Guerra no convencional: el peligroso silencio de los cañones

Guerra no convencional: el peligroso silencio de los cañones

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guerra no convencional

Por Orlando Ruiz Ruiz y Patricia Segura Alemán

El próximo 5 de abril se celebrarán en Afganistán las elecciones presidenciales. Innumerables expectativas se tejen en torno a este país ubicado en el extremo occidental de Asia, sumido hoy en una de las crisis humanitarias más graves de su historia, y que tiene como origen principal la prolongada guerra desatada hace más de una década por Estados Unidos y sus aliados, como “respuesta” inmediata a los atentados del 11 de septiembre del 2001.

El Gobierno de George W. Bush decidió la invasión a Afganistán, a partir del supuesto que culpaba al régimen Talibán de dar cobijo a la red terrorista Al-Qaeda, acusada por Washington del derribo de las Torres Gemelas.

Este suceso, que pasará a la historia con la impronta de ser la primera guerra del siglo XXI, suscita diversos análisis. Los más acertados nos permiten apreciar cómo frente a un ataque no convencional (las acciones contra el World Trade Center), el Gobierno de George W. Bush reacciona arremetiendo contra un Estado que le es adverso con los poderosos recursos bélicos de la guerra convencional.

Pero estudios más profundos de los hechos nos permiten distinguir que “el ataque reviste ciertas características que, analizadas en su conjunto, nos dan la pauta sobre algunas tendencias de evolución de la guerra en el nuevo siglo”, según lo define la coordinadora del Programa Defensa y Seguridad del Centro Argentino de Estudios Internacionales, Gisela Armerding.

Algunos analistas explican cómo en ese preciso momento, iniciado el lapso 2000-2003, el mando militar estadounidense había adoptado una visión más “moderna”, denominada “poderío superior”, que se basaba más en la explotación conjunta de las capacidades de cada componente de sus Fuerzas Armadas (FF.AA.) que en la cantidad de fuerzas y medios involucrados. Su sustento radicaba en la superioridad en materia de información y maniobra, en las ventajas tecnológicas y en la calidad del entrenamiento de sus soldados. Estas concepciones se pusieron a prueba en las invasiones contra Afganistán e Irak.

No obstante, durante la etapa de “pacificación”, EE.UU. quedó empantanado en sangrientos conflictos irregulares, que pusieron de manifiesto las vulnerabilidades de sus FF.AA. para la guerra irregular, que entre sus acápites incluye la Guerra no Convencional (GNC). Se imponía pues, ante el alto mando estadounidense, recapitular sobre este proceder y ponerlo en práctica ante adversarios en nada subestimables.

“En dicho escenario se conjugan elementos tradicionales con nuevas aplicaciones frente a situaciones inéditas. Puede decirse que el conflicto armado en Afganistán es un estilo de bisagra temporal en la forma de llevar adelante una guerra”, según lo ha definido la investigadora argentina antes citada.

Por otra parte, a pesar de que las fórmulas no convencionales de enfrentar al adversario comienzan a hacerse presentes en la segunda etapa del conflicto afgano, no puede decirse que sea esta una novedad en el accionar bélico estadounidense. Ciertamente hay una vuelta atrás que retoma procederes empleados antes por las FF.AA. estadounidenses.

En términos teóricos, la guerra ha concluido en Afganistán; sin embargo, ahora se desarrolla un proceso electoral sumergido en la violencia extrema, con un incremento notable de atentados y una inestabilidad e ingobernabilidad predominantes, sin que esta dependa aparentemente de la presencia de fuerzas externas. Aquí sigue presente la guerra, solo que de manera no convencional.

En estas circunstancias, claro está, quien sea la figura que tome el poder en el Estado asiático la decisión inicial tomada por Estados Unidos de apostar a negociar su situación estará presente; así como también, la de reconocer inmediatamente la legitimidad del Gobierno.

El actual presidente Hamid Karsai y su administración fueron instaurados por las potencias occidentales en el 2005 y luego “reelectos” en el 2009. Karsai controla hoy la capital y no mucho más del resto del país que continúa siendo muy inestable; existen aún focos talibanes que buscan mantener e incrementar su poder regional. Su Gobierno no ha conseguido estabilizar la nación que se encuentra inmersa en un estado de ingobernabilidad favorable a los intereses de quienes alentaron desde fuera las acciones subversivas y el caos que ayuda a materializar sus intenciones de dominación.

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Una fórmula muy antigua

Estudios sobre la evolución de las guerras permiten asegurar que el empleo de métodos de Guerra no Convencional data de la antigüedad. Como concepto, ha formado parte del cuerpo doctrinal de las FF.AA. estadounidenses desde la II Guerra Mundial, pero es a partir de la década de los 50 del siglo pasado que se conoce con la denominación actual.

Estudios al respecto aseguran que durante el período de la Guerra Fría, el mando militar de EE.UU. desarrolló campañas de GNC para tratar de lograr sus objetivos sin arriesgarse a una contienda generalizada con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Tras el fiasco estadounidense en Vietnam, y para enfrentar el auge de los movimientos de liberación nacional en diferentes partes del mundo desarrolló la doctrina de los “conflictos de baja intensidad”, referente doctrinal cercano a la GNC. Tal proceder fue puesto en práctica mediante el apoyo a los mujaidines afganos, a la “contra” nicaragüense, y la Unita angolana, por citar solo algunos ejemplos.

Debido a su ubicación geográfica y coincidiendo con algunos investigadores afganos, ese país “tiene la desgracia de estar en una posición estratégica que permite a quien lo controle monitorear de cerca todas las potencias nucleares de la región: China, Rusia, India y Paquistán, y completar el cerco a Irán, país que en el supuesto de una guerra con EE.UU. se enfrentaría a un ataque por dos frentes: Irak y Afganistán. Este último Estado despierta también los apetitos geopolíticos de occidente por ser camino de acceso al gas natural de Irán y Turkmenistán y a los afluentes acuíferos del río Amu Darya que discurre por su territorio.

Tiempo de Guerra no Convencional

Las contiendas duras, a base de plomo y metralla al estilo tradicional de la potencia imperialista pierden preponderancia poco a poco frente a las nuevas doctrinas de la guerra en las que predominan métodos y reglas no convencionales.

La esencia consiste en que actualmente, y en el futuro previsible, los EE.UU. no están en condiciones de actuar de otro modo, principalmente por factores tales como el estado de la economía, los efectos de las guerras en las que se han visto envueltos, tanto en lo político, moral y psicológico, como en los aspectos técnico- militares.

Ahora de lo que se trata, según la Circular de Entrenamiento 18-01 sobre la Guerra no Convencional de las Fuerzas de Operaciones Especiales del Ejército de Estados Unidos, fechada en el año 2010, es de aprovechar las posibles vulnerabilidades del Gobierno a derrocar; distanciarlo de la población; desplazar a la porción de la ciudadanía que actúa de manera neutral hacia posiciones en su contra; explotar estos elementos a través de la subversión, y cuando esta no conduzca a los resultados estratégicos deseados, recurrir al conflicto armado a través del fomento de la insurgencia, que actúe de manera irregular y conduzca a la inestabilidad incontrolable e impida gobernar.

En tal sentido deben jugar un papel protagónico, según el propio documento, los medios de comunicación masiva y las modernas tecnologías de la informática y las comunicaciones, en función de las acciones subversivas.

Los ejemplos más ilustrativos de este nuevo enfoque están presentes en el conflicto ucraniano y la ofensiva contrarrevolucionaria que pretende detener el avance de la Revolución Bolivariana de Venezuela e instaurar en el poder a la derecha reaccionaria, servil a los dictados del imperio. En estas nuevas realidades profundizaremos en próximas publicaciones.

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