Clinton-Trump: segundo round… más de lo mismo

Clinton-Trump: segundo round… más de lo mismo

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hilary-trump1En la versión moderna del pugilismo, ese deporte cuyo origen se remonta a los inicios de la condición humana, el primer asalto suele ser exploratorio, entre los contendientes que suben al encerado.

La apertura es una especie de indagación in situ de las armas que dispone el rival (que no se cansó de repetir con antelación que se llevaría el triunfo sin ninguna duda) al tiempo que sirve, de ambos lados, para presentar credenciales.

Es el único momento, si se quiere, donde los contrincantes muestran algún respeto por la otra esquina. De ahí que durante ese inicio, muchas veces proliferen más los desplazamientos sobre el cuadrilátero y las filigranas al aire, que los golpes a la anatomía del retador.

El segundo round, por el contrario, es el momento de embestir con todas las fuerzas al adversario, intentando colocarlo contra las cuerdas, para de paso dejar la impresión en el referee, los jueces, y especialmente el público, que el oponente no tiene combustible para reponerse, ni siquiera en el capítulo conclusivo.

Quien recibe la andana de golpes no deja de invocar el sonido trepidante de la chicharra (en cuántos ámbitos es válida la frase de “Lo salvó la campana”) como única opción para mantenerse en pie.  Más tarde, el agua sobre el rostro y la brisa ligera que surge de la labor recuperativa que despliegan los entrenadores es aliento para encarar el nuevo desafío, aunque se tenga conciencia de que no es posible revertir el panorama.

En la cada vez más costosa y enrevesada contienda electoral en Estados Unidos, los intercambios face to face entre los escogidos por demócratas y republicanos representan momentos de singular importancia, en el intento de vencer en los comicios, garantizando así la conducción del aparato ejecutivo dentro del sistema político.

Los debates presidenciales, dado el profundo carácter de show a ellos asociado, tienen similitudes con las peleas de boxeo, si bien muchas veces los candidatos enrolados en la carrera hacia la Casa Blanca carecen de la destreza, elegancia y maestría de las grandes figuras que han hecho legendaria a esta disciplina.

Ronald Reagan, George Bush, padre e hijo, o John McCain (y también William Clinton, Al Gore, John Kerry y Barack Obama), por citar varios de los últimos casos, hubieran deseado contar, al menos por unos minutos, con la capacidad de pelear con éxito en todas las distancias -pegando sin casi recibir impactos- de esos artistas sobre el ring que constituyeron sus coterráneos Joe Luis, Ray “Sugar” Leonard y Mohamed Alí, o el húngaro László Papp y los cubano Eligio Sardiñas, “Kid Chocolate” y Teófilo Stevenson.

Estos boxeadores hicieron época con sus demostraciones fabulosas, alcanzando el brillo mayor en peleas de marcada notoriedad. Pienso, por ejemplo, en el duelo en que Joe Luis, “El Bombardero” de Detroit, venció inobjetablemente a Max Schmeling en 1938. Un combate vibrante que terminó en el primer asalto con la victoria del norteño, y el germano con dos costillas rotas. La pelea paralizó prácticamente al mundo, con el telón de fondo de que el alemán fue visualizado por el nazismo hitleriano como el portento físico que demostraba la supuesta supremacía blanca. [1]

También en Kid Chocolate, quien el 15 de julio de 1931 ganó el título de campeón mundial al derrotar a Bennny Bass, en Filadelfia tras siete rounds (el antillano, además de su extraordinaria calidad boxística poseía enorme carisma, convirtiéndose celebridad  social) o en el momento en que “Sugar” Leonard, en 1981,  desbancó en toda la línea a Thomas Hearns, obligando a detener las acciones en el asalto 14.  El nacido en 1956 en Carolina del Norte ganó el título olímpico en Montreal 1976, y fue el primero en conquistar más tarde coronas universales profesionales en cinco divisiones.

De igual manera en Stevenson apabullando por RSC, al 1. 48 minutos del tercer asalto de cuartos de final, al estadounidense Duane Bobick, la “Esperanza Blanca”, en la olimpiada de Múnich 1972. Ese triunfo del tunero fue antesala del éxito que obtuvo en la final ante el rumano Ion Alexe –a quien venció por abandono-, ganando de esa manera la primera de sus tres coronas bajo los cinco aros, con las que igualó el quehacer de László Papp, quien lo hizo en Londres 1948, Helsinki 1952 y Melbourne 1956.   Asimismo en Mohamed Alí, acuñando su célebre frase de “pico como una abeja y vuelo como una mariposa” luego de imponerse a Sonny Liston, Joe Frazier, George Foreman y otros contrincantes.

Por cierto, siempre quedará como la pelea más grande que no se concretó el enfrentamiento entre Alí y Stevenson, dos hombres a los que unió una gran amistad y que trascendieron por su valentía y compromiso social más allá del entorno atlético.

Eso sí, retomando la temática electoral, también existen diferencias. Mientras que los boxeadores no pueden tirar “codazos ni cabezazos”, y mucho menos lanzar un swing por debajo de la faja del oponente, los aspirantes presidenciales tienen luz verde para arrojar los más inauditos improperios y acusaciones, incluyendo aquellas sobre asuntos de índole personal.

El fair play que preconizan las autoridades deportivas olímpicas no encuentra eco en las estructuras que sustentan las batallas electorales, pues ello implicaría asumir un conjunto de normas que “reducirían” el campo de acción de cada cual.

Desde esa óptica, la pugna televisada entre los que desean convertirse en jerarcas supremos del imperio se parece más a un encuentro de la Ultimate Fighting Championship (conocida como Vale Todo en español) donde cada estratagema es oportuna. [2]

“Cuando eres una estrella puedes hacer lo que quieras”. Donald Trump

hilary-trump2Este domingo 9 de octubre tuvo lugar en la Universidad de Washington, en Misuri, la segunda confrontación entre Hillary Clinton y Donald Trump, luego de la primera efectuada el lunes 26 de septiembre, en la Universidad Hofstra de Nueva York, y del choque entre sus respectivas propuestas a vicepresidentes (el senador por Virginia Tim Kaine y el gobernador de Indiana Mike Pence) celebrado el martes 4 de octubre, en la Universidad Longwood en Farmville, Virginia.

En esta ocasión hubo dos moderadores, Anderson Cooper, presentador de la CNN, y Martha Raddatz, corresponsal jefe para política exterior de la cadena ABC.

El intercambio se presentaba de manera compleja para Trump, particularmente por los continuos escándalos en los que se ha visto inmerso, a partir de sus comentarios grotescos en relación a las féminas.

Después del encuentro inicial, el magnate encontró rechazo al recordarle la Clinton su  comportamiento racista y misógino contra Alicia Machado, Miss Universo en 1996.

Ahora fue el propio empresario quien obtuvo el repudio republicano, tras la divulgación de un video y audio, difundidos nada menos que por el Washington Post, en los que se ufana de que puede hacer lo que le venga en ganas con las mujeres,  «por ser una estrella».

«Siento atracción por las chicas guapas de forma automática. Simplemente empiezo a besarlas, es como un imán. Sólo las beso, ni siquiera espero. Cuando eres una estrella te dejan hacerlo. Puedes hacer lo que quieras, tomarlas por el trasero, puedes hacerles lo que quieras», dijo con total desparpajo.

El material generó de inmediato la desaprobación dentro de la cúpula republicana. El ex candidato presidencial John McCain declaró que las expresiones de Trump: «hacen que sea imposible continuar ofreciendo un apoyo a su candidatura». La ex secretaria de Estado, Condoleezza Rice, remarcó que: «Basta, Donald Trump no debería ser presidente. Él se debería retirar».

John Thune, senador por Dakota del Sur y uno de los republicanos con más influencia en el Senado fue enfático en su valoración: «Donald Trump debe retirarse y Mike Pence debe ser nuestro candidato inmediatamente».

Dennis Daugaard, gobernador del propio estado, se unió a Thune. «Ya es suficiente. Donald Trump debería retirarse a favor del gobernador Mike Pence. Esta elección es demasiado importante «, acotó.

Pence, compañero de fórmula de Trump y que en el pasado también tuvo otros temas de divergencia con el peculiar personaje tomo cierta distancia, si bien no quemó completamente las naves: «No justifico sus comentarios y no puedo defenderlos. Agradezco que haya expresado su arrepentimiento», afirmó.

El republicano Gary Herbert, gobernador de Utah, le retiró igualmente el apoyo. «Las declaraciones de Trump van más allá de lo ofensivo y despreciable. Si bien no puedo votar por Hillary Clinton, tampoco lo haré por Trump», plasmó sin reparos en la red social Twitter.

Brian Sandoval, gobernador de Nevada, aprovechó asimismo la ocasión para fijar su posición.  «Este video expone no sólo palabras, sino un patrón establecido, que me parece repugnante e inaceptable para un candidato a presidente de los Estados Unidos. No puedo apoyarlo como candidato de mi partido», precisó.

John Boozman, senador de Arkansas, fue todavía más explícito: «Si alguna vez oyera a alguien hablar de esta manera sobre (mis hijas y nietas), esa persona tendría que comprarse dientes nuevos».

Los senadores, Lisa Murkowski y Dan Sullivan (Alaska); Shelley Moore Capito, de Virginia Occidental, y Cory Gardner, de Colorado también dejaron de respaldarlo, postura asumida por otras veinte importantes figuras de su agrupación política.

El estruendo provocado por el video obligó incluso  a pronunciarse a Melania Trump, esposa del aspirante republicano, con el agravante de que cuando dicho material fue grabado, septiembre del 2005, ya había contraído nupcias con Trump.

“Las palabras que mi marido usó son inaceptables y ofensivas para mí. Esto no representa al hombre que conozco. Él tiene el corazón y la mente de un líder. Espero que la gente acepte sus disculpas, como yo, y se centre en los problemas importantes que enfrentan nuestra nación y el mundo», expresó en un intento por paliar los efectos devastadores de una grabación de tal naturaleza.

Tablas con ensaladas de palabras y respuestas confusas.

hilary-trump3Con tales escándalos a cuestas era presumible que el encuentro sería más ríspido que el anterior, dejando por completo de lado cualquier procedimiento amigable. La cuestión en sí era de qué manera Hillary aprovecharía el cisma abierto por su rival entre los republicanos, en tanto para Trump lo esencial era revertir la situación, enfilándose por entero en los puntos débiles que acompañan a la ex senadora neoyorquina.

No debe soslayarse que el intercambio tuvo lugar en Misuri, un estado del medio oeste que colinda con el cinturón industrial de EE.UU. y en el que Trump tiene hoy ventaja sobre Clinton, aprovechando las zonas rurales en las que «el derecho a portar armas, los impuestos y la oposición al aborto mueven votos”, según consideran varios expertos, entre ellos William Lowry, profesor de ciencias política en la universidad que sirvió de sede a la confrontación.

Como cuestión adicional esta vez estuvo la inclusión dentro del formato acordado de respuestas a preguntas de votantes. Esta modalidad  («town hall», en inglés) nació en las elecciones de 1992, y representó en aquella oportunidad (hasta sus oponentes lo reconocieron más tarde) un impulso significativo para la campaña de Bill Clinton, quien se enfrentó entonces contra el presidente George H. W. Bush y el multimillonario texano Ross Perot, quien corrió como candidato independiente.

Hay que considerar que el espectáculo televisivo pasa por exacerbar las divergencias, vendiéndole al público un producto que entronca con lo más superfluo de los reallity show.

Si el tono sube –y ello es necesario para demostrar desde ambos bandos que se lleva la voz cantante-  potencialmente se incrementará la audiencia. Ello es reflejo, al mismo tiempo, de la matriz de opinión que se ha sembrado durante decenios en la mente del ciudadano común estadounidense, y de la sociedad de consumo en general, que exalta lo banal en detrimento de los análisis detallados sobre la compleja realidad a la que se enfrentan.

En esa avalancha de ataques y contraofensivas; réplicas y formulaciones, cuyo propósito más que aclarar un asunto es desacreditar al rival, hubo también un coctel conformado con diversos ingredientes.

Desde el ObamaCare hasta la situación en Alepo, Siria, pasando por el combate al Estado Islámico, las políticas energéticas, o la manera de nombrar jueces a la Corte Suprema, sin dejar atrás la temática de los inmigrantes, fueron aspectos mediantes los cuales cada uno intentó poner en situación embarazosa al contrincante.

Como nada es desechable para doblegar al adversario (el sistema se inspira en el principio maquiavélico de que el fin justifica los medios) hubo además acusaciones extrafronterizas. Hillary, por ejemplo, la emprendió contra Rusia explicando que estaba detrás de lo que sucedió con las filtraciones de Wikileaks, en las que se divulgó un video en que ella elogia a Wall Street.

“Nunca en la historia de nuestro país hemos tenido una situación en la que un adversario (Rusia), un poder extranjero, esté trabajando tan duro para influir en el resultado de la elección. Y créanme, no lo están haciendo para mí”, dijo Clinton al acusar a Moscú de querer que Trump llegue a la Casa Blanca.

En relación con Siria, Clinton señaló que: “la situación es catastrófica. Tenemos que tener cierta palanca o influencia con los rusos porque no van a venir una negociación. Tenemos que trabajar con nuestros aliados y socios, pero lo que está en juego son las ambiciones de Rusia, quienes están interviniendo en estas elecciones”.

La ex secretaria de Estado agregó “Yo no usaría fuerzas terrestres en Siria, eso sería un error (…) Espero que para cuando yo sea presidenta hayamos sacado a Isis de Irak».

Trump contraatacó planteando que: “ella habla muy duro de Putin y Assad. Habla de los rebeldes, pero no sabe quiénes son los rebeldes. (…) No me gusta (Bashar) el Asad, pero al Asad está combatiendo al Estado Islámico (EI). Rusia está combatiendo al EI. E Irán está combatiendo al EI. Y esos tres se han alineado debido a nuestra débil política exterior”, apuntó.

En su estilo, que en nada sugiere la concepción que la mayoría de las personas poseen de un  estadista, añadió: «…no me gusta Assad, pero Assad está matando a Isis. Rusia está matando a Isis, e Irán está matando a Isis. Nuestro programa nuclear no avanza pero el ruso sí. Tenemos chatarra».

En el epílogo, compelidos a expresar algo bueno uno del otro, salió a relucir que, aunque se quiera dar una imagen de enfrentamiento y espontaneidad en estos duelos, existe gran concertación de lo que ocurre ante las cámaras.

Trump, como el sprinter que se roba la arrancada en la pista, afirmó: “Voy a decir esto sobre Hillary: ella no abandona, no se rinde. Es una luchadora”. Clinton, en una óptica maternal, replicó: “Respeto a sus hijos. Son increíblemente capaces y leales, y creo que eso dice mucho sobre Donald”.

Al final este segundo capítulo no resolvió, pese al enorme trabajo desplegado por sus respetivos asesores, las carencias de cada cual. Como apuntó la experta en comunicación política de la Universidad de Boston, Tammy Vigil: «Trump no crea empatía demasiado bien con la gente que no forma parte de su base principal de votantes, mientras que Clinton, percibida por muchos como distante y calculadora, tiene que intentar ser más afable sin que parezca que está intentando ser más afable», resumió.

En buena lid, en consideración de Anthony Zurcher, corresponsal de la BBC en Washington, Trump volvió a ofrecer «ensaladas de palabras cuando hablaba de sus propuestas políticas sobre reforma sanitaria o Siria. Y Clinton volvió a dar una respuesta confusa sobre su servidor de correo electrónico».

Interrogado sobre el vencedor en la lid (obtener dicha categoría es la cumbre sobre la que se monta todo el andamiaje) el analista optó por una posición más equilibrada: «Si algo, el debate resultó en un empate. Con Clinton por delante en las encuestas, probablemente le venga bien el empate». [3]

El miércoles 19 de octubre, en Las Vegas, tendrá lugar el último de estos  enfrentamientos cara a cara, dejando servida la mesa para el sufragio del martes 8 de noviembre.

*El autor es Licenciado en Historia; Especialista en Seguridad y Defensa Nacional y Profesor Auxiliar del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana.

Notas, citas y referencias.

[1] Fue un pelea revancha, pues el 19 de junio de 1936 Joe Luis cayó por K.O. en el duodécimo asalto ante Schmeling,  en el mítico  Yankee Stadium de Nueva York. Luego del triunfo del estadounidense ambos serían excelentes amigos.

[2] La Ultimate Fighting Championship (UFC) es la mayor empresa de artes marciales mixtas en el mundo, que alberga buena parte de los mejores peleadores del ranking y produce eventos por todo el mundo.

El primer evento de UFC se llevó a cabo en 1993 en Denver, Colorado. El propósito fue identificar el arte marcial más efectivo en una pelea real entre competidores de diferentes disciplinas de combate, incluyendo el boxeo, jiu-jitsu brasileño, sambo, lucha, muay thai, karate, judo, entre otros estilos. En competiciones posteriores, los contendientes comenzaron a adoptar técnicas eficaces de más de una disciplina, lo que indirectamente ayudó a crear una modalidad completamente separada de la lucha tradicional,  conocida hoy día como artes marciales mixtas.

[3] “Elecciones en Estados Unidos: ¿quién ganó el segundo debate entre Hillary Clinton y Donald Trump?”, en: http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-37604302. Pueden consultarse además, entre múltiples trabajos, “Clinton v/s Trump: Así fue el segundo debate presidencial en Estados Unidos”, en: http://www.t13.cl/noticia/mundo/clinton-v-s-trump-asi-fue-el-segundo-debate-presidencial-en-estados-unidos; “El morbo domina nuevo debate presidencial en EE.UU.”, en: http://www.elsalvador.com/articulo/morbo-domina-nuevo-debate-presidencial-eeuu-127852; “Rebelión republicana: le piden a Donald Trump que retire su candidatura y hasta su esposa, Melania, lo critica”, en: http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-37599223; “Intenso segundo debate entre Trump y Hillary, a 30 días de las elecciones en EEUU”, en: http://www.ambito.com/858081-intenso-segundo-debate-entre-trump-y-hillary-a-30-dias-de-las-elecciones-en-eeuu.

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