La Cultura es la expresión más cabal del modo en que vivimos

La Cultura es la expresión más cabal del modo en que vivimos

Foto: Roberto Morejón Rodríguez
Foto: René Pérez Massola

La Revolución, a pesar de todas las dificultades económicas, ha podido construir un valioso capital intelectual, afirmó la destacada intelectual Graziella Pogolotti en la discusión del informe de trabajo de la Comisión de Educación, Cultura y Sociedad, presentado este sábado, durante la sesión de la tarde, en el VIII Congreso de la Uneac.

Según Pogolotti, la triada educación cultura y sociedad es importante porque en esas tres instancias se determina la continuidad de nuestro capital intelectual. El trabajo conjunto de estas garantizará las vías mediante las cuales podremos emprender el análisis a fondo de la sociedad económica de hoy, de lo que somos hoy, de esa definición de pueblo, que tanto necesitamos y que he recordado con tanta frecuencia en las palabras de Fidel en La Historia me Absolverá.

Se han creando diferencias económicas que pueden arrastrar otros problemas y se están recomponiendo de algún modo en la sociedad cubana. En estos momentos somos un pueblo que ya no está constituido exactamente de la misma manera que en los años 80, según estudios de la academia de ciencias. Esto hay que tenerlo muy en cuenta y es fundamental para proyectarnos en términos conceptuales hacia el futuro y para ir afinando la elaboración de políticas culturales ajustadas  a este momento sin olvidar las líneas de políticas planteadas por Fidel Castro en las célebres Palabras a los intelectuales.

Los intelectuales deben de salir de la burbuja en la que se encuentran y contribuir a la formación cultural de la sociedad; acotó Miguel Barnet, reelecto presidente de la Uneac.

En el debate se profundizó además en el papel de las escuelas con dificultades, pero aún así tenemos escuelas en todos los lugares, somos el único país del mundo que tiene esa posibilidad,  pero es necesario cambiar el funcionamiento de las escuelas, y también aquilatar el papel de la familia que hoy es una familia más culta y formada que la que experimentamos nosotros hace 20 ó 30 años. La escuela puede contribuir mucho en el desarrollo de la cultura. Tales planteamientos fueron hechos por varios delegados quienes calificaron además el informe como de gran madurez.

Igualmente se alertó sobre el futuro de este profundo estudio realizado por la comisión, documento que debe de hacerse circular ante todo entre todos los maestros y ser objeto de estudio. “Tenemos que mirarnos a nosotros mismos, ver cómo está nuestra cultura artístico literaria, qué estamos haciendo”, expresó Pedro Pablo Rodríguez, del Centro de Estudios Martianos.

Elmo Hernández, presidente de la Comisión Educación, Cultura y Sociedad, al dar lectura al informe de trabajo dijo que debemos abordar los desafíos planteados por Raúl en toda su complejidad. Se trata de la expresión de procesos culturales que tenemos que evaluar y atender, desde una concepción antropológica. Solo desde esta perspectiva seremos capaces de analizarlos, caracterizar sus especificidades  y desentrañar tanto su naturaleza como las estrategias para el desarrollo y propagación de modelos no deseados, pero que han podido entronizarse como referentes válidos en amplios sectores de nuestra población.

La cultura, y ojalá no lo olvidemos nunca,  es la expresión  más cabal del modo en que vivimos, que reconocemos a través de sus propios símbolos, percibidos con mayor fuerza o menor nitidez por sus protagonistas. Nada, absolutamente nada de lo que hacemos o imaginamos queda fuera del universo que define la cultura. Se trata, en última instancia, de cómo vivimos, de aquello que sentimos y hasta de cómo sabremos morir. Solo desde esa perspectiva y con el instrumental lógico adecuado podríamos aproximarnos a las complejidades del caso cubano”, asegura el informe.

En el dictamen se hace alusión además a los efectos sociales y culturales de aquello que el máximo líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, llamó “discriminación objetiva”, que aunque no se basaba fundamentalmente en el color de la piel sino en los niveles de pobreza, marginación social y acceso al conocimiento, afectaban y afectan sin embargo, en mayor medida, a los ciudadanos negros. “Esa anomalía social —agrega— debe caracterizar también nuestras consideraciones porque nunca podremos enquistarla para hacerla desaparecer, puesto que tiene la peculiaridad de que se reproduce, sobre todo en lo que atañe a los niveles de pobreza y marginación, el acceso al conocimiento y las posibilidades profesionales. Se trata, otra vez, de un fenómeno esencialmente cultural con repercusiones en todas las esferas de la vida cubana, y nada podría ser una contradicción más flagrante con los objetivos de transformación social que nos trazamos hace mas de medio siglo”.

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