¿Estamos preparados para la jubilación?

¿Estamos preparados para la jubilación?

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Jubilación

Sonriente, bien arreglada, hablando de planes presentes y futuros. Así vi en encuentro reciente a una otrora compañera de trabajo. Hace dos meses había sido diferente. No solo sus problemas familiares gravitaban en la tristeza y hasta cierta desorientación que percibí en sus conversaciones. Ahora la abracé y le dije: “Me has dado el argumento del próximo comentario”.

En las páginas de Buzón abierto es habitual que aparezca el tema de la jubilación, pero solo a partir de intereses y dudas perentorias como son el cálculo de cuánto van a percibir o tropiezos en los trámites que marcan el final de la vida de cualquier asalariado.

Agradeceríamos a nuestros lectores que nos enviaran las experiencias, buenas y malas, de esta nueva etapa, y la atención que reciben de sus antiguos centros de trabajo.

Cuando hablamos de las estadísticas de la sección siempre decimos que la seguridad social es uno de los aspectos que más abordan los lectores y por ende tramitamos. Hay otros que vienen aparejados como volver a contratarse para aumentar sus ingresos o simplemente encontrarse como pez fuera del agua cuando todavía restan fuerzas, intelecto y deseos de continuar aportando a la sociedad.

Para estos últimos se han ido creando condiciones e incluso se estimula el regreso a algunos sectores como el de educación, aunque decisivo resulta un enfoque integral al asunto.

De hecho, antes de hablarse con fuerza del acelerado proceso de envejecimiento de la población cubana, fue aprobada en el 2008 la Ley 105 de Seguridad Social, la cual estableció que para recibir una pensión por edad, quienes trabajen en condiciones normales (categoría I) necesitan tener, las mujeres 60 años de edad o más y los hombres 65 años o más, así como haber prestado no menos de 30 años de servicios y estar vinculados laboralmente en el momento de cumplir esos requisitos.

En algunas cartas recibidas no hay total comprensión de esa medida, que no deriva de un deseo festinado de alargar el tiempo de trabajo, sino que resulta reflejo de una necesidad a la cual llegamos por la baja natalidad y el aumento de la esperanza de vida al nacer. Son causas que influyen directamente en el decrecimiento de la cifra de quienes arriban a la edad laboral y, por ende, de la disponibilidad de recursos humanos.

¿Estamos preparados?

Considero que para pensar siquiera en la jubilación hay que prepararse. Es una decisión que conlleva cambios sustanciales en la vida de cualquiera. No es asumida igual cuando llega por la cantidad de tiempo trabajado, que cuando deriva de cuestiones relacionadas con la salud o motivos no previstos.

De todas formas, cotidianos comentarios y opiniones de psicólogos vistas en la web, me confirman que buena parte de las personas en diferentes latitudes no están listas para jubilarse, y una vez consumado el hecho siguen actitudes y desempeños casi acuñados.

En nuestro país es práctica habitual que la jornada laboral sea cambiada por ocupaciones hogareñas.

Las opciones dependen no solo de beneficios materiales sino también de saber aprovechar las oportunidades que la sociedad pone a su disposición.

También es sabido que hacen falta inversiones y más alternativas. Esto se imbrica con la política que por el envejecimiento poblacional fue aprobada en el VI Congreso del Partido, mediante la cual se añaden o fortalecen varios programas como los dirigidos a ancianos sin apoyo familiar, el de trabajo social para los beneficiados por la asistencia social, las madres solas y menores con problemas sociales y el de atención integral a individuos con discapacidad.

Antes de concluir el pasado año, en la prensa ocuparon espacio las noticias relacionadas con algunos resultados en cuanto al plan de reparación y mantenimiento de casas de abuelos y hogares de ancianos. ¿Y qué me dice de la Cátedra del Adulto Mayor?, con más de 560 aulas en todo el país en las cuales han renacido o visto la luz por primera vez propósitos realizables.

Son alternativas al alcance de quien lo desee, solo tiene que indagar por ejemplo en el consultorio del médico de la familia o en el policlínico, donde además se puede conocer de las sesiones de ejercicios de diverso tipo, otro pretexto para dar movimiento a las articulaciones, salir de la rutina, hacer nuevas amistades…

Porque es muy seguro que no duren mucho la sensación de alegría, necesidad de descanso y ocio que experimenta el recién jubilado. En ese momento deben aflorar proyectos que sigan dando sentido a su vida.

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