1958: Últimos días de la guerra

1958: Últimos días de la guerra

Fotografía que forma parte de la colección de 71 imágenes del rostro del Comandante en Jefe, captadas por Andrew Saint George, durante la entrevista concedida por Fidel al periodista canadiense Erick Deusschmied.
Fotografía que forma parte de la colección de 71 imágenes del rostro del Comandante en Jefe,
captadas por Andrew Saint George, durante la entrevista concedida por Fidel al periodista canadiense Erick Deusschmied.

 

En agosto de 1958, una vez derrotada la Ofensiva de Verano de la tiranía, el Comandante en Jefe del Ejército Rebelde, Fidel Castro Ruz, inició los preparativos de una ofensiva que pusiera término al régimen de facto imperante en Cuba desde el 10 de marzo de 1952.

Con esa finalidad creó dos columnas para invadir los territorios de Pinar del Río y Las Villas, misiones confiadas a los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, respectivamente. Asimismo dio vida a otras tres que fundaron el Cuarto Frente Simón Bolívar, con la encomienda de impedir el movimiento de fuerzas del régimen entre las provincias de Camagüey y Oriente, e igual cantidad para reforzar el Tercer Frente Mario Muñoz, comandado por Juan Almeida Bosque en las proximidades de Santiago de Cuba.

Inicialmente pensó en tomar la ciudad de Santiago de Cuba, capital de Oriente y sede de la segunda fortaleza militar del país, para después apoderarse del resto del territorio oriental. Pero al comprender que la ejecución de ese plan requeriría de un gran movimiento de hombres y recursos, determinó que lo primordial era tomar los pueblos y ciudades próximos a Santiago, con vistas a aislarla y dejarla lista para el asalto definitivo.

Contundente cadena de victorias

La cuidadosamente planeada operación comenzó con el ataque a Guisa, batalla librada del 20 al 30 de noviembre. A la rotunda victoria allí obtenida siguieron otras en diferentes zonas del territorio oriental y en el resto del país, de manera que para la última semana de diciembre la situación militar del régimen era deprimente.

En esa región, fuerzas del Segundo Frente Oriental Frank País, bajo la jefatura del Comandante Raúl Castro Ruz, rindieron las guarniciones de La Maya, Songo, Marcané, Caimanera y Sagua de Tánamo, entre otras poblaciones; las del Tercer Frente Mario Muñoz, a las de Puerto de Moya, Dos Palmas, La Aduana y El Cobre; en el Cuarto Frente Simón Bolívar, las de Puerto Padre, Bartle, Manatí y Buenaventura y otras localidades, y efectivos del Primer Frente José Martí, comandado por Fidel, se encargaron de Arroyo Blanco, Baire y Jiguaní.

Para el día 20, entre las ciudades de Santiago de Cuba y Bayamo solo Maffo —donde el adversario resistió durante 20 días, del 10 al 30— y Palma Soriano permanecían en poder de las fuerzas gubernamentales; sobre esta última se lanzaron combatientes del Primer, Segundo y Tercer frentes. La victoria allí alcanzada situó al Ejército Rebelde muy cerca de Santiago de Cuba, cuyos accesos por carretera y vías férreas habían sido previamente interrumpidos en correspondencia con las instrucciones emitidas por el Comandante en Jefe.

En el transcurso del mes, en Camagüey, Pinar del Río, La Habana y Matanzas, también se libraron importantes acciones; pero las más significativas fuera de la provincia oriental tuvieron lugar en Las Villas, donde las columnas de los comandantes Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos ejecutaron una intensa campaña que liberó las principales poblaciones.

Última semana del oprobioso régimen

Así, para el 28 de diciembre, Santiago de Cuba se encontraba totalmente aislada, y era inminente la rendición de las ciudades de Guantánamo, Bayamo, Victoria de las Tunas y Holguín, totalmente cercadas; en Las Villas, la columna Antonio Maceo combatía en Yaguajay, donde el adversario ofrecía tenaz resistencia, y el comandante Ernesto Guevara inició el ataque a la ciudad de Santa Clara, capital de esa provincia.

También en esa fecha, en el central Oriente se entrevistaron Fidel y el mayor general Eulogio Cantillo Porras, jefe del Primer Distrito Militar, con sede en Santiago de Cuba. Este último aceptó las exigencias revolucionarias: no permitir un golpe militar, subordinar incondicionalmente bajo la jefatura rebelde a las tropas del ejército que se incorporaran a la revolución, e impedir la fuga de Batista y de cualquier otro responsable de los desmanes del régimen. Mas como solo confiaba en sus hombres, Fidel prosiguió adelante con sus planes y ordenó a sus fuerzas aproximarse a Santiago de Cuba, la cual quedó así en la mirilla de las armas rebeldes.

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