Un arrocero de ciencia

Un arrocero de ciencia

Humberto Gómez mereció el Premio de Mayor Impacto a la Innovación Tecnológica. Foto: Elisdany López Ceballos
Humberto Gómez mereció el Premio de Mayor Impacto a la Innovación Tecnológica. Foto: Elisdany López Ceballos

 

De pequeño “tarequeaba” los equipos para descifrar sus modos de funcionamiento. Humberto Evasio Gómez Valdivia no posee título de científico, pero mereció el Premio de Mayor Impacto a la Innovación Tecnológica, otorgado por la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (Anir), junto a los ministerios y sindicatos.

“Este reconocimiento denota la consistencia del anirista y su compromiso con esa causa. Hemos participado en más de 100 innovaciones para automatizar la industria y mejorar su eficiencia”, comenta el galardonado, un hombre al que su modestia le impide hablar desde la individualidad.

Responsable de un “ejército” que defiende la creatividad en el molino Ángel Montejo; este espirituano ha guiado a su colectivo para lograr la subsistencia de la única planta de arroz precocido que queda en Cuba. Nunca antes el gremio arrocero mereció tal galardón; un reconocimiento a la trayectoria innovadora de un hombre que, desde lo empírico, hace ciencia.

La subsistencia del molino

“En el país otorgaron ocho premios y este que me entregaron no es solo mío, sino de todos los que a diario hacemos de los problemas del molino una prioridad. Sustituimos el autómata para el control de calderas y recuperamos máquinas y herramientas; entre ellas, la cizalla del taller fabril. Sin embargo, el trabajo de mayor repercusión es el de la variante tecnológica para el secado del arroz”.

Con un impacto de un millón 200 mil pesos, la mencionada inventiva no solo le evitó al país la compra de un secadero, sino que se desarrolló gracias a la puesta en marcha de uno deshabilitado existente en la propia planta.

“Esto aumentó cinco veces la capacidad de recibo, y devino fuente de empleo para 19 trabajadores. Además, utilizamos la paja como combustible en el secado del grano, hecho que ahorra 109 toneladas (t) de diésel anualmente”, informó el innovador.

Tras la puesta en marcha del secadero, en el Ángel Montejo las cenizas dejaron de ser agente contaminante para convertirse en producto cotizado; pues cada tonelada de este residuo se comercializa a 600 dólares.

Acreedores de la distinción “8 de octubre”, máximo galardón que otorga la Anir, este colectivo promueve el trabajo innovador entre los más jóvenes, lo que les permitió mantener y modernizar una planta creada en 1947.

“Para nosotros el molino es como la casa. En los problemas que se presentan a diario nos implicamos todos. Nos las ingeniamos para mantener en óptimas condiciones el funcionamiento industrial. Tanto que, a pesar de que la situación hidrológica deprimió la producción arrocera, el centro cumple con sus planes (aunque reajustados por la sequía).

“Por más de 10 años aportamos lo previsto, entregamos el encargo estatal, que se traduce en el arroz para la población y en el 2014 este fue, de los molinos pequeños, el de mayor eficiencia en el país”, reconoció el veterano, que no pretende descansar aun cuando la edad anuncie la jubilación.

En nuestras manos

Sesenta y tres años y la convicción de que “compartir los logros no le resta méritos a quien los obtiene”, Humberto Gómez es como una enciclopedia abierta a todo el que se le acerca. Conoce a fondo los procesos naturales e industriales por los que pasa el grano antes de llegar a la mesa y su experiencia se ha vuelto cátedra para muchos profesionales.

“Hemos contribuido con las tesis de maestrías de varias personas que nos han escogido para desarrollar sus estudios. Además, nuestras innovaciones han sido temas divulgados en revistas de Estados Unidos, Argentina y Costa Rica. También he participado en innovaciones en otros sectores”.

Desacostumbrado a ser el centro de atención, Humberto solo atina a subrayar el trabajo de sus compañeros y la complacencia de ver diseminada la labor de la Anir entre ellos. Sus ideas van y vienen sin descanso porque, como él mismo dice: “nunca se acaba de mejorar la industria y la mayoría de las veces las soluciones están en nuestras propias manos”.

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