Sin prejuicios, vale reflexionar: XVI Salón de Artesanías Artísticas Eduardo Martínez

Sin prejuicios, vale reflexionar: XVI Salón de Artesanías Artísticas Eduardo Martínez

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El Tercer premio compartido recayó en Lorenzo Daniel de Paz por su marquetería titulada Mi Chevrolet.
El Tercer premio compartido recayó en Lorenzo Daniel de Paz por su marquetería titulada Mi Chevrolet.

Tras vencer disimiles obstáculos y adversidades logísticas, el novel ejecutivo de la filial de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (Acaa) en Ciego de Ávila llevó a feliz término la realización del XVI Salón Provincial Eduardo Martínez, luego de varios meses de total entrega que casi únicamente contó —como en pocas provincias que emprenden similar tipo de encuentros— con el apoyo de los trabajadores y directivos del Consejo Provincial de las Artes Plásticas en ese territorio, gestión que encabezó su joven presidente y artífice de la plástica Bárbaro Toranzo Gordillo.

El gran premio del XVI Salón de Artesanía Artística Eduardo Martínez correspondió a Edel Antonio González Sosa, con la escultura en técnica mixta titulada Zarabanda, hierro y miel
El gran premio del XVI Salón de Artesanía Artística Eduardo Martínez correspondió a Edel Antonio González Sosa, con la escultura en técnica mixta titulada Zarabanda, hierro y miel

Sin embargo, este evento, que igualmente tuvo la encomiable colaboración de familiares cercanos a algunos de los funcionarios de la Acaa avileña, encontró su talón de Aquiles en la respuesta desbalanceada de los afiliados a esa organización, muchos de los cuales llevaron a él creaciones artesanales “artísticas” que laceraron la lucidez general del salón, en el que debió de exhibirse lo mejor en las manifestaciones convocadas con tal fin, como las que se apreciaron en distintas confecciones, entre las que se seleccionaron los premios y menciones.

Una apasionada trabajadora de la Acaa en esa provincia, la cual es uno de los pilares en la estructuración de este suceso de las artes visuales —el más importante de esa entidad— sugería que no debía de resaltarse el lado débil de esta cita en la que participaron unos 130 artífices, ya que de algún modo minimizaba la tenaz labor de muchos de ellos, y de los organizadores, durante varios meses.

Nobles intenciones aparte, es deshonesto afirmar —en beneficio de futuras ediciones— que asistimos a un buen salón. En esta convocatoria del Eduardo Martínez, en la galería que lo resume se exhiben proyectos triviales, algunos marcadamente kitsch, con los que se ponen en tela de juicio la brillantez de la exposición y los talantes profesionales de sus autores.

Este tipo de acontecimiento debiera de concertar alrededor de sí un dinámico movimiento de ideas entre la mayoría de los miembros de la Acaa, quienes ponen sus creaciones a juicio del tribunal de admisión institucionalizado para tal fin, encargado de seleccionar lo más sobresaliente entre ellas. Esa espinosa encomienda evidenció paternalismo y falta de exigencia a la hora de escudriñar variopintos lenguajes artesanales entre los que lógicamente convergen, como en todo tipo de concursos, trabajos con notable excelencia, otros más pobres y algunos indiscutiblemente inaceptables.

¿Qué causas motivaron el incuestionable desnivel artístico de este salón? Ante todo la atribución dada al tribunal encargado de la recepción de las obras de decidir, de manera irrevocable, las confecciones que se muestran e igualmente asumir su curaduría, lo que propició, por otra parte, que los especialistas comisionados para la museografía desempeñaran la difícil tarea de “acomodar” un enorme número de piezas, entre las que debieron desecharse algunas incuestionablemente incompetentes.

No deben de mezclarse las exigencias técnicas y artísticas que debieran caracterizar las faenas de los jurados de admisión, con las responsabilidades correspondientes a la necesaria curaduría de la exposición. Se trata de valoraciones diferentes que pueden ser colegiadas para finalmente, mediante un riguroso proceso de selección, conformar una vitrina representativa de lo mejor de la artesanía artística en Ciego de Ávila. En el oficio de curar radica la preservación del prestigio de los artistas y de las galerías.

Corresponde a la Acaa avileña, y en particular a us joven y dinámico presidente persuadir a sus afiliados de la importancia que la exigencia por la calidad demanda este encuentro que debiera dejar profundas huellas en la historia de la cultura de la provincia.

Según un colega avileño hubo “generosidad en la entrega de tantos premios compartidos y menciones”. Para suerte del evento, entre las obras expuestas hay varias que ameritan tales lauros. Lo injusto hubiese sido, por cuenta del mencionado desbalance del salón, ignorarlas. Nada tienen que ver la cantidad de galardones concedidos con el número de trabajos —buenos, regulares y pésimos— concursantes.

Segundo premio para el proyecto Justo a la moda, integrado por los creadores José Antonio Echevarría, Misleidis Ríos Arnáiz y Maidelín Ríos Arnáiz. Este lauro fue compartido con Raudel E. Ruíz Vázquez con su pieza Cristo por la paz (metal).
Segundo premio para el proyecto Justo a la moda, integrado por los creadores José Antonio Echevarría, Misleidis Ríos Arnáiz y Maidelín Ríos Arnáiz. Este lauro fue compartido con Raudel E. Ruíz Vázquez con su pieza Cristo por la paz (metal).
Pedro Ramón Carral Daniel obtuvo el primer premio con su trabajo en técnica mixta titulado Autogiro La Cierna C-R30A.
Pedro Ramón Carral Daniel obtuvo el primer premio con su trabajo en técnica mixta titulado Autogiro La Cierna C-R30A.

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