Día del Trabajador Forestal: Viaje a la semilla

Día del Trabajador Forestal: Viaje a la semilla

Los forestales trabajan en la recuperación del Valle de los Ingenios, un lugar visitado por miles de turistas al año. Foto: Elisdany López Ceballos
Los forestales trabajan en la recuperación del Valle de los Ingenios, un lugar visitado por miles de turistas al año. Foto: Elisdany López Ceballos

No fue en el tren jamaiquino en el que recorrimos el Valle de los Ingenios, y creo que nunca antes había mirado ese paisaje descontextualizándolo del esplendor azucarero alcanzado en el siglo XIX. Por primera vez remonté las guardarrayas sin querer revivir historias de grilletes, esclavitud y abolengo.

Uno de mis colegas aseguró que “emprenderíamos viaje a la semilla”, pero la travesía acabó entre quienes las plantan. En pleno 2015 y encima de una carreta disfrutamos del renacer de una imagen icónica que tiempo atrás solo hacía justicia a su condición de Patrimonio de la Humanidad en las tantas postales que eternizaron su belleza y se comercializan como suvenir en cualquier lugar de Cuba.

Desde el pasado año, los trabajadores de la unidad empresarial de base (UEB) Silvícola Trinidad, perteneciente a la Empresa Forestal Integral (EFI) de Sancti Spíritus, se encargan de la reforestación de una parte importante de esas tierras, convertidas en cronistas de una época.

Otra cara

“Para nosotros fue un desafío, porque normalmente trabajamos en áreas montañosas y sin exceder las cinco hectáreas (ha). De repente nos dieron la tarea de intervenir 50 ha en la primera etapa de recuperación de este espacio emblemático. Conseguir que esa parte del Valle sobreviviera a la asfixia del marabú nos comenzó a quitar el sueño”, afirmó Robeldi Nicot Terrero, Máster en Ciencias Forestales y director de la UEB trinitaria.

Ahora, rodeados de cedros, mangos, eucaliptos y acacias, Nicot y “la tropa” que le sigue coinciden en no querer abandonar ese balcón que deja ver la cara pintoresca de una villa colonial. Apoyados en la silvicultura intensiva “están pegados a la tierra durante largas jornadas para verla reverdecer entre sus manos”, y ya preparan los suelos para continuar con la siembra de otras 50 ha durante el 2015.

Que el salario medio exceda los 500 pesos y el sistema de pago responda a los resultados, devienen motivaciones para quienes laboran en la UEB, mas, la dosis de dedicación que les permite sortear las fatigas y el sacrificio, les viene en la sangre:

“Yo me gradué de técnico de nivel medio en Informática y Bibliotecología, además, fui campeón provincial de ajedrez en mi natal Baracoa; sin embargo, me gusta trabajar en el campo. La faena es dura, pero lo hago de corazón. En Trinidad hay un mercado laboral atractivo en el polo turístico y aun así prefiero lo apacible de la naturaleza y saber que puedo regenerar vida con solo plantar una semilla”, aseguró Alberto Matos Quintero, un joven de 24 años al que no le espantan las jornadas de sol a sol.

Más de 300 ha pretenden renovar en el Valle de los Ingenios, 100 de ellas asumidas por los trabajadores forestales y el resto por los de la empresa azucarera de la provincia y la unidad territorial de Flora y Fauna.

La acción de la EFI en Sancti Spíritus no solo se percibe en el cambio visual del Valle de los Ingenios. Los más de 900 trabajadores que la componen, distribuidos en seis UEB, influyen en el aumento de la boscosidad de una de las provincias con mayor deforestación en Cuba, y tributan a otros rubros de la economía.

Renovación en verde

“Creo que ganamos la sede del acto nacional por el día del trabajador del sector gracias al empeño colectivo. Nosotros crecimos con relación al año anterior en 578 ha certificadas de plantaciones y de manejo de regeneración natural. El índice boscoso de la provincia es de 19,3 %, y aunque nos falta camino por andar, avanzamos mucho si tenemos en cuenta que en la década de los 90 estuvo aproximadamente en un 16 %, afirmó Ania Ester Marrero Felipe, máster y especialista integral forestal encargada de la actividad silvícola en la EFI.

Estos hombres y mujeres llevan un gen de amor por la brisa fresca y el suelo vital. Se adentran en los paisajes no solo para disfrutarlos, también para lanzarles un bote salvavidas. Son personas que comprendieron la necesidad de plantar un árbol para que el planeta respire; y con él nosotros.

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