Recordando a Melba Hernández en Trabajadores

Recordando a Melba Hernández en Trabajadores

Melba Hernández, una de las heroínas de la gesta revolucionaria de los años cincuenta, siempre ha estado presente en las páginas de Trabajadores. Compartimos con nuestros lectores algunos de los textos y fotos que la tuvieron como protagonista y fueron publicados en nuestro periódico, con el ánimo de recordar a aquella mujer extraordinaria.

Melba

por Ramón Barreras Ferrán

Duele escribir estas líneas cuando se sabe que ella partió.

Pero un rosario de recuerdos aflora a la mente y es justo darlos a la luz, porque Melba Hernández Rodríguez del Rey, o simplemente Melba, fue además de Heroína de la Patria, una mujer dulce, tierna y de sentimientos muy profundos.

La vanidad nada tenía que ver con ella. Por el contrario, la sencillez la caracterizó toda su vida, en una suerte de mezcla singular de grandeza y humildad, propia de las personas de alma enorme.

El periodismo me acercó a ella. Y lo agradezco tanto, porque me dio la oportunidad de conocer de primera mano sobre su vida y su lucha, su enorme respeto por Fidel, su amplia visión de futuro, su admiración por la juventud y su seguridad en el futuro revolucionario de Cuba.

La conocí personalmente a mediados de la década de los 90 del pasado siglo. Una amiga común propició que la entrevistara. Me recibió sentada en un sillón. Sus primeras palabras fueron estas: “Me dijeron que no necesitas grabadora…, así será mejor, porque me sentiré más cómoda”.

Conversamos entonces de su natal Cruces, localidad cienfueguera donde pasó su niñez y adolescencia y que nunca olvidó; de la influencia de su padre en su pensamiento revolucionario; de la lucha clandestina; del asalto al Moncada y la prisión; de la impresión clandestina del alegato La Historia me absolverá; del exilio en México; del triunfo revolucionario y su significado…

Hablamos sobre el liderazgo de Fidel, a quien ella admiró tanto siempre. Le pregunté por Abel Santamaría, por Hayidée… “De Yeyé no quiero hablar”, me respondió y dos lágrimas corrieron por sus mejillas. Hizo un largo silencio.

Después la conversación retomo la fluidez. Solo fue interrumpida por la llegada de una enfermera que le suministró unas vitaminas indicadas por un médico, ante un padecimiento. Me llamó mucho la atención con el cariño que la trató, y era la primera vez que la veía.

Casi al final de la entrevista —que fue publicada a página completa en el periódico Granma— me confió una anécdota ocurrida en México de cuando se preparaba la expedición a Cuba y relacionada personalmente con el líder de la Revolución. “Pero no la publiques ahora; quisiera consultárselo a Fidel”.

Poco después de aquel día, en un Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec) me correspondió intervenir y comencé con una frase de Melba sobre la significación de la propaganda revolucionaria. Ella estaba en el plenario. En el receso se acercó y me comentó: ¿Por qué hablaste de mí?… Hay cosas escritas más importantes”. Su modestia era infinita.

En otra oportunidad nos encontramos en la sede de la Asamblea Municipal del Poder Popular de Cruces. Estaba de visita en su localidad natal. Los periodistas quisimos conversar con ella. Nos recibió a todos con mucho cariño. Fui el último en entrar a la oficina donde estaba. “Barreras: ¿tú no me ibas a saludar?”, preguntó mientras me daba un fuerte abrazo, un beso y evocaba una amplia sonrisa. Pensé que quizás con el paso del tiempo no se acordaría de mí.

Así era Melba, tierna y maternal.

Quizás falten adjetivos, pero la grandilocuencia no estaba hecha para ella.

(Sirvan estas líneas, escritas de prisa, de homenaje póstumo a una de las personas que más he admirado)

Génesis de una patriota

por Celia Haydée Lamorú y Haydée Hernández Carrillo, publicada el 24 de julio de 2011

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Un zunzún revolotea en la sala, detiene unos segundos su inquieto vuelo ante el retrato de una pionera, y conquista una sonrisa de esa modesta mujer que es Melba Hernández Rodríguez del Rey. “La niña es muy simpática -dice- una de mis mayores satisfacciones es estar acompañada por los pinos nuevos”.

La imagen hace que la Heroína de la Sierra y el Llano evoque momentos de su infancia y juventud. “Mi formación revolucionaria se la debo a mis padres, Elena Rodríguez del Rey y Manuel Hernández, desde chiquitica ellos me enseñaron que yo tenía que ser muy cubana y patriota”.

Una lágrima escapa de los ojos de Melba cuando afirma que recibió el apoyo incondicional de sus progenitores, mientras luchaba por hacer realidad el sueño de una Cuba mejor.

Un proceso que cambió la sociedad

Para Melba, sus compañeros de lucha son hermanos queridísimos, pues compartió con ellos las vicisitudes de la clandestinidad, el asalto al cuartel Moncada, el exilio en México y la guerra en la Sierra Maestra.

“Fidel me impresionó desde que lo conocí”, declara Melba Hernández y asegura que a los jóvenes de la Generación del Centenario, el Comandante en Jefe les mostró el camino a seguir para acabar con los males del capitalismo.

“Él decía que debíamos pelear por una transformación total del país y eso hicimos. Yo estaba segura que derrocaríamos al régimen pro yanqui instaurado en Cuba y tan pronto lo logramos, comenzó un proceso revolucionario que cambió a la sociedad”.

Confianza en el futuro

Con alegría, Melba se refiere a las nuevas generaciones. Este 28 de julio, celebrará su 90 cumpleaños. “Ese día, siempre recibo visitas de pioneros -afirma-, quienes me dan mucho amor. Cada época es singular y los jóvenes de estos tiempos tienen menos prejuicios que antaño.

“Frente a cualquier peligro, la juventud sabrá cómo defender la Patria. Es necesario conocer la historia, pues así muchos pueden entender los sacrificios que otros hicieron para lograr que Cuba fuera libre y no un apéndice de Estados Unidos”.

La heroica mujer expresa con orgullo su lealtad inquebrantable a Fidel y a Raúl. Dirige su mirada al retrato de la pionera, al tiempo que una sonrisa nace en sus labios y asegura: “Mi relevo está garantizado”.

Melba: sencillez extraordinaria

por Ramón Barreras Ferrán, publicado el 28 de julio de 2012

A pesar de que ya no era un imberbe en el periodismo, estaba nervioso. Sabía que me encontraría con una persona excepcional, alguien extraordinariamente importante en la historia de la Revolución cubana.

No tuve tiempo de prepararme para la entrevista. Una amiga común -en ese entonces- me soltó de pronto: “¿Quieres conversar con Melba?”

Entré a la casa por una puerta lateral. Ella estaba en la sala, sentada en un sillón. Vestía de manera sencilla. Me esperaba. Se puso de pie y abrió sus brazos. Yo no atinaba a articular palabra alguna.

Pero esa sonrisa tan singular de ella y su mano que pasaba suavemente sobre la mía como hacen las abuelas y las madres con los hijos recién llegados, me hizo sentir más tranquilo.

“No quiero grabaciones”, me dijo en una especie de ruego y no de orden. Ni siquiera abrí la agenda.

Hablamos de Cruces, su localidad natal; de la impresión clandestina de La Historia me Absolverá. Hablamos de Fidel, de su inteligencia y liderazgo, de su visión futurista; de los preparativos del Moncada y el asalto. Le pregunté sobre su amistad con Abel Santamaría, con Haydée, su compañera en la lucha clandestina, en aquel amanecer del 26 de julio de 1953, en la prisión…

“De Yeyé no quiero hablar”, afirmó mientras dos lágrimas aparecieron en sus ojos.

Mis interrogantes quedaron relegadas. Tomó la palabra y me explicó con sapiencia y lujo de detalles, como hacen las buenas maestras, las razones de tanta lucha revolucionaria, de tanto sacrificio, de tanta entrega. Hizo un esbozo de cómo ella apreciaba en ese instante (década de los años 90) el futuro de Cuba, a pesar de las muchas dificultades.

Y tuvo una deferencia extraordinaria: me contó una anécdota inédita, ocurrida durante la estancia de los expedicionarios del Granma en México y relacionada con la honestidad financiera y moral del líder de la Revolución. “Pero no puedes publicarla ahora –me advirtió-; tengo que consultarle a Fidel”.

Pasado el mediodía salimos al jardín de la casa y nos hicimos una foto. Me despidió con mucho cariño y con una advertencia en tono cariñoso y a la vez respetuoso: “Mira a ver bien lo que vas a poner en el periódico”.

Pasados los años, Melba visitó a su natal Cruces por un acontecimiento que no recuerdo con exactitud. En la oficina del presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular (Gobierno) los periodistas la abordaron con interrogantes sobre su vida en esa localidad cienfueguera. Yo me quedé detrás. Casi al final del encuentro me acerqué a ella. Abriendo los brazos me preguntó: “¿Y tú no me ibas a saludar? No te lo hubiera perdonado”.

Así es Melba Hernández Rodríguez del Rey, la Heroína del Moncada, extraordinariamente grande, sencilla y amable a la vez, cariñosa y maternal, fiel siempre a Fidel y a la causa de la Revolución.

Hoy cumple 91 años de edad.

Llegue a ella, junto con la felicitación merecida, el abrazo grande y a la vez sencillo de los muchos que la queremos y admiramos.

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