Mijaín López: “Ganar significó mantenerme en la lucha”

El luchador Mijaín López (Pinar del Río, 1982) es, a mi juicio, la figura icónica del deporte cubano en la actualidad. Su palmarés en lo que va del siglo XXI resulta inigualable para cualquiera de sus coterráneos. La afición confía cada año en que triunfará y triunfa. Ha sido, desde el 2005, un “hombre al seguro”, la medalla que pocos colocan en duda. Se puede vaticinar, con alarde incluido.

En la temporada que casi acaba aportó la nota más alta para nuestro movimiento deportivo. Tras varios meses de inactividad en la superélite reapareció en Taskent, Azerbaiyán, con su quinta corona universal, reafirmando que sigue siendo un extraclase.

Sobre ese y otros asuntos dialogamos recientemente en su cuartel general, la Escuela Superior de Formación de Atletas de Alto Rendimiento (Esfaar) Cerro Pelado.

Luego de obtener el segundo título olímpico, en Londres 2012, solicitaste un año de descanso. ¿Cuánto te benefició?

Fue muy bueno, necesitaba tomarme un tiempo porque llevaba más de 20 años en la lucha, casi siempre teniendo que bajar de peso. Además, durante la última década llegué a finales en los eventos más importantes y eso exigió gran dedicación y sacrificio. Me sentí agotado y decidí hacer un alto para descansar y atender lesiones. De paso les di un chance a las figuras jóvenes de mi división.

También debiste atender algunas dificultades personales…

Finalmente se resolvió el problema de la vivienda y también pude cambiar el automóvil por uno más adecuado a mi tamaño.

Previo a la cita londinense afirmaste que tu mayor rival era el peso corporal. ¿Sentiste que tu carrera estuvo en peligro?

Sí. Tras esos juegos olímpicos iba a ser muy difícil que continuara en los 120 kg. Hacer la división implicaba sacrificios que estaban poniendo en juego mi salud. Por suerte se escuchaban rumores de que aumentarían algunas libras y estaba esperanzado.

En definitiva se aprobó la categoría de 130 kg, una decisión que pareció hecha a tu medida. ¿Qué ha implicado para ti?

En verdad regresó la división original. En mis inicios, pesando solo 107 kg, luché con hombres que rozaban el máximo permitido. Ahora espero desquitarme de lo ocurrido en aquella etapa (risas). Ha sido un gran alivio, hago el peso con facilidad y conservo la rapidez y explosividad de siempre. En los 120 kg terminaba las competencias extenuado, actualmente estoy mucho más fuerte.

Al mismo tiempo, la federación internacional innovó en las reglas de combate y puntuación. ¿Te satisfacen esos cambios?

Tenía cierto temor antes de viajar al Mundial de Taskent, pues sería mi primer examen de nivel en la nueva división y con ese sistema recién instaurado. Sin embargo, me beneficia porque los árbitros tratan de no decidir los combates cuando uno o ambos luchadores logran marcar algún punto técnico. En mi caso siempre saco ventaja de la posición de cuatro puntos y coloco al rival contra la pared.

El árbitro ha recobrado protagonismo en la definición de las peleas y eso puede ser peligroso. ¿Qué opinas?

Pueden influir en un resultado, pero sobre todo en pleitos que estén cero a cero y ellos deban pronunciarse. Me concentro en decidir rápido sobre el colchón para que los árbitros no vengan a exigirme.

¿Llegaste presionado a la cita de Taskent?

Un poco, no tanto por la calidad de los contrarios como por las novedades que hemos comentado y porque no soporto perder. Me preocupaba caer derrotado, debo decirlo, habría sido un golpe muy duro para mí en este momento.

¿Qué referencias tenías del Mundial de Budapest 2013?

No soy de ver las peleas de los mundiales, ni de meterme mucho en el asunto de los rivales, ya que tiendo a equivocarme. Le pedí a mi entrenador la información fundamental, básicamente quiénes fueron los ganadores, y enfoqué mi preparación hacia las características de esos adversarios.

¿Y qué encontraste cuando llegaste al pesaje oficial?

Aprecié un nivel bastante alto y vi a varios luchadores jóvenes de mayores estatura y físico que las mías. Tuve que sobreponerme a esa impresión porque era el favorito y quería ganar, pero me dejó enseñanzas de cara al futuro.

El combate semifinal contra el ruso Bilial Makhov acabó 1×0 y llamó poderosamente la atención de nuestra afición…

La gente me pregunta ahora por el ruso, ya no recuerdan al turco Riza Kayaalp. Makhov es un luchador de experiencia en el estilo libre, cinco veces campeón mundial (dos como juvenil), pero recién llegado a la greco, por lo cual no lo conocía. No podía equivocarme en esa pelea por plata, así que realicé el trabajo de siempre: lo puse pasivo y le tiré mi técnica preferida, el desbalance; después aguanté la pelea y por esa razón quedó 1×0. Ya no estoy para ganar 8×0 ni 10×0, solo para ganar.

Además influyeron otros factores: había muchos rusos mirando el combate, entre ellos el legendario Alexander Karelin, y colocaron al mismo árbitro que me pitó en la presentación anterior, todo lo cual me tensionó un poco. Pero más nada, ustedes verán que en el Mundial que viene le gano más fácil.

La final ante Kayaalp devino revancha de lo ocurrido en el 2011 en Turquía, cuando te venció increíblemente ante su público…

En aquella ocasión presenté dificultades físicas y perdí, pero ya en Londres lo vencí de manera inobjetable. Esta vez estaba preparado psicológicamente, lo había estudiado bien y salí con todo desde el principio. Lo puse pasivo y en el minuto tres le tiré dos desbalances seguidos y se acabó la historia.

¿Le conviene a Kayaalp el aumento de categoría?

Él es más bajito que yo, en el pesaje llegó a 125 kg, cuatro por debajo de mí. A mi juicio no le conviene subir más porque se pondría demasiado lento.

Luego de tantos premios… ¿qué tenía de especial esta quinta corona?

Mantenerme en la lucha. ¡Imagínese que en una entrevista hace dos años había dicho, jocosamente, que si aprobaban los 130 kg “mataba” a un contrario sobre el colchón! No podía fallar.

En esta campaña te restan los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz. Se trata del único título pendiente en tu brillante carrera. Parece un reto menor…

En apariencia será fácil, pero los rivales están ahí y hay que hacer el trabajo adecuadamente. Voy a luchar como en el Mundial.

El próximo año, en el certamen del orbe, pudieras sumar tu sexta medalla de oro. ¿Alguna motivación especial?

Volver a triunfar y obtener mi boleto para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. No hay otras, sinceramente.

Si te impones igualarías en cantidad de preseas doradas mundiales con Félix Savón, Javier Sotomayor y Daniel Núñez, solo por detrás de Iván Pedroso (9)…

No recordaba ese detalle, para mí sería un gran honor llegar a ese escalón.

¿Qué sucederá en Río 2016?

Hay que asistir con naturalidad por la tercera victoria olímpica. Toca prepararse más, con dedicación, para una competencia muy dura. La meta es ganar, no hay otra. Allí estarán los 20 mejores del planeta en mi división y deberé efectuar entre tres y cuatro peleas. ¡Ya sabemos cómo es la cosa! (risas)

¿Después qué harás?

No sé todavía. Está en veremos.

¿Otra vez el mejor deportista individual del año en Cuba?

Mi quinta medalla dorada la esperaba mucha gente y se las traje. Lo hice por mi pueblo y mi carrera. No quiero hablar de esa elección, ya que solo espero una votación franca. Prefiero ratificarle a nuestra afición que cada vez que me suba al colchón lucharé por el oro.

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