Bernardo Comas: los sueños truncos

Bernardo Comas: los sueños truncos

Bernardo Comas, campeón mundial de boxeo en 1982, es hoy uno de los entrenadores del equipo provincial de Camagüey. Foto: César A. Rodriguez.
Bernardo Comas, campeón mundial de boxeo en 1982, es hoy uno de los entrenadores del equipo provincial de Camagüey. Foto: César A. Rodriguez.

Bernardo Comas tiene 55 años, las manos ásperas y los dedos visiblemente nudosos de quien ha golpeado una y otra vez la vida hasta ver sangrar sus puños. Siente el placer de saberse campeón mundial de boxeo y la certeza de que en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 el podio de los 75 kg pudo haber sido suyo.

Su carrera es impresionante: casi una década en el equipo nacional, 203 victorias en 234 salidas; cuatro veces campeón nacional y líder mundial (1982), centrocaribeño, panamericano y de los Juegos de la Amistad de 1984.

Nació el 14 de noviembre de 1960 en la finca El Ingenito, perteneciente al central Colombia, ubicado en la actual provincia de Las Tunas. Sin embargo, cuando la familia se trasladó a Camagüey, al niño solo le apasionaba el béisbol.

Pero entre los agramontinos el boxeo es un componente genético y a los 15 años Comas, a escondidas de su madre Carmen, comenzó a ajustarse los guantes en el gimnasio del Casino. “Ella no quería de ninguna manera, por ello cuando me quisieron llevar para la Eide los entrenadores tuvieron que ir a la casa a convencerla”, asegura.

De esa etapa nunca olvida a Fermín Espinosa y Macuto Martínez, sus primeros entrenadores. Su paso por las escuelas deportivas le deparó lauros en los Juegos Escolares y cuando finalizó la enseñanza media fue promovido al equipo nacional.

“Era una época dura para el boxeo en Cuba, pues en cada una de las divisiones encontrabas hombres de tremenda calidad y que fácilmente podían representar al país en eventos internacionales”.

Bernardo lo aprendió de la peor manera. En su debut en el Playa Girón de Villa Clara 1980, en la división de los 71 kilos, el santiaguero Jorge Masó le propinó un RSC. “Aquella pelea me dolió en el alma”, comenta. Pero se repuso. Arreció la preparación y entendió dónde había estado el error. En los entrenamientos de la selección Masó nunca volvería a ganarle, pero la revancha jamás se concretó. A Comas lo subieron a los 75 kg y allí se consagró.

Los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 aún no era el momento de Bernardo, tenía dos cosas en contra: la edad y José Gómez, quien para entonces “estaba en perfectas condiciones”, afirma. Gómez, un derecho de pegada contundente,  fue el peleador más complicado que encontró Comas sobre el ring.

Dos años más tarde, el joven Comas se proclamaría campeón mundial en Alemania. “Aquel día ya Ángel Herrera, Carlos García y Adolfo Horta habían asegurado el primer lugar para Cuba, y entonces Alcides me dijo: Ya somos campeones, ahora busca tu medalla”. Esa fue su confirmación de grandeza.

Los Ángeles 1984 es la gran deuda de Bernardo. “La única meta que me quedó por cumplir fue participar en unos Juegos Olímpicos, que es el anhelo de todo deportista”. Tal sentimiento se mezcla con saber que aquella era su gran oportunidad.

Coyunturas políticas le impidieron conseguir la medalla que tanto añoró. Pero le queda la satisfacción de que “a los cuatro medallistas de Los Ángeles ya los había derrotado”, sentenció.

Bernardo Comas, en 1981 .
Bernardo Comas, en 1981 .

Al monarca, el coreano Joon Sup Shin, Comas lo liquidó en los Match de Retadores de 1983 (Japón) y 1984 (EE.UU.). A Virgil Hill (plata) lo había vencido en el tope Cuba-Estados Unidos celebrado en Reno unos meses antes. En tanto, los dos medallistas de bronce tampoco habían conseguido nada contra sus puños, ni el boricua Arístides González ni el argelino Mohammed Zaoui.

Tres años más tarde, el 3 de junio de 1987, vendría su retiro como atleta. En 1986 había vencido en el torneo Playa Girón de La Habana, y tal era la imagen que el camagüeyano quería dejar. “Ya sabíamos que Cuba tampoco iría a los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y en mi división existían hombres de tremenda calidad como Julio Quintana y Ángel Espinosa, a los cuales iba a ser muy difícil vencer. Entonces, antes de que me dieran golpes, decidí retirarme estando en  buena forma”, comenta.

El deporte no siempre es justo, porque no lo es la vida. A Bernardo sus circunstancias le negaron la gloria olímpica, mas ello no opaca sus recuerdos. Él lo tiene claro, no guarda esa medalla en casa, pero “a los cuatro ya les había ganado, y a todos los había tumbado”, explica entre risas.

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