Seguir aprendiendo de Martí

Seguir aprendiendo de Martí

Ante las transformaciones que enfrenta la sociedad cubana, derivadas de la actualización de nuestro modelo económico, y los tiempos que se avecinan en el orden internacional, se impone seguir materializando aquella idea expresada por Lázaro Peña en el congreso constitutivo de la CTC: “Queremos aprender de Martí”.

No por casualidad la CTC, surgida en 1939, tuvo como fecha de nacimiento el 28 de enero. Los cuadros sindicales que en los años previos lograron, en medio de grandes riesgos, nuclear a las fuerzas dispersas de los trabajadores en una sola organización nacional, habían puesto en práctica el principal logado del Maestro: forjar la unidad, y lo consiguieron como él lo hizo, limando asperezas para aunar voluntades por un fin común.

“ A un plan obedece nuestro enemigo: de enconarnos, dispersarnos, dividirnos, ahogarnos ̶̶̶ dijo Martí ̶̶̶ Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo, hacer por fin a nuestra patria libre. Plan contra plan”. Ese fue el que pusieron en práctica los fundadores de la CTC.

Y es que esta nació no solopara luchar por las reivindicaciones de los obreros sino por la defensa de los intereses de todas las capas y clases de la Cuba de entonces, cubana, por la conquista de las más profundas reivindicaciones de la nación, su soberanía y bienestar.

Pronto la combatividad con que la unidad y la organización dotaron al movimiento sindical se convirtió en un obstáculo para los planes del imperialismo y la oligarquía criolla. Favorecidos por la reaccionaria política de “Guerra Fría”, lanzaron una embestida contra la CTC, y apoyados en elementos serviles consiguieron dividirla y someterla.

Frente a la acción divisionista del enemigo, los trabajadores no se dieron por vencidos y le opusieron la táctica señalada por el Apóstol. Así batallaron hasta lograr nuevamente, en una patria libre, la central sindical única que desde entonces enarboló los intereses legítimos de los trabajadores y se incorporó a la construcción de un futuro de justicia social.

Es una historia cargada de lecciones para los actuales cuadros sindicales, porque en todos estos años el adversario no ha abandonado su empeño de atomizar la unidad de los trabajadores, mediante la promoción de organizaciones sindicales supuestamente “independientes”, que a nadie representan, como no sean a los mismos que antaño quisieron minar la fuerza que le otorgaba la unidad al movimiento sindical.

La CTC se desenvuelve en la actualidad en un escenario nacional complejo que reclama su acción en diversos frentes. El fundamental, sin duda alguna, es el económico, pero el ideológico no es de segundo orden, por el contrario está indisolublemente vinculado al primero.

Hace algunos años, llegar a todos los trabajadores cuando la inmensa mayoría de ellos estaban concentrados en empresas o establecimientos estatales-­, donde tenían además de una organización similar un pensamiento más homogéneo­-, resultaba tal vez una tarea menos compleja que afiliar a los que hoy están incorporados a las más variadas formas de gestión, en las cuales, suele imponerse el interés individual por sobre el colectivo.

Sin embargo es preciso sumar a todos, no solo para defenderlos como en el pasado, sino para que cumplan en cada lugar sus deberes, lo que constituye su contribución al avance del socialismo que el pueblo se ha propuesto construir. Ello es más importante cuando la batalla que se libra no tiene como antes un rostro tan definido como el del explotador frente al explotado, sino la encabeza un contrincante que despliega sutil y hábilmente sus cantos de sirena para imponer un modelo de sociedad que esconde sus males tras la vitrina de la opulencia.

Una forma de mostrarnos en toda nuestra altura, como lo convocó Martí, es juntar no a la mayoría sino a la totalidad de los trabajadores en los sindicatos, que Lázaro concibió como escuelas formadoras; y lo serán si el dirigente sindical realiza una gestión despojada de formalismos, con una autoridad sustentada con el ejemplo; si coloca al trabajador como el centro de su labor, propicia que cada cual exprese su opinión, aunque sea de signo contrario, es capaz de convencer con las fuerzas de los argumentos y la persuasión y no deja ninguna preocupación sin respuesta.

“Se respeta lo que se ve unido, y a lo que no se ve unido no se respeta”, dijo Martí. Apretarnos en torno a nuestro proyecto social y demostrar que aquí sí se puede alcanzar un futuro próspero es nuestro plan, para que nos respeten y nadie pueda vencernos.

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