Traigo un catauro de palabras

Traigo un catauro de palabras

Traigo un catauro de palabras - Marcelino ArozarenaLamentable e injustamente olvidado, el nombre de Marcelino Arozarena vuelve ahora al catálogo editorial cubano de inicios de un nuevo siglo y milenio. Ocasión propicia para leer –o releer— la obra de este creador, considerado entre los más reconocidos cultivadores de la poesía negra en la mayor de Las Antillas.

Alena Bastos Baños se ha encargado de seleccionar una colección de poemas y prosas, escritos por este autor a lo largo de varias décadas de ejercicio intelectual, para así conformar el volumen titulado Traigo un catauro de palabras (Editorial Letras Cubanas, 2014, 168 pp).

Abren esta entrega los versos que Marcelino Arozarena incluyó en su poemario Canción negra sin color, publicado en 1966, con textos fechados entre los años 1933 y 1960, en que –según su propia confesión— “intento cantar desde negro pero con la porción de voz que nos toca en el canto universal”.

“Justicia” es el título de uno de los poemas de ese cuaderno, originalmente publicado en Adelante, en junio de 1935, que, en tono humorístico, invita a reflexionar sobre el tema de la discriminación racial:

Dominó,

¡qué malo ser Doblenueve!

Soy el paria de tu juego,

me tratan como a un intocable

y, sin embargo,

yo también sirvo para dominar,

Dominó.

Vendrán los tiempos

de las reivindicaciones

y entonces,

no me despreciarán por la Dobleblanca:

Todos seremos iguales,

¡Dominó!

Continúa Traigo un catauro de palabras, en una segunda sección titulada “Lascas de sol”, con un grupo de textos que evidencian la variedad de temas tratados por el poeta, organizados –en criterio de la antóloga— “por la fluidez psicológica de la lectura más adecuada para la mentalidad receptiva del público lector”.

En ese conjunto aparece “Zoovegetando”, sugerente poema en que el autor escribe:

Guizazo:

Cuando estás a dos pasos pareces

una espiga de arroz;

pero cuando el ingenuo pantalón urbano

pretende acariciarte

te le prendes como un alacrán vegetal

o un macao botánico,

revelando tu ancestral parentesco zoológico.

Para cerrar el volumen, se reproducen cuatro artículos de Marcelino Arozarena, que demuestran el tratamiento, a través de la prosa, de los temas reflejados en su obra lírica. Uno de esos estudios, “El antillano domador de sones”, publicado en la revista América, en 1943, aun hoy resulta un interesante acercamiento a la poesía de Nicolás Guillén.

No solo poeta, también periodista y maestro, Marcelino Arozarena (La Habana, 1912-1996) mantuvo, desde su más temprana juventud, una activa labor política, social y cultural. Fue fundador del Partido Marxista –luego Partido Socialista Popular— y de la Sociedad de Estudios Afrocubanos –creada por don Fernando Ortiz— e integró el equipo de redactores de La Gaceta de Cuba. 

En el prólogo a esta selección de versos y prosas de Marcelino Arozarena, la poeta y crítica Basilia Papastamatíu, además de reconocer el valor y significación de este autor dentro de las letras insulares, invita a esas lecturas y estudios rigurosos que aun merece su legado. No sería exagerado afirmar que Traigo un catauro de palabras puede, indudablemente, contribuir a tan noble y justo empeño.

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