Cuba –Estados Unidos: pasado y futuro de una relación (II Parte y Final)

Cuba –Estados Unidos: pasado y futuro de una relación (II Parte y Final)

Hassan Pérez Casabona

17 D: Comienzo de un nuevo tipo de relación.

Raúl Castro y Barack Obama sostuvieron un encuentro histórico en la Cumbre de las Américas, en Panamá.
Raúl Castro y Barack Obama sostuvieron un encuentro histórico en la Cumbre de las Américas, en Panamá.

Con respecto a la segunda etapa encontramos que el pasado 17 de diciembre, a las 12:00 del día, los mandatarios de Estados Unidos y Cuba anunciaron al mundo, al unísono, la adopción de un grupo de medidas encaminadas al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos gobiernos. De igual manera dieron a conocer, por un lado, la excarcelación de Alan Gross y, por el otro, de los tres luchadores antiterroristas cubanos Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, y Antonio Guerrero Rodríguez, que permanecían cumpliendo injusta condena en cárceles norteamericanas, desde el 12 de septiembre de 1998. Se trató, sin lugar a dudas, de un hecho sin precedentes en la historia de las relaciones bilaterales entre ambos países.

La trascendencia de este proceso -concluida exitosamente la fase de restablecimiento de relaciones diplomáticas con la reapertura de nuestra embajada en Washington, el 20 de julio, y la de Estados Unidos en La Habana, este 14 de agosto- no podrá entenderse adecuadamente, si se pasan por alto un grupo de elementos que consideramos de la mayor importancia[i]:

  • La ruptura de las relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU, como hemos apuntado antes, no la provocó nuestro país, sino la política injerencista del gobierno norteamericano, que no se resignó a aceptar al proyecto emancipador iniciado en la isla, con autenticidad incuestionable, a partir del primero de enero de 1959. Desde esa óptica la decisión del presidente Eisenhower, del 3 de enero de 1961, fue simultáneamente colofón y relanzamiento de una serie de actos de represalia y castigo a un proyecto político que se proponía entablar con ellos relaciones cordiales, pero que jamás se plegaría a ningún interés foráneo. Como expresó desde el primer instante Fidel –y ratificó Raúl en el acto por el 55 aniversario del triunfo-, el compromiso de la Revolución era solamente con el pueblo.

Quebrantar los vínculos oficiales con Cuba representó también una muestra elevada de la intolerancia de la clase dominante en aquel país, acostumbrada a proceder por sus fueros, en diferentes latitudes, con el contubernio cómplice de los gobernantes locales. Primero se intentó, como demuestran numerosos documentos históricos, que la “alternativa” que se gestaba desde la lucha guerrillera fuera abortada pero, imposibilitados de impedir la victoria, entonces la naciente experiencia de ejercer el poder a 90 millas de sus costas desde otros presupuestos teóricos, filosóficos y prácticos fue condenada sin titubeos, apenas con las manifestaciones primigenias del alumbramiento.[ii] En consecuencia, el restablecimiento de los nexos diplomáticos y el arduo camino hacia la normalización de dichas relaciones, hay que apreciarlos, en gran medida, como la oportunidad de diseñar un sistema totalmente novedoso, no solo de vínculos entre los dos países, sino de Estados Unidos con cualquier nación.

No soslayemos que también la historia enseña que el Tío Sam no ha tenido nexos “normales” (entendidos en los vínculos cordiales a partir de una ejecutoria transparente, donde el cumplimiento de los preceptos del Derecho Internacional marque una pauta incuestionable; es decir, más allá del hecho de que se resuelvan una serie de aspectos como hemos estado planteando en nuestro caso) prácticamente con nadie. No solo con América Latina, a la que se acostumbró a concebir como traspatio, sino en el caso de grandes potencias como Rusia y China (la propia experiencia de la II Guerra Mundial, cuando eran aliados de la URSS, no bastó para que, una vez finalizado el terrible episodio bélico, Truman declarara, en su conocido discurso de marzo de 1947, la Doctrina de “contención al comunismo”, génesis de la política de “Guerra Fría”) a las que constantemente trata de torpedear e, incluso, con aliados como el Reino Unido, Alemania, Francia, Japón o el propio Israel, con los cuales no puede decirse tampoco que “juegue limpio” en todas las ocasiones. Las revelaciones de Wikileaks y de Edward Snouden, sobre la labor de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional a mandatarios como Angela Merkel y Nicolás Sarkozy, deja clara la vieja idea de que Estados Unidos no tiene amigos sino intereses. [iii]

Retomando el caso cubano ambos momentos, restablecimiento diplomático e inicio del camino hacia la normalización, constituyen, además, la reparación de una injusticia histórica; percepción que en buena medida explica el aplastante respaldo a los pasos dados por la Revolución Cubana. Si bien la ética incuestionable, durante décadas, en la ejecutoria de nuestros diplomáticos ha hecho que no demos pie a valoraciones que puedan ser interpretadas como que nos regodeamos altaneramente (nada más alejado de las enseñanzas inculcadas en este campo por Fidel, el Che, Roa y Raúl) nadie debe ignorar que jamás fue Cuba quien impidió que medicamentos para aliviar el dolor, o salvar vidas humanas, pudieran ser adquiridos por el pueblo de los Estados Unidos. Ni fue el gobierno cubano quien tomó represalias contra terceros países, por comerciar con empresas norteñas; ni muchísimo menos desde territorio antillano se orquestaron proyectos macabros que desencadenaran agresiones militares hacia aquella nación, organizamos planes para la eliminación física de sus dirigentes, o dedicamos fondos millonarios para la promoción de la subversión interna, con el propósito de erosionar el sistema de gobierno prevaleciente entre los ciudadanos estadounidenses. En otras palabras, cada quien debe tener siempre claro que a “Dios lo que es de dios y al César lo que es del César”.

  • El tema que hoy despierta una vasta atención a escala internacional no parte de la nada –ni es fruto de un acto de ilusionismo- sino que constituye línea de continuidad, que brota de la voluntad invariable de la dirección revolucionaria de fomentar un convivencia pacífica con nuestro vecino, a sabiendas de las discrepancias ideológicas y de diverso tipo entre procesos políticos erigidos, con fines sustancialmente diferentes.
El 20 de julio del 2015 se realizó la ceremonia oficial de la reapertura de la Embajada de Cuba en la capital de los Estados Unidos.
El 20 de julio del 2015 se realizó la ceremonia oficial de la reapertura de la Embajada de Cuba en la capital de los Estados Unidos.

Debe reconocerse particularmente en ese sendero el pensamiento del compañero Fidel, cimentado en su profunda concepción de propiciar el entendimiento respetuoso entre las naciones, incluyendo aquellas con dirigentes defensores de posiciones contrapuestas a las nuestras. La estatura moral, entereza de principios, sólido e inquebrantable desempeño revolucionario, acendrado espíritu humanista, convicción a “prueba de balas” de entregarse por entero a la defensa de los objetivos estratégicos enarbolados por la inmensa mayoría de sus habitantes, y capacidad para obrar en la conducción de un estado de nuevo tipo, sin dogmas ni fanatismos de ninguna naturaleza sino desde posiciones de principios, que garantizan el análisis sosegado y audaz de las más disímiles situaciones, en el camino de construir una sociedad que se asienta sobre la participación consciente de sus ciudadanos, en el proceso de toma de decisiones, hizo posible, entre múltiples rasgos distintivos, que nuestro líder histórico se desenvolviera en esta esfera (al igual que en el resto de los ámbitos, valga únicamente contemplar los campos de la educación, salud, ciencia, deporte, agricultura o los recursos hidráulicos, por solo mencionar algunos ejemplos) con extraordinaria originalidad y valentía, aspecto que incontables figuras norteamericanas reconocieron siempre.

No en balde, en la acto de izamiento de nuestra bandera en Washington el pasado 20 de julio, resonaron con espontaneidad y especial potencia entre la multitud de invitados a la ceremonia los gritos, cual voces reveladoras de la significación de este proceso, de ¡Viva Fidel!, ¡Viva Raúl!, ¡Viva Cuba!

Hace unos meses el presidente Nicolás Maduro, enrolado en el llamamiento a todos los sectores de la oposición a dialogar civilizadamente sobre cualquier aspecto de la sociedad venezolana, explicaba ante las cámaras que, educado en el comportamiento del Comandante Chávez, estaba dispuesto a reunirse con cualquier adversario político. Utilizando una hipérbole que ilustraba con nitidez dicha determinación, añadió: “Estoy preparado para conversar incluso con el diablo, al que le explicaría con convicción los objetivos de la revolución bolivariana y chavista que defendemos”.

Esos conceptos han estado presente siempre en nuestro accionar. No rehuimos jamás ningún intercambio en el terreno de las ideas porque, inspirados en el ejemplo martiano, tenemos la certeza de que “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”. Por ello, antes y ahora, hemos estado dispuestos a debatir lo que sea, con la única condición de que ello no implique la más mínima sombra o menoscabo de la soberanía por la que derramaron su sangre, a lo largo de más 147 años de lucha, muchos de los mejores hijos de este pueblo. Como botón de muestra de dicha vocación, de tender un puente al dialogo, es útil recordar la idea expresada por el Comandante en Jefe en 1979 –en ocasión del acto por el XX aniversario del triunfo revolucionario, efectuado en el teatro Karl Marx- cuando señaló: “Cuba no se opone a las relaciones comerciales e incluso diplomáticas normales con Estados Unidos. Creemos sinceramente que la necesidad de paz y coexistencia entre regímenes sociales diferentes, planteada ya por Lenin en los primeros días de la revolución, es vital hoy más que nunca para la supervivencia humana.”

  • El proceso cuya primera gran etapa culminó este 14 de agosto lleva aparejado reconocimiento a la dignidad, resistencia, altruismo del pueblo y legitimidad del gobierno cubano, pero también a la solidaridad internacional de todos los países y fuerzas progresistas del planeta. Es, en este sentido, un éxito de la razón contra la sinrazón; una victoria contra las mentiras propaladas inmisericordemente durante muchos años, mediante las cuales se pretendió doblegarnos.

Por otra parte encontramos un panorama internacional -nunca antes visto en esas proporciones- de cuestionamientos, rechazo e incluso aislamiento de la política de Estados Unidos hacia Cuba, cuestión que en los últimos meses reconoció en varias oportunidades el propio presidente Obama, percatándose también de que la estrategia seguida por ellos a lo largo de los años lejos de debilitar, segregar y colocar en condiciones de invalidez a nuestro país le granjeó reconocimiento, autoridad y prestigio colosales en múltiples ámbitos.

Visto el deterioro en el tiempo de ese comportamiento hacia Cuba tenemos que en 1992, exactamente en el momento más álgido por la caída del campo socialista y la desintegración de la URSS (desplomándose de esa forma el sistema comercial con el que interactuamos durante más de treinta años) apenas 59 países condenaron el bloqueo en Naciones Unidas. Un cuarto de siglo después, prácticamente la totalidad del planeta (excluyendo a Estados Unidos, Israel y alguna que otra diminuta isla del Pacífico, que funciona en realidad como protectorado yanqui) ha expresado contundentemente, en el plenario de esa organización, que rechaza la política de privar a nuestro país de importantes recursos, incluyendo el acceso a medicinas y alimentos.

En el contexto continental no ha sido menos el apoyo. Contrario a lo que sucedió décadas atrás, cuando únicamente México no nos volteó el rostro, tenemos relaciones diplomáticas con todas las naciones de la región. En junio del 2009 la Asamblea de la OEA incluso pidió disculpas por las maniobras desplegadas, a inicios de la década del 60, que tuvieron como objetivo condenar a Cuba. En el 2012 quedó claro además –luego de la propuesta del presidente Correa respaldada por los comandantes Hugo Chávez y Daniel Ortega y otros mandatarios-, que la Cumbre de las Américas que acogió Cartagena sería la última sin la presencia de Cuba. La VII edición de estas citas, desarrollada en abril del presente año en Panamá, confirmó categóricamente el prestigio de Cuba, quien además es miembro fundador de la CELAC, mecanismo que fue el segundo país en presidir (luego de Chile) y cuya cumbre organizó con rotundo éxito en enero del 2014, reunión en la que se adoptó por todos los jefes de estado y gobierno participantes la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

A escala global nuestro prestigio no es menos en otras organizaciones e instancias de discusión multilateral. Ténganse en cuenta solamente que presidimos por segunda vez, en el período 2006-2009, el Movimiento de Países No Alineados, que agrupa a casi 120 naciones de todas las áreas geográficas. Del resto de las formas de ayuda y cooperación internacional en las que participamos (que ha hecho que cientos de miles de cooperantes cubanos, de las más diversas profesiones, hayan colocado su granito de arena en todos los continentes) perdurará por siempre como símbolo de extraordinaria significación, la presencia de brigadas médicas en Guinea, Sierra Leona y Liberia combatiendo los mortíferos estragos del ébola.

El hecho de que Cuba respondiera de inmediato con el envío de contingentes altamente calificados -luego del llamado realizado al presidente Raúl Castro por el secretario general de la ONU Ban Ki-moon y la directora general de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan- vino a confirmar que, en vocación de salvar vidas humanas y de servir con nuestros modestos recursos, donde quiera que se necesite, somos un gigante moral. No olvidemos que los anuncios del 17 de diciembre de 2014 se produjeron precisamente con estas brigadas trabajando en el terreno, desde principios de octubre, lo que generó importantes reconocimientos de la opinión pública mundial, incluyendo la norteamericana que a través del New York Times, y otros influyentes rotativos, ponderó colmada de elogios el desempeño antillano, ante la pandemia que amenazaba con extenderse por todo el orbe.

Al final, que Estados Unidos reconociera que debía conversar en calidad de iguales con nuestro estado, es una demostración fidedigna de que, el adversario respeta únicamente a quien se mantiene con la frente erguida, sin dobleces en su ejecutoria. El 17 D, y todo lo que ha ocurrido hasta ahora y sobrevendrá en el futuro, puede entenderse a cabalidad porque Cuba no se quebró en su voluntad de escoger con criterio propio el sistema político y de gobierno que considera más justo para sus ciudadanos. Si en medio del envalentonamiento de la derecha internacional, con los acontecimientos en el este europeo, hubiéramos arriado las banderas, nada de esto habría sucedido porque la nación cubana, como la entendemos los revolucionarios, sencillamente habría desaparecido.

Es cierto que hemos tenido que sortear los escollos más insospechados pero, como jamás creímos que había llegado el fin de la historia y el resto de las tonterías de los corifeos imperiales, nos ganamos el honor de ser aclamados en el escenario principal. Otros, los cipayos que vendieron su alma al mejor postor, no son recordados siquiera por la misma prensa sensacionalista, que un día llenó sus páginas amarillas con las declaraciones de espurios personajes, que únicamente pretendían ensanchar sus bolsillos. Al comienzo de la etapa más compleja que hemos enfrentado, el período especial, sabíamos que diversas carencias materiales signarían la vida cotidiana, pero escogimos resistir con el espíritu martiano de que la pobreza pasa; lo que no pasa es la deshonra. [iv]

  • La agenda cubana de conversaciones nunca incluirá en el debate la pérdida de soberanía de nuestro país, ni mucho menos la abdicación a los principios que orientan la transición socialista en el archipiélago. Nadie puede siquiera pretender que renunciaremos a los pilares esenciales de nuestro socialismo, identidad nacional y proyecto revolucionario. Nuestro país no acudió a negociar el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas con los EEUU porque se lo impusiera nadie, sino porque siempre consideró que era posible coexistir con todas las naciones, respetándonos nuestras diferencias, mucho más con aquellas que están en nuestro entorno geográfico y a las que nos unen vínculos históricos y culturales.

El historial de servicios de la revolución no deja margen a dudas de que el pueblo cubano es portador de sólidos valores, que le permiten interactuar con todos aquellos que nos visiten, vengan de donde vengan, siempre que traigan como divisa el respeto a nuestra idiosincrasia. Si un país ha hecho suya la conocida idea del Benemérito de las Américas, Benito Juárez, de que “Entre las personas, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es las paz” ha sido Cuba. En esa línea resultaría igualmente demencial que, dentro o fuera de los Estados Unidos, se pretendiera que hiciéramos dejación de los principios que hemos enarbolado desde 1959, en relación con el proceder en la arena internacional.

a política exterior de la revolución cubana se mantendrá inalterable en cuanto a su vocación internacionalista.
a política exterior de la revolución cubana se mantendrá inalterable en cuanto a su vocación internacionalista.

La política exterior de la revolución cubana se mantendrá inalterable, en cuanto a su vocación internacionalista, integracionista, de no intromisión en los asuntos internos, de respeto a la Carta de Naciones Unidas y los postulados del Derecho Internacional, la promoción de la paz y la resolución pacífica de las controversias entre diferentes actores. Asimismo, en la condena a los crímenes del imperialismo, donde quiera que estos ocurran, y la defensa de las causas justas por las que luchan los pueblos, en diferentes circunstancias. Pienso, por ejemplo, no solo en el apoyo incondicional a la Revolución Bolivariana o las transformaciones que desde la Revolución Ciudadana impulsa el gobierno ecuatoriano, sino en otras de carácter histórico como el derecho a existir como estado pleno del pueblo palestino –que resiste con estoicismo los atropellos perpetrados por el sionismo-; el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática; la necesidad de que Puerto Rico (la otra ala del pájaro) sea definitivamente libre, o el reclamo legítimo de Argentina sobre las Malvinas.

En estos aspectos resulta medular el estudio de las intervenciones del presidente Raúl Castro en la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, del 20 de diciembre del 2014; la Cumbre de la CELAC, desarrollada en enero del 2015 en Costa Rica, y la ya citada en la Cumbre de las Américas de Panamá. En ellas el mandatario cubano expuso, con toda claridad y firmeza, la posición inalterable de nuestro país en esos asuntos, que jamás abandonaremos. [v]

  • Como la historia enseña que la esencia de un sistema (en este caso el imperialismo yanqui) se mantiene inmutable, con independencia del ropaje que asuma, unido a que en el caso de los pronunciamientos de dirigentes norteamericanos muchas veces media un largo trecho, entre lo dicho por ellos y los hechos que tienen lugar, es de extraordinaria importancia que no exista en nuestro pueblo ingenuidad, de ninguna clase, con respecto a las reales intenciones a mediano y largo plazo hacia la Revolución. [vi] Ojalá que los acontecimientos (en “pleno desarrollo”, como suele repetir en su excelente Dossier Walter Martínez) respalden las palabras de Kerry de que “ya no somos enemigos ni rivales, sino vecinos”.

Es importante considerar, de igual forma, que algunas personas tienen una imagen distorsionada sobre el papel de dicho restablecimiento de relaciones, en la solución definitiva de los problemas que enfrenta el país; mientras que en otras prevalece un escepticismo acérrimo, con respecto a la pertinencia de este paso, subestimando las potencialidades reales que el mismo nos brindaría. Es obvio que una decisión de esta trascendencia suscite polarización, cuestionamientos e incertidumbres, tanto en Cuba como en los EEUU. Existe, sin embargo, una verdad irrebatible: sí no se frustran los intentos por normalizar las relaciones entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos, si nuestros vecinos no cometen los mismos errores del pasado, el nuevo escenario que se inaugura ofrecería un grupo de potencialidades muy positivas para ambos, en diferentes esferas. No es ocioso recordar que solo a causa del bloqueo económico, financiero y comercial que sufrimos (que aunque herido de muerte en cuanto al rechazo que despierta, aún mantiene el andamiaje que lo sustenta) Cuba pierde y deja de ingresar miles de millones de dólares anualmente.

No se trata solo de que un mayor número de turistas norteamericanos nos visiten (se ha producido un incremento notable de los viajes en lo que va de año) sino de que se creen las condiciones para el intercambio recíproco, entre los dos actores políticos. Es cierto que se trataría de la actividad comercial entre la primera economía global y una pequeña nación caribeña, pero que ha logrado avances en numerosas ramas reconocidos en todo el orbe, de los cuales no se benefician los ciudadanos estadounidenses. En ese sentido nuestra industria biotecnológica posee productos de gran trascendencia (incluyendo diferentes vacunas terapéuticas y otros candidatos en estudio contra varios tipos de cáncer que también tienen gran incidencia en Estados Unidos), así como en el caso de los súper famosos “Habanos” o los rones producidos aquí.

Algo similar sucede con las diversas manifestaciones culturales en las que estamos en la avanzada regional y que hoy no pueden acceder a ese mercado. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, se anuncia que la emblemática orquesta Los Van Van prepara una gira que los llevaría a realizar 12 presentaciones en escenarios estadounidenses, en lo que constituye apenas su quinta incursión en aquel país. Tengamos en cuenta que el denominado “Tren de la música popular bailable” fue creado por el inolvidable maestro Juan Formell, el 4 de diciembre de 1969.

Asimismo el realizador Alejandro Pérez declaraba a la televisión que Marc Anthony estaba deseoso de visitar Cuba, luego del éxito rotundo del video clip que rodó junto a Gente de Zona, con el tema “La Gozadera”. Pérez dirigió también, entre muchos videos premiados dentro y fuera de la isla, “Bailando” que involucró, además de los muchachos de Gente de Zona, a Descemer Bueno y Enrique Iglesias. Por si fuera poco, también se daba a conocer que la popular cantante boricua Olga Tañón, figura clave junto al colombiano Juanes y el español Miguel Bosé en el concierto “Paz sin Fronteras”, que tuvo lugar en la Plaza de la Revolución en septiembre del 2009, estrenó la jornada previa su último clip, filmado en varias locaciones de La Habana, la cual fue visitada en el pasado reciente, entre otras luminarias, por Beyounce y Rihanna. ¿Qué podría deparar el futuro en este aspecto, en un clima de normalización de las relaciones que garantice el flujo en ambas direcciones de las principales figuras, con todo lo que ello implica en cuanto a la grabación con disqueras y cobro de las ganancias por giras promocionales, conciertos, etc.?

En la misma cuerda se encuentra la actividad deportiva, luego de la nueva política aprobada con relación a la contratación de atletas en ligas foráneas, representados en ese proceso por las federaciones correspondientes y el INDER ¿Qué sucedería en este campo de no existir el bloqueo, que hace que perdamos a muchos de los mejores talentos en disciplinas como el béisbol, que son obligados a presentar documentos acreditativos de otra nación, en el afán de jugar dentro de las Grandes Ligas? Esa es una de las tantas aberraciones que debe ser rectificada ¿Cómo resultaría en este tema la convivencia si las cosas estuvieran ordenadas?

A nadie le pasa por la mente que Messi, Neymar, Luis Suárez, Cristiano Ronaldo, Karim Benzema, Zlatan Ibrahimovic, Arturo Vidal, Mezut Özil, Samuel Etoó o Didier Drogba tendrían que renunciar a su condición de argentino, brasileño, uruguayo, portugués, francés, sueco, chileno, alemán, camerunés o marfileño, en pos de ganar un cupo en un elenco de la Liga Española, la Premier League, el Calcio o la Bundesliga. Como nadie le solicitaría a Paul y Marc Gasol, Enmanuel Ginobili, Luis Alberto Scola, Thiago Spliter, Tony Parker, o Dirk Noviski que renegaran de su nacionalidad española, argentina, brasileña, francesa o alemana, en aras de militar en uno de los elencos de la NBA, sin dudas el torneo de mayor alcurnia dentro del baloncesto mundial.

Si un club desea los servicios de un pelotero cubano tendría que dialogar primero (como ocurre en todos los deportes y países del mundo) con la entidad que lo formó, invirtiendo cuantiosos recursos en su preparación. Esas son reglas universales que se respetan invariablemente menos con Cuba. En nuestro caso quien adiestró a Kendry Morales, Aroldis Chpaman, José Dariel Abreu, Yasiel Puig, Héctor Olivera, Yasmani Tomás, Leonys Martín, Alexander Guerrero, Héctor Olivera, Odrisamer Despaigne, Adonis García y otros jugadores que cautivan por sus batazos descomunales o velocidad supersónica, es el potente sistema deportivo construido desde la base, con escuelas especializadas en cada provincia, que nos ha permitido conquistar un sin número de preseas olímpicas, mundiales, panamericanas y centroamericanas, en prácticamente todas las modalidades de carácter oficial. [vii]

Sumémosle a estas valoraciones la pertinencia de avanzar en la solución de temas de mutuo interés como los migratorios, los medioambientales y la cooperación en la lucha contra el narcotráfico y el tráfico de personas, entre otras cuestiones.

  • Sería oportuno que las autoridades estadounidense se pronunciaran -invocando aquella estrofa poética de Mario Benedetti, que la inolvidable Sara González musicalizara en hermosa canción de que “cada pregunta tiene sus respuesta”- sobre asuntos que no son periféricos. ¿Que pasará en un clima de normalización con las actividades de corte desestabilizador, que durante años han promovido agencias de esa nación? Presumiblemente procederán a la subversión política e ideológica con medios económicos, financieros, tecnológicos y de guerra no convencional mucho más sutiles, así como a formas de actividad e influencia más encubiertas y también más directas y personales pero, ¿ello es compatible con el respeto que debe distinguir las relaciones entre “vecinos”?

En nuestro caso, aclarado que la palabra ingenuidad está desterrada del vocabulario, estamos conscientes, como nos enseñó el Comandante en Jefe, que las mayores virtudes se fraguan en el seno de la lucha y no dentro de una urna de cristal. En este aspecto, como en tantos, son proféticas sus palabras de “si el camino fuese sobre rieles, si fuese fácil, no habría ningún honor, ninguna gloria en llamarnos revolucionarios, no habría ninguna dignidad, ningún orgullo en considerarnos revolucionarios”.

A nivel planetario todos saben, sean los que nos quieren o los que condenan, que el socialismo no llegó a este país tras las divisiones victoriosas de ninguna fuerza extranjera. Aquí el sistema político que escogimos lo forjamos cubanos y cubanas de varias generaciones, en heroica lucha contra el enemigo más poderoso que jamás haya conocido la historia humana. Cincuenta y seis años de resistencia y victorias dan fe de nuestra fortaleza política y moral.

En lo adelante enfrentaremos con inteligencia todos los retos, incluyendo la presencia superior en nuestro entorno de manifestaciones portadoras del american way of life. A ello nunca le hemos temido, al punto que desde hace muchísimo tiempo somos uno de los países que mayor cantidad de productos culturales estadounidenses, de la más heterogénea factura, consume todos los años. En esta parte de la tierra no hay deslumbramiento (provocado por el desconocimiento) ante películas, series, musicales o programas variados.

Nuestra sólida cultura, acendrada hasta los tuétanos en la idiosincrasia de los cubanos, ha hecho que, para asombro de muchos en el mundo, estemos en contacto con los fenómenos de mayor repercusión internacional en esa esfera, sin que por ello pierdan espacio entre los jóvenes los exponentes fundamentales de cada manifestación artística. El citado concierto “Paz sin Fronteras” fue un ejemplo de ello porque, si bien disfrutamos de la actuación de cada representante que nos visitó, sobrevino el delirio entre la afición cuando en el cierre se presentaron Los Van Van. Conocemos a todas las grandes estrellas del espectáculo internacional, pero las nuestras (que lo serían mucho más a escala global de no existir el bloqueo que impide que sus obras sean divulgadas con todas las de la ley en los principales circuitos) poseen extraordinario poder de convocatoria entre el público antillano.

Y no hablo solo de los pesos pesados de la música popular bailable, además de la alineación que hoy dirige Samuel Formell, como la Charanga Habanera, Pupy y los que Son Son, Paulo F.G, Manolito Simonet, la Orquesta Revé, Alexander Abreu y Havana de Primera, Pachito Alonso, Cándido Fabré, la Original de Manzanillo, Bamboleo, la agrupación de ese maestro que es Adalberto Álvarez y su Son, o de las formaciones reguetoneras al estilo de Gente de Zona, Los Cuatro, El Micha, El Insurrecto, y Los Desiguales, sino de artistas y proyectos que cultivan otros géneros y que gozan igualmente de la más elevada simpatía del público como Buena Fe, Qva Libre, Los Ángeles, David Blanco, Laritza Bacallao, Leony Torres, Elaín Morales, Baby Lores, Todo Mezclado o Will Campa.

Ocurre igual con el resto de las manifestaciones que -sobre la base de la calidad y rigor alcanzada en buena medida mediante el prestigioso sistema de enseñanza artística, diseñado desde los primeros tiempos por la revolución- se han ganado un reconocimiento del exigente y preparada público cubano. Pensemos solamente en el impacto que ejercen los Festivales Internacionales de Cine, Ballet y Teatro y la Feria del Libro que ofrecen, mediante propuestas genuinamente de vanguardia, una programación de altísima calidad.

A manera de conclusión

La normalización de las relaciones entre los gobiernos de Cuba y de los EEUU dista de ser un hecho consumado o de haber alcanzado un punto de no retorno. La mayoría de los temas que han dividido a los dos gobiernos durante décadas y que siguen posicionando el vínculo entre ambos países, como el bloqueo, el financiamiento a la subversión interna, y la base naval de Guantánamo continúan en pie. Se ha encontrado, sin embargo, un canal de comunicación a nivel gubernamental con potencialidades como nunca antes existieron durante estas cinco décadas. El anuncio de que en las primeras semanas de septiembre comenzará a trabajar una comisión bilateral, para definir las temáticas que necesitan ser abordadas en lo inmediato, lo que incluye asuntos que han estado pendiente en el tiempo, es un paso de avance en el afán de ir destrabando las cuestiones peliagudas, en la medida en que se avanza en aquellas donde existen mayores condiciones. [viii]

Para nosotros, como ha sucedido desde 1959, lo esencial radica en la preservación de la unidad del pueblo en torno al partido y su dirección, teniendo como clave para la victoria, especialmente en el futuro, el pensamiento de Fidel y Raúl. De igual manera tenemos que trabajar con toda energía para construir un socialismo más próspero, participativo, humano, justo y sostenible. Inmersos en esos empeños de largo aliento, desarrollar relaciones respetuosas con quien hasta ahora no había sido posible es también una victoria legítima de las ideas revolucionarias.

Notas, citas y referencias bibliográficas

[i] Una síntesis de estas ideas el autor las presentó antes en el trabajo “Las relaciones Estados Unidos-Cuba. Una mirada desde la historia a los desafíos futuros” realizado en el mes de mayo, en coautoría con los compañeros Joel González García, Carlos Castillo Cortés y Bernardo Ruiz del Pino.

[ii] Dos investigadores que han desarrollado importantes estudios sobre esa etapa escriben: “Muchos observadores de la historia de confrontaciones entre Cuba y Estados Unidos no sitúan en su justo lugar el tremendo impacto político, militar e histórico que el triunfo de la insurrección cubana, el primero de enero de 1959, tuvo en la política exterior del Norte. El colapso del régimen de Batista fue una derrota norteamericana también en el sentido literal de su afirmación. Incluso los cubanos repetimos hasta la saciedad que su primera gran derrota la sufrieron en Playa Girón. Pero valdría la pena meditar si estamos equivocados o no: Batista era un incondicional de Estados Unidos. Su ejército fue armado con equipamiento básicamente norteamericano, entrenado y asesorado hasta el último minuto por una misión permanente del Pentágono en Cuba. El gobierno del Norte hizo todo lo que estuvo a su alcance para evitar que Fidel Castro ocupara la posición cimera que le correspondía como líder indiscutible del pueblo cubano, durante la guerra de liberación y hasta días después de la huida de Batista. Sin duda fue una insólita e insospechada derrota norteamericana. Históricamente la primera”. José Luis Padrón y Luis Adrián Betancourt: Batista. Últimos días en el poder, Ediciones Unión, La Habana, 2008, p. 466.

 

[iii] El sociólogo y politólogo Atilio Boron, en una obra galardonada en el 2013 con el Premio Libertador al Pensamiento Crítico, afirmó: “John Quincy Adams acuñó una frase memorable, que deberían memorizar muchos gobernantes de Nuestra América y de otras partes del mundo también: `Estados Unidos no tiene amistades permanentes; tiene objetivos e intereses permanentes´. En línea con ello, la Doctrina Monroe estableció como principio la conocida fórmula de `América para los americanos´` que en realidad quiere decir para los (norte) americanos, porque ello convenía a sus intereses”. En otra parte del texto, añade el prestigioso intelectual argentino, reconocido también en el 2009 con el Premio Internacional José Martí, otorgado por la UNESCO, que: “…los principales expertos militares y civiles de Estados Unidos coinciden en un diagnóstico que subraya la presencia de cinco tipos de actores: los amigos incondicionales de Estados Unidos (como Israel y Gran Bretaña); los aliados (en buena parte por razones oportunísitcas y, por tanto, inseguros); los competidores; los adversarios; y los enemigos, constelación de la cual brotan escenarios caracterizados por múltiples desafíos y cambiantes correlaciones de fuerzas que impiden que Washington pueda controlar el sistema internacional con la amplitud y profundidad habituales desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”. Atilio Boron: América Latina en la geopolítica imperial, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014, pp. 57-62.

[iv] Refiriéndose a este momento crucial de nuestra historia, expresó el Comandante en Jefe: “A la Revolución le contaban los días todos los días, cuántos le faltaban; desde que se desarticuló el campo socialista, antes que la URSS, todos los días estaban en el mundo esperando la noticia del día en qué desapareciera la Revolución Cubana; hacían pronósticos de todas clases, cómo podría resistir ese país tan pequeño al lado de Estados Unidos. (…) ¿Con qué nos amenazaban? Con desaparecernos. Bueno, desaparézcannos; pero no plegamos nuestras banderas, no rendimos nuestras banderas. Si un pueblo entero estaba dispuesto a dar su vida –y lo estuvo siempre-, ¿con qué podían amenazarnos, con qué podían vencernos, con qué podían desenraizarnos, quitarnos la patria, quitarnos la justicia, todo la justicia conquistada, quitarnos el honor y convertirnos en cualquier cosa… (…) Esta es una lucha, y en la lucha lo esencial es el pueblo, su conciencia, su disposición de combate, su espíritu de sacrificio, su sentido del honor, su libertad, su independencia”. Fidel Castro Ruz: “Informe Central al V Congreso del PCC”, Ver en: Fidel Castro y la historia como ciencia, (Colectivo de autores), Tomo II, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, pp. 306-308.

[v] En el caso específico del discurso pronunciado el 28 de enero en la III Cumbre de la CELAC desarrollada en San José, Costa Rica -que recibió amplia repercusión a nivel internacional- el Presidente cubano expresó: “El problema principal no ha sido resuelto. El bloqueo económico, comercial y financiero, que provoca enormes daños humanos y económicos y es una violación del Derecho Internacional, debe cesar. Recuerdo el memorándum del subsecretario Mallory, de abril de 1960, que, a falta de una oposición política efectiva, planteaba el objetivo de crear en Cuba hambre, desesperación y sufrimiento para provocar el derrocamiento del gobierno revolucionario. Ahora, todo parece indicar que el objetivo es fomentar una oposición política artificial por medios económicos, políticos y comunicacionales. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas es el inicio de un proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales, pero esta no será posible mientras exista el bloqueo, no se devuelva el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de Guantánamo (Aplausos), no cesen las trasmisiones radiales y televisivas violatorias de las normas internacionales, no haya compensación justa a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que ha sufrido. No sería ético, justo ni aceptable que se pidiera a Cuba nada a cambio. Si estos problemas no se resuelven, este acercamiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos no tendría sentido. No puede esperarse tampoco que Cuba acepte negociar los aspectos mencionados por nuestros asuntos internos, absolutamente soberanos. Se pudo avanzar en esta reciente negociación porque nos tratamos recíprocamente con respeto, como iguales. Para seguir avanzando, tendrá que ser así”. Antes, en el parlamento cubano, el General de Ejército había señalado: “Reiteramos la disposición al diálogo respetuoso y recíproco sobre las discrepancias. Tenemos firmes convicciones y muchas preocupaciones sobre lo que ocurre en los Estados Unidos en materia de democracia y derechos humanos y aceptamos conversar, sobre las bases enunciadas, acerca de cualquier tema, de todo lo que quieran discutir, de aquí, pero también de los Estados Unidos. (…) En Cuba existen numerosas y diversas organizaciones de masas, sindicales, de escritores y artistas, sociales, incluso representados en el Consejo de Estado, y no gubernamentales, muchas de ellas representadas por diputados a esta Asamblea, a las que ofendería que se les confundiera con unos pocos cientos de individuos que reciben dinero, instrucciones y oxígeno del exterior”. Ver en: Raúl Castro Ruz: “La política exterior de la Revolución cubana seguirá fiel a sus principios”, Granma, jueves 29 de enero de 2015, pp. 6-7., y “La inquebrantable fe en la victoria que nos inculcó Fidel continuará conduciendo a todo nuestro pueblo en la defensa y perfeccionamiento de la obra de la Revolución”, Granma, lunes 22 de diciembre de 2014, p. 5.

 

[vi] En una parte de su discurso Kerry señala, como si en nuestro país no existiera uno de los sistemas más democráticos conocidos, al tiempo que confirma la idea de su sistema es titular olímpico en cuanto a democracia, que: “Los líderes de La Habana y el pueblo cubano saben que Estados Unidos siempre será campeón y paladín de principios democráticos y reformas, como muchos otros gobiernos, dentro y fuera de este hemisferio. Seguiremos instando al gobierno cubano para que cumpla con sus obligaciones bajo los convenios de derechos humanos interamericanos, obligaciones compartidas por Estados Unidos y otros países de América. De hecho, estamos convencidos de que el pueblo de Cuba sería servido mejor con una democracia genuina, para poder expresar sus ideas, escoger a sus líderes, practicar su credo, donde el compromiso hacia la justicia social y económica se realizan más plenamente, con instituciones que deben dar respuesta a los que sirven, y que la sociedad civil independiente pueda florecer”. Por ello nos enorgullecieron las declaraciones que, en la conferencia de prensa conjunta entre el canciller cubano y el secretario de Estado norteamericano, efectuada en el Salón Vedado del Hotel Nacional, planteara el compañero Bruno, al remarcar: “Pero quiero enfatizar que Cuba se siente muy orgullosa de su ejecutoria en la garantía del ejercicio pleno de los derechos humanos indivisibles, interdependientes, universales; libertades civiles y derechos políticos y derechos económicos, sociales y culturales en igualdad de condiciones para cada cubana y cubano, y esperamos que para cada ciudadano y ciudadana de este planeta. Es verdad que nosotros también tenemos preocupaciones en materia de derechos humanos en Estados Unidos. Cuba, por ejemplo, tiene un amplio patrón de adhesión a instrumentos internacionales de derechos humanos; Cuba es parte de la Convención de Derechos del Niño o es parte incluso de la Convención contra la Discriminación de la Mujer, ambas de Naciones Unidas, porque considera que es un principio el de salario igual por trabajo igual para las mujeres y los hombres, y se opone a cualquier discriminación de género y de cualquier naturaleza. No es Cuba un lugar donde haya hechos de discriminación racial o brutalidad policial, o se produzcan muertes en hechos relacionados con estos temas, ni está bajo la jurisdicción cubana el territorio donde se tortura o se sostiene a personas en un limbo jurídico”. Con respecto al tema de las cuestiones sobre derechos humanos interamericanas, es válido aclarar que dicho sistema no solo ha sido fuertemente criticado por varios mandatarios de la región –el presidente Correa ha dicho que el Sistema Interamericano de Derechos Humanos debe ser redefinido totalmente, cuestionándose además porque su sede radica en Washington, cuando Estados Unidos no ha firmado una buena parte de sus instrumentos jurídicos- sino que en el plano académico igualmente está desacreditado. Mese atrás, se interpeló a varios expertos sobre estos temas, de diferentes naciones. El politólogo Jorge Hernández Martínez, director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHESEU), de la Universidad de La Habana, expresó: “El Sistema Interamericano es una construcción institucional obsoleta marcada por la lógica de la Guerra Fría. Sus aportes ideológicos se remontan a la racionalidad del monroísmo y el panamericanismo. (…) La guerra de las Malvinas precipitó la quiebra del Sistema Interamericano, cuyo diseño diplomático, militar y doctrinal responde, desde su creación, a propósitos imperialistas de dominación”. Ver en: John Kerry: “Estados Unidos acoge con beneplácito…”, Ed., cit, p. 5.; Bruno Rodríguez: “Cuba y EE.UU. acuerdan establecer una comisión bilateral para definir los temas que deberán ser abordados en lo inmediato”, Juventud Rebelde, sábado 15 de agosto de 2015, p. 2., y Jorge Hernández Martínez: “Después de Panamá: ¿comienza una nueva política estadounidense hacia la región?, en Cuba Posible, edición digital.

 

 

[vii] Es necesario ratificar, una vez más, que, luego del triunfo de la Revolución, la dirección cubana abrió la posibilidad real de cooperar en diversas esferas con el gobierno norteamericano. El béisbol, sempiterno puente entre las dos naciones, desde que a mediados de la década de 1860 retornaran con varios implementos a nuestro país los hermanos Nemesio y Ernesto Guilló, junto a Enrique Porto, tras seis años de estudio en el Springhill College de Mobile, Alabama, no fue la excepción. Durante aquella travesía Nemesio se encargó de que llegara a buen recaudo el bate y la pelota que depositó en su baúl, que para la fecha, 1864, eran poco conocidos incluso en territorio norteamericano. Desde entonces las cuestiones inherentes a bolas y strikes ocupan un lugar sentimental privilegiado para los cubanos. Una muestra de dicha voluntad de mantener los vínculos existentes, e incluso desarrollarlos, por la parte antillana, la tenemos en este fragmento que escribe uno de los investigadores sobre el tema: “La temporada veraniega (abril-octubre) corresponde a la Liga Internacional de Triple A, integrada por Equipos de Estados Unidos, Canadá y la franquicia de La Habana, representada por los Cuban Sugar Kings. El 14 de abril de 1959 –horas antes de viajar a Estados Unidos (HPC)-, el comandante Fidel Castro inaugura este certamen al lanzar la primera bola que recibe el legendario comandante Camilo Cienfuegos. En esta temporada los Cuban Sugar Kings, por primera vez, se titulan campeones de la llamada Pequeña Serie Mundial, también inaugurada por Fidel el 1 de octubre de 1959, éxito que enaltece el sentimiento nacional, apoyado con la presencia de las principales figuras de la Revolución”. En el caso de las acciones tomadas contra la naciente propuesta encabezada por los barbudos, la pelota (que expresa aspectos sustantivos de la identidad a ambos lados del mar) estuvo también en la mira. Otro de los estudiosos sobre este particular expone: “Una de las primeras medidas tomadas por el Departamento de Estado fue privar a la Isla de la franquicia del equipo Cuban Sugar Kings, como quedó sancionado en el verano de 1960 durante la convención anual de propietarios de los equipos en la Liga Internacional. (…) La sede de la franquicia fue otorgada entonces a Jersey City, New Jersey, y se produjo al mismo tiempo que la administración de Eisenhower despojó a la isla de su cuota azucarera en el mercado norteamericano, y la Revolución respondiera con la nacionalización de los centrales azucareros y monopolios de propiedad estadounidense. Otras medidas represivas fueron las de prohibir a jugadores estadounidenses participar en los campeonatos invernales cubanos o jugar en Cuba como miembros de otros equipos. Incluso, se habló de prohibirle jugar en su patria a los beisbolistas que se desempeñaban en equipos del béisbol organizado norteamericano”. Haciendo alusión a la maniobra orquestada para escamotearle a Cuba organizar la XIII Serie del Caribe –torneo que acogió en su edición fundacional de 1949, cuando su elenco participante, los Alacranes del Almendares, se impusieron en el Gran Stadium del Cerro- añadió: “La sede rotativa del año 1961 le correspondía a La Habana y un equipo de la isla era el defensor del título, pero ello no impidió que el comisionado de las Grandes Ligas, Ford Fricks, decidiera otorgar la competencia a Caracas y excluir el conjunto antillano. El resultado fue la renuncia de Venezuela a organizar un campeonato espurio y las Series del Caribe fueron suspendidas, dejando a Cuba como la gran ganadora en la justa durante sus doce participaciones, con siete títulos ganados, incluyendo los últimos cinco de manera consecutiva”. En el año 2014 Cuba retornó a estas lides caribeñas, en la cita celebrada en Isla Margarita, con la novena de Villa Clara. Este año, en la justa preparada por San Juan, los Vegueros de Pinar del Río alcanzaron espectacularmente la octava corona para nuestro país. Vale la pena reproducir las declaraciones hechas por Fidel, el 22 de abril de 1959 durante su recorrido por Estados Unidos, que se incluye en el trabajo al que hacemos referencia, tomando como fuente el material Resumen de un viaje, publicado en La Habana por la Editorial Lex, en 1960, específicamente en sus páginas 112 y 113. “Se ha dicho que usted –le preguntaron al Comandante en Jefe- afirmó que primero pichearía por los Cuban Sugar Kings antes de permitir que el equipo sea trasladado para Jersey City. Díganos, ¿cuál es su “average” en carreras limpias?” “Bueno, respondió Fidel, los cubanos no quieren que los Cuban Sugar Kings se vayan de Cuba. Nosotros queremos que se queden en Cuba y lo que es más, queremos hacer un equipo de Grandes Ligas. Le voy a decir algo más. Tenemos interés en los deportes, por el deporte mismo y porque es una forma de atraer al turismo, ya que tenemos uno de los lugares más maravillosos del mundo y esperamos convertir nuestra maravillosa isla en un paraíso del turismo internacional, y eso será una forma de ayudar a resolver las pequeñas dificultades económicas. (…) Esta es una de las razones por las cuales estamos interesados en los Sugar Kings y además, estamos empeñados en demostrar que contamos con buenos jugadores de pelota. También vamos a incrementar todo tipo de deportes. Quiero que ustedes sepan que en tres meses hemos distribuidos más clase de equipos para diferentes deportes, que lo que se había distribuido antes en veinte años de gobierno. Y esperamos tener uno de los mejores equipos de pelota de Cuba. Sobre lo de cuál es mi `average´, les diré. Nunca fuimos un Babe Ruth cubano, pero muchas veces hemos colgados los nueve ceros en la pizarra… (risas y aplausos)”. Carlos E. Reig Romero: “Primer inning del béisbol revolucionario” y Félix Julio Alfonso López: “Historia y revolución en los diamantes”, Ver en: Con las bases llenas, (Félix Julio Alfonso López, compilador), Editorial Científico-Técnica, La Habana, 2008, pp. 4 y XII-XVI.

 

[viii] El jefe de la diplomacia norteamericana expresó, ante una pregunta del periodista de Granma Sergio Alejandro Gómez, que: “Entonces nos queda muy claro en esta hoja de ruta que nosotros vamos a empezar a hacer las cosas en aquellos temas donde podemos progresar a nuestro entender. No significa que los otros temas no van a ser discutidos. (…) Entonces tenemos un mundo de posibilidades con las cuales podemos tratar, sin preocuparnos excesivamente de las cosas más complicadas y difíciles; vayamos paulatinamente, hagamos las cosas de una manera estratégica, construyamos confianza, alcancemos algunos elementos, vamos a ver qué tal van adelante las cosas y esperamos poder fijar los cimientos para que la gente vea que tiene sentido levantar el embargo. Creo que ese es uno de los objetivos que compartimos, y el hecho de alcanzar esa meta va a significar que tenemos ambos que tener éxito en producir progresos en cuanto a la hoja de ruta misma”. El compañero Bruno, por su parte, ratificó que, “He reiterado al Secretario de Estado que el levantamiento total del bloqueo, en nuestra opinión, es esencial para poder tener relaciones normales con Estados Unidos, así como la devolución del territorio que se usurpa a nuestro país en la Base Naval en la bahía de Guantánamo. Igual que consideramos necesario avanzar en el tema de las compensaciones al pueblo cubano, a las ciudadanas y ciudadano cubanos, por los daños humanos y los daños económicos que se han producido en estas más de cinco décadas. Al igual que aspiramos a que se respete, de manera absoluta, la soberanía de Cuba y nuestros asuntos internos”. Ver en: “Cuba y EE.UU. acuerdan establecer una comisión bilateral para definir los temas que deberán ser abordados en lo inmediato”, Ed., cit., pp. 2-4.

Un comentario en Cuba –Estados Unidos: pasado y futuro de una relación (II Parte y Final)

  1. Ojalá los de USA sean capaces de mantener con Cuba una coexistencia pacífica, de lo que no estoy convencida dado su historial injerencista y hostil hacia nosotros.
    Alguien me comentó: Ahora tienen con nosotros relaciones de Amistad, a lo que contesté: Las relaciones Cuba-USA, serán diplomáticas, políticas, comerciales, etc, pero de vecinos que conocemos por ser desagradables, poderosos y peligrosos, no solamente con nosotros. Creo difícil confiar en ellos.

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