete especialmente  grabado para él por el director de  programas de Radio 26, Leo García,  quien además tocaba el chelo.

“Pablo se enamoró de mi música  —aseveró Raúl— y en agosto de 1989  me invitó a su espectáculo denominado  Conciertos amigos, en la sala  Avellaneda del Teatro Nacional, donde  también estaba Xiomara Laugart,  quien cantó varias de mis obras, como  Se fue, Hojarasca, Atrapando espacios  y Nítida fe”.

En el año 1990, Torres se fue a  México, donde grabó su primer disco  con Pablo Milanés. “Se llamó Canto  de la abuela, y en este aparece por  vez primera Candil de Nieve —cuyo  lirismo y belleza han estremecido a  diferentes generaciones—”. En aquel  país estuvo un año. Para 1993 sus  temas eran del interés de conocidos  artistas extranjeros, como Simone,  a la que durante un viaje a Cuba en  ese mismo año, Pablo le dijo que le  tenía un regalo: un concierto de Raúl  Torres. “Ella se cautivó con mis canciones  y me invitó a Brasil”. Allí hizo  distintos espectáculos hasta 1996.  En ese período le nacieron dos hijas  brasileras.

Regresó a Cuba. Grabó su primer  CD en solitario, Candil de Nieve, con  PM Records. “Entonces inicié mi carrera  artística profesional”, señaló.  Detrás vinieron infinidad de conciertos  en La Habana, algunos con Pablo,  y uno con Sabina en el Parque Lenin.  “En abril de 1998 me fui a España  a promocionar mi música, gestión  en la que me ayudó mi hermana  Elba, que ya estaba allí. En Madrid  grabé Alas de Luz”. Cuando se cumplían  20 años de sus vínculos artísticos  con Milanés hizo junto con él  un concierto en Cangas de Morrazo,  región de la provincia de Pontevedra,  en Galicia.

Torres ha compuesto temas interpretados,  además, por Ana Belén,  Alba Molina, SPS (azafatas de crónicas  marcianas), Alejandra Botto, Los  Van Van y Mal de amores, entre otros.  En el año 2005 hizo, con la ayuda de  amigos, el CD Maqueta de Platino.  “Era un boceto para alguna discográfica.  Una de ellas se interesó en él  y se comercializó en España con ese  mismo título”, precisó.  En España realizó presentaciones  personales y participó en las de Sabina  durante sus giras por Islas Canarias,  Barcelona, Alicante, Madrid…

“En algunas actuó Pablo”, expuso  Raúl; y Elba agregó: “las canciones de  mi hermano, como Se fue, Candil de  Nieve, y Regrésamelo todo, eran recurrentes  en la radio española.

De vez en cuando el internacionalmente  reconocido exponente de  la cancionística contemporánea insular,  daba sus vueltas por Cuba, y  llevaba su música a la ciudad donde  se formó en el duro batallar de la  vida, cuyo gran teatro Sauto lo recibió  muchas veces.

“En el año 2007 regresé definitivamente,  y unos meses después  hice un concierto junto con Pablo  en el teatro Mella, del que surgió el  CD Raúl y Pablo, con las canciones  que interpretamos allí, con conocidos  y otros nuevos, como Por la calle  Gelabert (o Príncipe sediento),  en homenaje al poeta, dramaturgo  y ensayista matancero José Jacinto  Milanés (1814-1863)”. Esa obra evidencia  su interés por cantarles a las  figuras de la historia y la cultura  nacionales, entre ellas a José Martí,  a quien desde los 17 años de edad ha  dedicado infinidad de temas, algunos  con letras de su padre y musicalizados  por él, recurrentemente  llevados a su peña en el Museo de  la Revolución, el último viernes de  cada mes, a las 6:00 p.m.

Con 12 discos grabados, casi todos  con más de una docena de canciones,  la impronta de Raúl Torres  se ha hecho imprescindible dentro  del variopinto panorama musical  cubano. Entre sus grandes propósitos  actuales se destaca el proyecto  Candil de Nieve, auspiciado por el  Ministerio de Cultura y la Empresa  de Promociones Artísticas y Literarias  Artex S.A., en el Centro cultural  Barbaram Pepito›s Bar (26, entre  Avenida Zoológico y calle 47, Nuevo  Vedado), “donde queremos reunir a  los trovadores cubanos, consagrados  y emergentes. Es un espacio pensado  además para el feeling, proyectos  discográficos y para improvisar  acompañados de la guitarra. Allí los  espero de martes a domingos”.

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