Reverdecer de los cañaverales

Reverdecer de los cañaverales

Que una cantidad significativa de UBPC logre rendimientos de más de 60 t/h sustenta la vialidad de esta forma productiva. Foto: Carlos Cánovas
Que una cantidad significativa de UBPC logre rendimientos de más de 60 t/h sustenta la vialidad de esta forma productiva. Foto: Carlos Cánovas

 

Cuando en el XX Congreso de la CTC, el delegado Gerardo Sarduy López narró el prodigio de multiplicar los rendimientos cañeros en una unidad básica de producción cooperativa (UBPC) heredera de áreas que promediaban solo 17 toneladas por hectárea de la gramínea, transmitió la clave del cómo lograrlo: “Contamos con una fuerza de trabajo estable (el 53 % son fundadores) que labora con amor y voluntad”.

La UBPC 13 de Octubre, de Villa Clara, se fundó en 1993. “Lo primero fue cubrir la totalidad de las áreas dedicadas al cultivo que crece en condiciones de secano; poco después dimos un salto, luego llegamos a 61 t/ha y este año creceremos el 20 por ciento”.

Sarduy reconoció que los recursos están llegando a tiempo a las cooperativas; sin embargo, advirtió que la producción “crece muy lentamente en algunos lugares, y no podemos esperar 20 años más para darle al país la caña suficiente que posibilite el incremento de la fabricación de azúcar”.

Pudiera ser esta una de las insatisfacciones de los azucareros, cuando este 13 de octubre, Día del trabajador del sector, hagan un alto en su labor y reflexionen sobre cuánto aportan y cuánto les falta para dar ese empujón cotidiano que reclama la economía.

La viabilidad de las UBPC

Que una cantidad significativa de unidades básicas de producción cooperativa logre rendimientos de más de 60 t/ha (el promedio nacional es de 43,6 t/ha) y que solo 81 de las más de 530 que existen no sean rentables, sustenta la viabilidad de esta forma de producción, creada en 1993 bajo principios básicos que refrendaban su modelo de gestión, la atención a los trabajadores y la autonomía. Estas entidades aportan el 70 % de toda la caña que se muele.

La disyuntiva está en que no todas ni la mayoría alcanzan los rendimientos cañeros que potencialmente pudieran obtener dadas las condiciones del suelo, el clima, la tecnología, los insumos y la fuerza de trabajo, y se encuentran ejemplos de algunas que, colindantes con otras muy buenas, tienen malos resultados productivos y económicos.

Por ese motivo, desde hace cuatro años, equipos de trabajo del grupo azucarero Azcuba realizan mensualmente visitas a las más deficientes con el objetivo de ayudar en la formación de los cuadros, en la calidad de las labores agrícolas, detectar problemas esenciales y recomendar soluciones. Al principio abarcaron a unas 300 unidades productoras (comenzaron por las que tenían menos de 25 t/ha), y hoy no pasan de 70.

También ha contribuido a esos resultados la capacitación que reciben los administradores en las tres escuelas de gerencia agrícola que funcionan en el país. Las 17 medidas aplicadas recientemente zafaron ataduras que había en las propias unidades productoras.

“Los últimos años demuestran que un grupo de UBPC se ha ido consolidando y ganando en sentido de pertenencia, que muestran resultados superiores a las cooperativas de producción agropecuaria y a las de créditos y servicios. Y las hay ‘grandes’ como: Los Indios, de Calimete; Rigoberto Corcho, de Artemisa; y Vietnam, de Aguada de Pasajeros”, reconoció Juan Carlos Pérez, director de Atención a Productores Agropecuarios de Azcuba.

Sin piedras en su camino

Plantaciones de esta calidad respaldan altos rendimientos. Foto: Lourdes Rey Veitia
Plantaciones de esta calidad respaldan altos rendimientos. Foto: Lourdes Rey Veitia

La UBPC Vietnam constituye, sin duda; un ejemplo para todos los productores cañeros. Es la que más área cultiva, casi el doble de la mayoría de las de su tipo, y logra 70,5 toneladas por hectárea. Conocen al detalle el costo de cada actividad, la calidad de los suelos está diversificada y una tonelada de caña les cuesta poco más de la mitad de lo que les pagan por producirla. Menos del 20 % de sus trabajadores son indirectos y cobran mensualmente más de 3 mil pesos.

Los de La Piedra, en Villa Clara, igualmente han podido quitar las “piedras” que aparecen en su camino y mantener la eficiencia. Ubicada en uno de los territorios más aislados de la provincia, en Quemado de Güines, con suelos salinos, pegados a la costa norte y en secano, logra más de 60 t/ha desde hace ocho años y ya llegó a 76,5.

En cambio otras entidades con iguales recursos y mejores tierras, como sus homólogas Felicidad, Combate y Palo Prieto, de la propia provincia, no llegan a obtener 40 toneladas por hectárea.

Aníbal Rivero Aday, jefe de producción de La Piedra, confesó que no hay secretos, solo hacer bien el trabajo. “La preparación del suelo, la calidad de las siembras para obtener la máxima población y hacer las labores agrotécnicas en el momento oportuno son determinantes”.

“La disciplina laboral y tecnológica, la organización del trabajo y la atención al hombre también son primordiales. El que aquí trabaja mal la propia asamblea se encarga de excluirlo del juego, porque afecta el prestigio y los resultados del colectivo”, explicó Irenaldo Hernández, su administrador.

Sus integrantes al terminar el mes llegan a los 2 mil 500 pesos, aunque existe el cuestionamiento de que en la pasada contienda hubo una alta producción y contradictoriamente obtuvieron menos dividendos porque el precio de la caña fue inferior; por tal concepto dejaron de recibir 408 mil pesos.

La caña no es tan dulce en Peonía

Guataca en mano andan Las Marianas, distinguidas así por su arrojo, en la UBPC Santa Lucía, enclavada en el centro de la provincia de Ciego de Ávila. Son 15 mujeres vinculadas a un lote con todas las plantaciones a expensas de las lluvias y donde solo trabajan cinco hombres.

Marlenis Guerrero Téllez, con 25 años en labores agrícolas, dijo sentirse más entusiasmada desde que se constituyó el lote cañero, donde tienen una casa para descansar y alimentarse, “así aprovechamos mejor la doble jornada de trabajo”.

Rafael San Luis, jefe de lote, argumentó que “les hacen falta botas de goma, pues las de material que les entregaron soportaron solo una semana el rigor del trabajo y menos tiempo resistieron los guantes”. La pasada zafra cerraron con rendimientos de más de 50 t/ha y utilidades en su balance económico de junio pasado.

Aunque discretos los resultados de ese colectivo superan a los de sus homólogos de Peonía, que tiene suelos bajos y negros, pero no tan infértiles como para producir 26 toneladas por hectárea.

Jorge Luis Martínez, responsable del lote No. 1, explicó que “2 mil y pico toneladas se quedaron sin cosechar en la pasada zafra, porque las combinadas tuvieron que cortar en otros campos, ya que los nuestros tenían exceso de humedad, una de las causas del incumplimiento de los estimados agrícolas planificados”.

La saturación por lluvias no fue la realidad absoluta del problema en esas tierras. Idalberto Alconada, administrador de la UBPC, argumentó que “los campos tenían solo el 70 % de población, los insumos algunas veces se aplicaron con un poco de enyerbamiento, y los productos que vienen de afuera se demoran”.

No obstante, cuando hace falta humedad, retoñan las contradicciones: “el herbicida no llegó en el momento oportuno, el agua amoniacada vino una sola vez y tuvimos que sustituirla por urea; recibimos cantidades suficientes de nitrato, fosfato y potasio, pero no en la etapa indicada y la solución es que lleguen las gomas delanteras para reanimar la máquina abonadora que está paralizada”, subrayó Jorge Luis.

Otras “pajas en el ojo” desmotivan el lograr alta productividad para elevar los rendimientos cañeros. Pedro Jaime, obrero agrícola, declaró que “las botas de trabajo se rompen enseguida, y que con una picadora particular realizan las pocas labores de roturación de las tierras, porque el implemento nuestro está roto hace tiempo”.

Explicó Idalberto Alconada que, teniendo en cuenta el mal drenaje de los suelos, realizan las siembras por el sistema de semicantero, para evitar que se encharque el agua en los surcos y se pudran las cepas.

Es largo el trecho para que prospere esta unidad, si se tiene en cuenta la reciente evaluación de los estimados, que pronostica 28 t/ha, apenas dos más que en la zafra pasada, mientras las posibilidades de lograr utilidades se enfocan hacia el 2018.

El sellaje de las plantaciones garantiza más caña por área. Foto: Roberto Carlos Medina
El sellaje de las plantaciones garantiza más caña por área. Foto: Roberto Carlos Medina

Con el favor de la ciencia

En la UBPC Rosel Cruz, de Báguanos, en Holguín, está demostrado que cuando la caña se atiende bien rinde más. Ubicada en la zona de Santa Clara Dos, alcanzan rendimientos de más de 60 t/ha en secano, muy superior a la media nacional, informó Octavio Calzadilla, el jefe de producción. Esto se debe, según su criterio, al cumplimiento de las atenciones culturales, pues “a la caña hay que cuidarla desde que se siembra hasta que se corta”.

Mas, no se trata solo del cultivo principal, sino del hombre, al cual también hay que atenderlo, organizarlo en brigadas integrales vinculadas a los resultados, darle las condiciones requeridas, mejorarle la alimentación y estimularlo.

La Rosel Cruz sobrecumplió el plan de entrega de materia prima a la industria, el anticipo promedio mensual ascendió a 600 pesos y al final de la zafra se repartieron más de 900 mil pesos de ganancias entre sus 165 trabajadores, lo que confirma que cuando el hombre rinde, es decir, siembra, limpia, cultiva y fertiliza las plantaciones en tiempo y forma, los rendimientos cañeros aumentan.

Los agroazucareros de Las Tunas terminaron la pasada zafra con el 109 % de cumplimiento del estimado de caña a moler y superaron las 40 t/ha, todavía muy separado de las 54 que constituyen el propósito trazado por el grupo empresarial Azcuba.

No obstante, el resultado no es parejo, pues del total de unidades productoras, 62 no llegan al promedio de la provincia y ocho de estas apenas logran las 30 t/ha. Criterios especializados concuerdan en que los bajos rendimientos se relacionan con la llegada a destiempo de los insumos, y falta de maquinaria y de equipos de riego.

Además, hay otras causas asociadas a la actuación de los hombres que obstaculizan la obtención de mejores dividendos: reiteradas violaciones técnicas en la siembra y la resiembra, problemas en la capacitación, mal aprovechamiento de la jornada laboral y deficiente atención a los trabajadores.

Arbelio Rodríguez y Juan Ignacio Quintana, miembros del secretariado nacional del Sindicato Azucarero, opinan que inciden además, la falta de cuadros, déficit de la fuerza laboral en algunas zonas, la fluctuación, el entorno natural y el cambio climático. “El hombre decide, y los que dirigen son clave para enrumbar hacia el camino adecuado”, puntualizaron.

Foto: Roberto Carlos Medina
Foto: Roberto Carlos Medina

En las UBPC La Pedrera (promedia 71 t/ha), Velasco 20 (67), y la 30 de Noviembre y La Horqueta, de Las Tunas, superan las 60 t, los hombres asumen las tareas con mayor entrega y preparan bien los suelos, hacen una adecuada selección de las semillas y dan esmeradas atenciones culturales a las plantaciones.

La aplicación de la ciencia y la tecnología puede revertir cualquier imponderable, esa realidad es tangible en la UBPC Diego Felipe, de Puerto Padre, donde de 1996 a la fecha, los rendimientos cañeros han crecido el 20 % y hoy exhiben 43,8 t/ha, el 99 % del potencial agroproductivo de sus suelos.

“A la infertilidad del suelo se unen otras características que hacen más difícil el cultivo”, refirió Pedro Rodríguez, el económico, y relacionó la existencia de piedras, cañadas y grandes desniveles. Por esos campos andan el ingeniero José Luis Jomarrón y su tropa como poseídos por los poderes de la ciencia, con la que han ido convirtiendo la tierra en centro de experimentación.

“Hemos aplicado diversas técnicas para detener el deterioro de los suelos y procurar su recuperación”. Reseña el arrope, las siembras en contorno, la desosbtaculización y el uso de los residuos de cosecha como abono orgánico. Hace dos años dieron los primeros pasos en la aplicación de tecnologías que ya rinden frutos: “Comenzamos con la siembra de base amplia en 38,6 hectáreas y en la pasada campaña las cosechamos a los 12 meses con 51 t/ha y una población que superó el 95 por ciento”. Otras novedades son la siembra por yemas pregerminadas en canteros, las que son trasplantadas directas al surco entre los 20 y 25 días de nacidas; y, la de yema directa.

José Luis ponderó la efectividad del retorno al lote como una opción para humanizar el trabajo, aprovechar mejor la jornada laboral y aumentar la productividad. “Esta estructura es decisiva, porque da autonomía económica y los trabajadores se sienten más dueños de lo que hacen”, reconoció el trabajador Salvador Rojas Pupo.

A partir de las tecnologías aplicadas, son halagüeños el ahorro de combustible en las atenciones culturales y la cosecha, el uso más racional de la fuerza de trabajo y el aumento de la productividad.

Otros elementos a favor de la elevación de los rendimientos —en el país pasaron de 25 t/ha hace cuatro años a 43,6 en el 2014, lo que representa el 11 % de crecimiento de la producción— son el aumento de las áreas bajo riego (se duplicó la cifra en solo cuatro años), el precio de la caña, la siembra de 35 mil ha nuevas por año, y la cultura que se va ganando de mantener las áreas limpias.

Juan Carlos Pérez, director de Atención a Productores Agropecuarios, coincidió en que “el problema por el cual no emparejan todas las UBPC es administrativo, pues en cada una conocen el potencial de rendimiento y reciben los recursos a precios estabilizados. La que obtiene más insumos es la que tiene más caña; y en la medida que aumentan la producción suben los ingresos”.

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