Julio Acanda: “Un sueño maravillosamente humano”

Julio Acanda: “Un sueño maravillosamente humano”

Foto: Reno Massola
Foto: Reno Massola

“Durante el Congreso se trataron temas trascendentales para la cultura y la nación cubanas. Sin embargo, la apretada agenda no dio tiempo para llamar la atención sobre algo que considero una necesidad impostergable de la Uneac. Me refiero a la protección de la ancianidad artística”; dijo a Trabajadores el colega Julio Acanda, popular animador de la Televisión Cubana.

“Según la última actualización de la base de datos de la nuestra organización, casi el 40 % de sus miembros son mayores de 60 años. En los últimos congresos se ha tratado el asunto. En el anterior había  un 29 % de miembros con más de 60 años, hoy esa cifra es mucho mayor. Alguna vez nos hemos avergonzado de la desprotección familiar y muchas veces de la miseria, la soledad y el olvido en que hemos visto acabar sus vidas a artistas cuyas obras forman parte del patrimonio cultural de este país”, apuntó Acanda.

“En tal sentido, es necesario instrumentar —añadió— una política, es decir, acciones de la Uneac, en coordinación con otras instituciones del Estado para proteger y potenciar el alargamiento de la vida física y profesional artística de sus miembros mayores de edad o con limitaciones propias del paso de los años”.

“Se de los esfuerzos continuados, a veces heroicos, de la presidencia de la Uneac, de las asociaciones, del Ministerio de Cultura y del Sindicato de la Cultura por  tender puentes de ayuda de diferentes maneras a miembros de la tercera edad en situaciones difíciles. Pero la tendencia actual al envejecimiento de la membresía en un contexto económico que va siendo muy distinto de mes en mes, obliga a rediseñar esas prácticas”, recalcó.

“Y como nuestro Congreso no concluye aquí, propongo la creación de un lugar o algo así como una Casa del Artista, que no sea solo asilo para aquellos miembros desprovistos de protección familiar o extremadamente necesitados económicamente, sino que fuera además un centro cultural activo, donde nuestros admirados viejos siguieran creando, o a través de conferencias y talleres pudieran trasmitir conocimientos y experiencias. Podría ser también un lugar de visita y enriquecimiento para las nuevas generaciones, sobre todo para la de artistas y escritores de Cuba y del mundo”.

“Esto es un sueño maravillosamente humano, que seguramente los artistas de este país apoyarían no solo éticamente, sino con el aporte económico que estuviera a su alcance. Vale recordar ese proverbio que dice: la juventud es la única enfermedad que se cura irremediablemente con el paso del tiempo”, concluyó.

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