Bosques sanadores

Bosques sanadores

Está demostrado científicamente el efecto curativo de los bosques, sobre todo en la reducción del estrés y la fatiga. Foto: Agustín Borrego Torres
Está demostrado científicamente el efecto curativo de los bosques, sobre todo en la reducción del estrés y la fatiga. Foto: Agustín Borrego Torres

 

El bosque es reparador, creador de sueños y de músicas. Apacigua el alma y la refresca. Entrar a un bosque, de esos añejos y bien tupidos, es como llegar a un templo donde se hacen confesiones y se piden los buenos deseos.

Quien se cobija en las grandes arboledas sanará males del cuerpo y del espíritu; y eso no lo digo yo, lo afirman los científicos, lo recetan los médicos y lo aconsejan los biólogos. Solo que en Cuba no han prendido aún esas materias, como sí se hacen uso de ellas en Japón, en China y en otros países asiáticos.

El poder terapéutico de los árboles —según fuentes consultadas— se debe en gran parte a la calidad  del aire que generan, que está más oxigenado, más  limpio, ya que estos retiran de la atmósfera dióxido  de carbono, gases nocivos y partículas dañinas; es  más saludable, y esparcen los compuestos orgánicos  volátiles que emiten.

Estudios realizados por galenos españoles demuestran que “al pasear por un bosque se producen  efectos fisiológicos: baja la tensión arterial, la frecuencia del corazón, se modifica la variabilidad cardíaca… Esto indica que se está activando el sistema  nervioso parasimpático, encargado de las funciones  restauradoras del cuerpo, y desactivando el simpático, el de lucha o huida”.

Lo más sorprendente, asegura ese estudio, es que se ha descubierto que el contacto con el bosque mejora directamente el sistema inmunitario. Su sombra es un símbolo de protección, recogimiento y relajación, y sus habitantes vegetales aportan en todas las estaciones un enorme tesoro de remedios curativos.

La experiencia desarrollada con pacientes con fibromialgia arrojó que aquellos que habían realizado una serie de ejercicios dentro de un bosque ma-duro (sin o con poca intervención del hombre, con más de medio centenar de años) mejoraron, aumentaron los días sin dolor e insomnio, y percibieron  más bienestar.

Quienes padecen alergias, asma, dermatitis atópica y debilidad cardíaca, consiguen buenos resultados terapéuticos gracias a la permanencia en  contacto con la floresta. Los que sufren dolores de  espalda crónicos pueden pasear por la superficie  amortiguada del bosque y recuperar el placer de caminar y experimentar una auténtica regeneración  de sus articulaciones.

Clarificador fue el llamado estudio de la ventana, de Roger S. Ulrich, de la Universidad A&M, de Texas, quien observó la evolución de pacientes recién operados: los que veían un trozo de bosque con muchos  árboles precisaron menos calmantes, estaban con mejor estado de ánimo y recibieron el alta antes que las  personas que miraban directamente a una pared de  piedra o cemento.

El ingeniero forestal Jaume Hidalgo, responsable del proyecto Selvans, de Acció Natura, indicó que gracias a la biodiversidad de este tipo  de escenario hay una aerobiología específica, una  serie de esencias volátiles que producen las plantas por diferentes motivos que ayudan a mejorar  la salud. En ello influye, además, la belleza y majestuosidad de los árboles, y la riqueza y elementos mágicos de sus paisajes.

Japón ya integró los grandes bosques, que denominan como terapéuticos, al sistema de salud nacional. Destacan el impacto que tienen sobre el bienestar  sicológico: mejora de la ansiedad, de la melancolía o  la fatiga, y también el sentimiento de espiritualidad.

Desde la década de los 80 los médicos japoneses recetan paseos de dos horas por bosques a ciudadanos de grandes urbes afectados de estrés y otrasdolencias habituales de la vida de hoy. Los paseos se denominan baños de aire del bosque, y sus efectos están siendo evaluados por inmunólogos, neurólogos y fisiólogos. Los resultados son concluyentes: tras dos horas de paseo por un bosque disminuye la hormona del estrés (cortisol), aumenta la concentración de linfocitos y proteínas anticáncer; y la actividad cerebral  se desplaza a áreas del cerebro relacionadas con la  emoción, el placer y la empatía.

La doctora española Cristina Oriol hace un llamamiento a los profesionales de la salud para que  prescriban naturaleza, y en concreto bosques, a los  adultos y sobre todo a los niños, tal como se receta  una alimentación saludable o practicar ejercicio.

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