Trabajadores

Violencia explícita

Foto: Eddy Martin

Desde hace semanas o meses, tal vez más, este grafiti enorme lo pueden ver los miles o decenas de miles de transeúntes que circulan cada día por la céntrica Calzada de Diez de Octubre, en la capital cubana. A nadie parece inquietarle. A mí me aterra.

A pesar de que no queda muy claro el género de las personas que menciona la susodicha pintada en la fachada de esta derruida ciudadela, sí es obvio que supone la confesión de un ¿amor? difícil.

Por desgracia, no creo que sea el Chulu, su presunto autor, el único que en Cuba cree en esa insana filosofía de “maltrata pa´ que te quieran”.

Esta es una concepción machista de gran arraigo popular todavía, y no solo entre los hombres, que conste; pero en la práctica resulta uno de los pretextos más comunes para justificar la violencia de género contra la mujer. Tal sayo puede vestirlo, no obstante, una persona abusiva, en nombre de una falsa pasión.

De cualquier manera, su exhibición impúdica en una pared de La Habana, hacia el espacio público, debería ponernos a pensar, o a actuar.

¿Por qué no reaccionamos ante situaciones como esta con el mismo rechazo o prontitud que ante otras expresiones públicas de mal gusto, chabacanería o que atentan contra los principios que queremos consolidar en nuestra sociedad?

Y el asunto es mucho más serio que un simple letrero en algún barrio humilde de la ciudad —aunque valdría la pena que cualquier organización de masas en la comunidad lo borrara, con la misma efectividad con que evitamos otros mensajes malsanos—. Porque este tipo de actitud no guarda relación directa con la condición socio-económica o nivel cultural de las personas, sino que tiene más que ver con prejuicios ancestrales, mitos misóginos, y desigualdades de poder todavía existentes entre el hombre y la mujer, que pueden operar en cualquier estrato o grupo poblacional.

El peligro de tales conceptos —ya sean dichos de manera explícita o mediante sutilezas— es que incitan a conductas violentas, que pueden abarcar desde el abuso psicológico hasta la agresión física, aun cuando quienes así piensan no siempre lo publiquen en la fachada de su casa.