Fidel: savia y sostén de un pueblo

Fidel: savia y sostén de un pueblo

Dentro de algunas horas se va el 2016  que ha tenido un final doloroso. Juro que en lo personal debería estar muy feliz,  me asisten sobradas razones para ello, pero confieso que tengo un pesar que se hace ardor dentro, almendra amarga en los labios, y aunque pasan los días sigue ahí esa sensación de angustia por la desaparición física de Fidel.

Una sensación que aunque he sentido otras veces -muy pocas, por cierto- ante pérdidas queridas, no se aviene conmigo porque estoy hecha de alegría, confianza y optimismo. Creo también que se aferra a mí ese dolor  porque quien me enseñó que confiar y no creer en imposibles eran cualidades y condiciones para convertirme en  un ser humano pleno, ya no está físicamente.

Poco a poco me he ido recomponiendo, primero de la sorpresa, luego aceptar la certeza de la ausencia, entender que era humano, que él mismo nos lo anunció, pero no le creímos, porque lo hemos visto invencible hasta de la muerte.

Irremediablemente siento que él me exige: Yérguete, enjúgate el rostro. Adelante.

Por eso, porque una idea suya era una orden para mí, es que durante días he pensado mucho en cómo celebrar un aniversario del Triunfo de la Revolución sin él y me empino.

Comandante, hoy, de camino a mi casa observé a tu pueblo, era el mismo y es otro, unos terminaban las labores del día para iniciar la tradicional celebración en familia, otros iban con batas de médico hasta el policlínico cercano a cumplir el deber, sé de los que siguen haciendo zafra, de quienes prestan servicio en centros gastronómicos  y se esmeran por hacerlo bien, de quienes están lejos de la familia representando a la Patria… Estoy segura que  de ellos usted estaría orgulloso.

No puedo engañarlo, hay fotos tuyas, aunque sabemos no le gustaría, porque  quizás sean muchas más de las que usted mismo esperaba, pero es imposible evitarlo, es la manera de tenerle cerca, presente, vigente, de hacerle nuestro… y esa desobediencia, le pido nos la perdone.

He visto y me conmueven sus niños y sus  jóvenes. Aquí en Santa Clara reviven la historia,  rememoran la batalla que fue decisiva para derrocar la tiranía de Batista, vi un Che joven entre ellos y lo vi a usted multiplicado en cada rostro, escuché decir Seremos como el Che y gritar Yo soy Fidel.

No tengo dudas de que este final doloroso del 2016 se ha vuelto savia para continuar la obra, sostén para enarbolar con más ahínco sus ideas, para perfeccionar el proyecto que inició, para hacerlo más suyo  lo que a la vez  es ser más nuestro, porque este pueblo que usted hizo triunfador  ha madurado,  y a pesar del dolor, busca fuerzas para seguir su ejemplo: Hasta  la Victoria. Siempre

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