Trabajadores

Había una vez un poste particular

Foto: Tomada de internet

 

Por  Doctor en Ciencias Ricardo González Labrada

Desde Buenaventura, cabecera del municipio de Calixto García de la provincia de Holguín, les escribe Ricardo González Labrada, profesor de la universidad Oscar Lucero Moya de la provincia de Holguín.

Es por todos conocido que recientemente el peligroso huracán Matthew afectó el oriente de nuestro territorio nacional. Sufrimos su inminente paso por la provincia y es muy frecuente que en este contexto surjan las más disímiles preocupaciones por parte de la población, este es mi caso.

En una fecha del mes de julio dejé constancia de mi preocupación, por escrito, en la Empresa Eléctrica, acerca de un poste de acometida que se encuentra en el patio de mi casa y no cuenta con las condiciones mínimas de seguridad, pues está podrido y amenaza con caer. Si esto sucediera, tres viviendas, incluida la mía podrían resultar severamente dañadas.

Después de haber reportado la situación el compañero que atiende este tipo de quejas se personó, valoró la peligrosidad y se comprometió a resolver otro de los que quitan a menudo en el municipio.

De esta manera pasaron los meses, se acercó el referido evento meteorológico y, como es natural, volví a acercarme a la empresa. Allí fui “recibido” por la directora Lisset Brito Lezcano, quien, después de tratar de escucharme (aún ni sé si lo hizo) me dio la más rebuscada y banal explicación, o lo que ella al parecer entiende por explicación.

Brito Lezcano me dejó claro que “eso” no era una prioridad y que además era mi problema. O sea, yo tendría que buscar madera de no sé dónde, la tecnología y las personas necesarias para ponerlo. En síntesis me hizo tan poco caso, que, para describirlo un tanto humorísticamente, este humilde súbdito se sintió relegado al más recóndito paraje de la peor de las geografías.

No voy a abundar mucho. Quiero enfocar la atención en aspectos que de ninguna manera pueden estar reñidos con el liderazgo, aunque soy consciente que llamarle líder a este tipo de personas sería un error garrafal.

En primer lugar, la sensibilidad es una cualidad y un valor que debe acompañar al liderazgo, sea cual fuere la institución de la que se trate. El acercamiento al pueblo es algo que actualmente se pide a gritos desde todas las instancias, y no es casual que así sea. Un dirigente que al menos se precie de ser revolucionario tiene que atender y respetar al pueblo como este se merece.

Mi modesto criterio es que no deberían abundar dirigentes de este tipo, la Revolución necesita de líderes que arrastren masas, no de malos jefes que maltraten y hagan sentir mal al pueblo. Aquí es donde deberían interpretarse cabalmente las palabras de nuestro invicto Comandante en Jefe cuando expresó: “…Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado… es ser tratados y tratar a los demás como seres humanos…”

Para no alargar la historia, el poste no dañó vivienda alguna, única y exclusivamente porque Matthew nos “perdonó” y porque un sencillo hijo de este municipio, Armando Perodín, se arriesgó a salvar la situación, conociendo que ponía en riesgo su propia vida.