Panamá: crónica de una  victoria no esperada

Panamá: crónica de una victoria no esperada

Foto: BBC
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El deslinde de Juan Carlos Varela, el nuevo presidente electo en los recientes comicios presidenciales de la República de Panamá, venía dándose desde su ruptura con el Gobierno de Ricardo Martinelli, cuando dejó de ser su canciller en el año 2012.

A pesar de ser liberal en lo económico y de tradición política conservadora, Varela goza de fuertes credenciales en el desarrollo de programas sociales, según opinan algunos analistas. Desde la vicepresidencia de la nación —que también ocupó— ideó el bien acogido plan 100 por 70, a través del cual los mayores de 70 años sin ingresos recibían un estipendio de 100 dólares mensuales.

Marginado, criticado y hasta insultado por funcionarios oficialistas tras “pelearse a muerte” con el Presidente, muy pocos de sus detractores esperaban que iba a ganar las elecciones, máxime cuando durante toda la campaña aparecía como tercero en las encuestas.

De cualquier modo, los resultados comiciales indican que las tres fuerzas políticas principales y más representativas del país requieren establecer una especie de pacto de gobernabilidad, en medio de un escenario social muy conflictivo.

La derrota del partido oficialista es, entre otras razones, la causa de la profunda insatisfacción popular. En los inicios de mayo se inició una combativa huelga magisterial, que se sumó al paro de los trabajadores que laboran en la ampliación del Canal de Panamá, a consecuencia de la fuerte crisis donde se involucran varias empresas españolas las cuales consideran no rentable continuar con la ampliación de la vía interoceánica. A todo esto se suma la fuerte polarización social que el Gobierno de Martinelli ha generado con la implementación de sus políticas neoliberales.

Por un lado figuran las constantes inversiones financieras para el desarrollo urbano, haciendo de Ciudad de Panamá y algunas zonas turísticas de playa, unas de las más modernas y espectaculares de América Latina, en contraste con el gran deterioro social que padecen los más amplios sectores populares.

No puede obviarse como factor en contra de la administración saliente el hecho de que ha convertido a la nación centroamericana en refugio oficial de la más recalcitrante derecha venezolana, salvadoreña y de otros países latinoamericanos.

En su política activa en pro de la oposición antichavista, Martinelli llegó al colmo de nombrar en representación de su país ante la Organización de Estados Americanos a la exdiputada venezolana Ana Corina Machado, hecho violatorio de la legalidad internacional que generó la ruptura de relaciones diplomáticas con Caracas.

Si realmente tiene intenciones de trabajar para todos sus conciudadanos y dignificar a la nación itsmeña, Varela tendrá en sus manos una economía con potencialidades reales. El país tuvo un incremento promedio del 8 % de su producto interno bruto entre el 2006 y el 2012, momento en que empezó a producirse el actual estancamiento y el decrecimiento de su tasa anual a solo un 3,6 por ciento.

No pocos analistas coinciden en que no todo será fácil en los próximos cinco años para el nuevo gobernante. Los malos manejos públicos y el proceder neoliberal imperante han hecho que el índice inflacionario sea también enorme, a la vez que tiene ante sí la complicada relación con los inversores foráneos en las obras de ampliación del Canal.

En un plazo de menos de dos meses que tiene el recién electo presidente para formar Gobierno está obligado a buscar el respaldo de quienes puedan realmente contribuir a la lucha contra la generalizada corrupción que, según dijo el día de la victoria en las urnas, emprenderá a partir de ahora.

Está por ver si realmente Juan Carlos Varela está dispuesto a lidiar en la dura batalla contra el lastre dejado por el oportunismo político, el entreguismo y la manipulación desde el exterior que han distanciado a esta nación de quienes pudieran ser sus mejores aliados.

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