Dinosaurios modales

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El cliente debe ser prioridad en cada centro gastronómico
El cliente debe ser prioridad en cada centro gastronómico

Por Yuneimys Silva Echevarria, estudiante de Periodismo

Cuando arribamos a un establecimiento gastronómico con el estómago vacío, casi siempre buscamos un lugar donde sentarnos y nos disponemos a hacer el pedido. Hasta ahí todo marcha bien, el problema surge cuando el cliente comienza a interactuar con el lugar, los dependientes y la oferta.

Han llegado para quedarse expresiones como: “no tengo cambio”, “la comida está fría porque el microwave no funciona” o “lo único que queda es lo que está en exhibición”. Si este tipo de contestación es mala, muchas veces la manera de ofrecerla es peor.

No se trata de imputar culpas sin mesura, no obstante, creo necesario una mirada crítica al servicio que recibimos en los establecimientos gastronómicos. Dificultades hay, eso está claro, sin embargo la comunicación cordial facilita la asimilación de los problemas.

Pareciera que los clientes imploramos un favor a los que laboran  detrás del mostrador. Nada más lejano. Quien aspira recibir este tipo de servicio está dispuesto a pagar por él; y para que sea completo debe contemplar desde la calidad de los productos, hasta la amabilidad de quien lo ofrece.

Si algo no puede suceder es que incorporemos el maltrato a la cotidianidad. Debe imponerse el buen tono, la explicación necesaria, el esmero por la satisfacción del consumidor. Quien trabaja como vendedor a menudo también es cliente y reaccionará con beneplácito si es bien atendido.

La atención esmerada no debe asociarse a establecimientos lujosos y menos asequibles. La cortesía no tiene precio, no aparece en las tablillas que componen la oferta del día, tampoco se bebe o mastica. Debe incorporarse simplemente porque somos humanos, merecemos respetar y que nos respeten y no tenemos el derecho de maltratar a los demás con los gestos o el verbo.

Por cada refresco caliente, peseta que falta en la caja registradora para el cambio, tablilla que anuncia un producto que no posee el lugar o mostrador sucio, existe más de una insatisfacción en los consumidores.

Hoy parecen extinguidos el “buen provecho”, “¿desea algo más?” o el simple “gracias”. He visto a personas sorprenderse cuando reciben buena atención en un lugar donde no lo esperaban, cuestión que evidencia cuan escasos resultan los que venden comida y regalan sonrisas.

No sirve que nos conformemos con servicios a medias. Corresponde a la gente exigir lo que merece, conformarnos con lo mal hecho nos hace cómplices. Ofrezcamos al César lo que le pertenece y al cliente un servicio óptimo.

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