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La identidad cultural del Caribe es un recurso de supervivencia

Foto: Juvenal Banal
Foto: Juvenal Banal

 

El cineasta y director de la Muestra Itinerante de Cine del Caribe, Rigoberto López, impartió en la tarde de este jueves una conferencia acerca de la diversidad cultural de la región, asunto que a su modo de ver es uno de los valores que favorecen la integración caribeña.

Comenzó recordando el aporte de los intelectuales Norman Girvan, ex secretario general de la AEC, y del poeta, ensayista y dramaturgo Edouard Glissant, de Guadalupe.  Ambos contribuyeron notablemente a entender la dimensión amplia y diversa de lo caribeño en su identidad múltiple y semejante.

El director del filme cubano de Roble de olor (2003) y del documental Yo soy del son a la salsa (1996) afirmó que el concepto de Gran Caribe habría que agradecérselo a la fundación de la Asociación de Estados del Caribe (AEC) pues la noción estuvo durante mucho tiempo limitada a las islas del Mar de las Antillas.

Los intentos iniciales de unidad caribeña se conformaron en función de las divergencias coloniales, dijo, de modo que los primeros esquemas respondían a las afinidades lingüísticas de cada grupo de países de la zona.

Ese proceso de identificación de vecindad solo se reducía al espacio marino y separaba aún más las islas del continente pues al aludir a las West Indies se perdía una orilla, limitando al Caribe a las aguas del arco y al puente de islas.

Frente a esa visión reduccionista, Rigoberto colocó otra, esa que “ocasionalmente puede expandir nuestra mirada en el encuentro de elementos identitarios en los que podemos reconocer semejanzas en medio de mucha diversidad”. Se refería así al Caribe Cultural, “todo lo que queda al Sur de Estados Unidos y el Norte de Brasil, una afro América central, o tan solo Afro América”.

La región del Caribe es donde se dieron cita las más diversas civilizaciones, etnias, nacionalidades y culturas para dar lugar a lo que el gran escritor barbadense George Laming ha llamado la civilización caribe, aseguró. No existe un espacio tan pleno de diversidad, heterogeneidad cultural y a la vez de tantas semejanzas, de modo que se puede hablar de una identidad supranacional en la que, advirtiéndose las diferencias, se identifican similitudes condicionadas por procesos históricos y claves identitarias comunes como es, por ejemplo, la impronta  africana.

Lo propio está en lo diverso, argumentó, en esa raíz común que hallamos en la historia de colonialismo, esclavitud, cimarronaje, rebeldía, mito, leyenda y fe compartidas. En ese contexto ha florecido el arte y la literatura para expresar esa “cercanía espiritual y dolorosa entre antillanos” de que habló José Martí.

La historia del Caribe es la de las migraciones, explicó, y eso habla de las interinfluencias, pero también de la fragmentación, de la balcanización por intereses coloniales y geopolíticos.

Advirtió que el conjunto de países caribeños requiere del auto reconocimiento de esa condición de identidad caribeña por encima de la de insularidad predominante,  lo que se hace vital para el destino de nuestros pueblos y naciones.

Debemos tener la convicción de que las identidades peculiares son inalienables y complementarias y que la unidad del caribe es una reconquista cultural.

Para la región también resulta vital reconstruir la memoria colectiva desde los medios de comunicación. La no historia, las versiones reductivistas y la incomunicación han sido un atentado continuo a la memoria y al imaginario colectivo, y en ellas reside la capacidad de reconocernos los unos en los otros.

López recordó entonces la frase del escritor de Santa Lucía, Dereck Walcoot: “Todas la Antillas, cada isla, son un esfuerzo de la memoria” y el efecto implacable que tienen los “bloqueos ideológicos” sobre la memoria colectiva.

Puso de ejemplo el heroísmo silenciado de Delgres cuando en 1802 se sacrificó, junto a sus 300 hombres, en el Polvorín de Matouba, en Gaudalupe, para no rendirse ante los 6 mil soldados franceses que lo cercaron. También el que cercó las hazañas del pueblo haitiano frente a las tropas de Napoleón. Esos bloqueos ideológicos han funcionado, como los económicos levantados contra Haití luego de su revolución, hace más de 200 años, y contra Cuba, aún vigente.

Es esencial que los caribeños no dejemos a otros la tarea de formular nuestra cultura, y que entendamos el riesgo que se levanta ante el “mimetismo improductivo de valores impuestos”.

A lo largo del Caribe ha habido un florecimiento de la literatura y las artes que demuestra que una Nación ha nacido en la región, hecho que desde 1949 fue reconocido por el poeta y ensayista guyanés Arthur Seymour.

Para mí el Caribe es un barrio donde se hablan varios idiomas, redondeó el cineasta, un barrio que mirado a la luz de hoy, permite afirmar que aquí se inició la globalización en su primera acepción geográfica e histórica desde sus cartas de presentación al mundo.

“Parecería que desde el día mismo de los descubrimientos, cuando el Gran Almirante se identificó ante la Reina como el primero en ver tierra y reclamar para sí los  10 mil maravedíes prometidos a quien así lo hiciera, por lo que fueron a parar a sus manos y no a los de Rodrigo de Triana, la falsedad como predestinación ha sido parte de las tramas del imaginario sobre el Caribe”.

Criticó entonces los estereotipos que desde entonces se han establecido  por el cine y los audiovisuales es general que nos remiten y reducen a una hilera de islas exóticas habitado por ociosos y rítmicos pobladores.

¿Cuántos conocen que los caribeños compartimos una extraordinario riqueza ética e intelectual que se precia de tener 12 Premios Nobel?, preguntó López. Recordó que 6 lo  ganaron por su obra literaria (Saint Jhon Perse, Guadalupe; Miguel Ángel Asturias, Guatemala; Gabriel García Márquez, Colombia; Octavio Paz, México; Dereck Walcott, Santa Lucía y V. S. Naipul, Trinidad y Tobago); 3 por su contribución a la paz (Alfonso García Robles, México; Oscar Arias, Costa Rica y Rigoberta Menchú, Guatemala) y 3 por sus aportes científicos (Baruj  Benacerraf, médico e inmunogenetista venezolano;  Mario J. Molina, químico mexicano y Sir Arthur Lewis, economista de Santa Lucía).

Listó además “una pléyade de grandes escritores y artistas, pensadores que con su extraordinaria obra han dado rostro y trascendencia a nuestras culturas como espejos múltiples:  Aime Cesaire, Frantz Fannon, Edouard Glissant, Laming, Dobru, y de los nuestros: Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Wilfredo Lam, Agustín Cárdenas…

En cuanto al reflejo del caribe en el cine, Rigoberto recordó que los primeros filmes que se aproximaron a esta región fueron Flame of passion y Pearl of Antilles, producidos por Hollywood y filmados en Jamaica en 1915.

En ese mismo año (1915) otra película filmada en el área The birth of a Nation, dirigida por  W. Griffith, cerró el acceso a los actores negros, mientras que Robinson Crusoe, hecho en Trinidad y Tobago en 1927, refleja el mito del hombre ilustrado frente a la cultura primitiva.

White Zombie, de 1932, se recuerda como uno de los primeros filmes de zombies, es clásico del cine de horror donde aparece la metáfora, luego muchas veces repetida, de la muñeca que es pinchada por un alfiler.

En 1973 aparece Live and let die, de James Bond, que se  centra en el vodú y en el 2003 Piratas del Caribe, donde se retoma el tema de los muertos vivientes.

Frente a esa construcción manipuladora se ha levantado la Muestra de Cine Itinerante del Caribe que durante 8 años ha permitido a los habitantes de la región encontrarse a si mismos en filmes, documentales y audiovisuales que son verdaderas obras del arte.

López recordó a Glissant cuando afirmó que “Lo que parecía constituir una debilidad de las relaciones caribeñas, el carácter compuesto e estas sociedades, su evidente multilingüismo, su dispersión en islas en un mar abierto, es lo que hoy día dibuja en perspectiva, a la vez, su solidaridad de hecho y su presencia en el mundo”.

Y concluyó llamando a ser persistentes  como único recurso de supervivencia frente a la desmemoria: “La supervivencia es el triunfo de la obstinación”, seamos obstinados, convocó.

 

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