Apretar la tuerca sobre el asfalto

Apretar la tuerca sobre el asfalto

20lht-transito-prevencion-senalesNo por frecuentes dejan de asombrar. Las informaciones sobre los accidentes de tránsito, con su dolorosa secuela de fallecidos y lesionados, laceran el alma y entristecen el espíritu cada vez más.

Transitar por las carreteras cubanas se ha convertido en una especie de desafío peligroso. Se sabe cómo se entra a ellas, pero no cómo se sale. Y no es una exageración. Veamos algunas cifras imprescindibles para abordar este asunto.

Durante el pasado año ocurrieron 11 mil 294 accidentes de tránsito, 391 menos en comparación con el 2013. Murieron por esta causa 746 personas y otras 8 mil 831 resultaron lesionadas. Ambas cantidades son superiores a las registradas el año precedente. No cuento con los datos de lo ocurrido en lo que va del 2015, pero los recientes hechos sucedidos en Sancti Spíritus y Pinar del Río resultan elocuentes de que la incidencia continúa en ascenso.

Muchos pensamos que la aprobación de la Ley 109, Código de Seguridad Vial, el 1º de agosto del 2010, permitiría ponerle freno, en buena medida, a tan sensible problema, aunque no ha sido así. La accidentalidad en el tránsito vehicular sigue siendo aguda y cada vez más preocupante.

Los análisis sobre las causas han sido tan numerosos, como ineficaces las medidas adoptadas y puestas en práctica. No hay accidente sin transgresión de lo establecido y no hay transgresión sin indisciplina, irresponsabilidad y una actitud que no se corresponde con el valor que debe dársele a la vida humana. Sobre el asfalto, “la tuerca que aprieta el tornillo”, como dicen los campesinos, aún está bastante floja.

Pululan la distracción de los conductores, acrecentada por el uso de los teléfonos celulares y modernos equipos de audio y video; el irrespeto al derecho de vía; el adelantamiento indebido; el exceso de velocidad; los medios de tracción animal transitando oscuros en las noches, sobre todo antes del amanecer, al igual que las bicicletas, y los desperfectos técnicos de los vehículos, incluidos los que, sin estar diseñados para ello, son dedicados a la transportación de pasajeros. En el 2014 ocurrieron 59 accidentes de los denominados de “impacto masivo”, 16 más que el año anterior, con un saldo de 102 fallecidos y mil 8 lesionados. El foco sigue siendo demasiado rojo.

Evidentemente, la inspección para el otorgamiento de la Certificación de revisión técnica automotor (CRTA), conocida popularmente por Somatón, debe ser más rigurosa y tener a su vez una continuidad —aunque evidentemente sin tanto rigor tecnológico— en las vías.

Si vamos a una apreciación empírica, siguen a galope la ingestión de bebidas alcohólicas por parte de los choferes, sin que la actuación contra esa conducta sea todo lo rigurosa que merece; las manifestaciones irresponsables de los peatones en las vías, como caminar por las calles aunque existan aceras anchas, cruzar por sitios indebidos y desafiar a los vehículos como si fueran toreros en una plaza, y la “guapería” de muchos que se consideran “superconductores” y pretenden siempre ser los primeros en salir de una esquina señalizada con un Pare y “dan cañonas” en calles y carreteras, en franco desafío a la decencia, la cordura y el respeto al derecho ajeno.

No pueden dejar de tenerse en cuenta la proliferación de los animales sueltos, con incidencia notable en diversos tramos de la Autopista Nacional y la Carretera Central, a cualquier hora del día o de la noche, sin que la acción de todos los implicados llegue a ser ni siquiera mínimamente efectiva; y el mal estado de muchas vías principales, lo que causa que algunos choferes, en aras de defender el estado técnico del vehículo, ejecuten giros que provocan la pérdida del control en la conducción, el vuelco y el accidente.

Es cierto que la educación y la prevención —como tanto se ha insistido— desempeñan un papel esencial en el cumplimiento de las regulaciones del tránsito y en la adquisición de adecuados hábitos de conducta en la vía pública. Pero ambas no solucionan solas el problema a esta altura, porque se ha arribado a una situación alarmante, signada por actitudes y acciones que parecen estar un tanto fuera de control.

A grandes problemas, grandes soluciones. En realidades como la que abordamos, los “paños tibios” nada resuelven. Evidentemente, en la aplicación del Código de Seguridad Vial hay que “apretar la mano”.

Lo que no debe seguir sucediendo es que sobre el asfalto continúen las manifestaciones de irresponsabilidad que provocan tantos accidentes y que el peso de la ley —como la mayoría de la población afirma—, no esté en correspondencia con las consecuencias de las infracciones y el enorme dolor que ellas provocan.

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