Mitos y falacias neocoloniales en Cuba

Mitos y falacias neocoloniales en Cuba

Entrada de Fidel a La Habana
Entrada de Fidel a La Habana

El advenimiento de la Revolución Cubana hace 55  eneros echó por tierra mitos y falacias que por más de media centuria  predicaron los regímenes burgueses.

Era el vivo retrato de un país donde con falsas teorías  se pretendía mantener a las masas sumidas en un letargo fatalista que frenaba todo desarrollo político, económico y social.

 Un ejemplo concreto fue el consabido  apotegma de que “en Cuba podía hacerse una revolución con el ejército o sin el ejército, pero nunca contra el ejército”, lo cual  se desmoronó con la lucha armada iniciada por la Generación del Centenario Martiano  junto a los muros del cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953.

De trabajadores, estudiantes y campesinos se nutrieron las filas del Ejército Rebelde, bajo cuya fuerza moral y política y con la dirección de Fidel, se llevó a cabo la Revolución que dio al traste con la maquinaria militar de la tiranía de Fulgencio Batista.

Como una mezcla de entreguismo y frustración, la idea del fatalismo geográfico fue otro mito reinante durante la seudorrepública establecida a partir de 1902.

 Sus principales defensores eran burgueses y políticos anexionistas quienes afirmaban que debido a la cercanía de Cuba con el poderoso vecino del norte, nuestros destinos en todos los órdenes quedaban inexorablemente a merced de la nación imperial.  De ahí, por ejemplo, la falsa tesis de que todo movimiento social en la isla tenía que contar con el visto bueno  de la Casa Blanca, de lo contrario era imposible su existencia y durabilidad.

Otros planteaban también que mientras Estados Unidos mantuviera su régimen imperante, los cubanos no podían establecer otro diferente hasta tanto no ocurriera lo mismo en la cercana nación.  La historia, sin embargo y para bien de los cubanos, demostró todo lo contrario.

 Quienes preconizaban que sin el mercado norteamericano se derrumbaba la economía cubana,  que la mujer era incapaz de asumir diversas tareas laborales y que era imposible una sociedad sin discriminación racial,  se equivocaron con el devenir de los años.

Con el proyecto social emprendido a partir de 1959  Cuba  amplió   su comercio exterior, ciento de miles de mujeres se incorporaron a la producción y a los servicios muchos de los cuales eran privativos de los hombres y se hizo realidad la igualdad de deberes y derechos ciudadanos para todos los cubanos sin distinción de raza, credo o sexo.

Sería prácticamente interminable la lista de mitos y falsedades que la Revolución Cubana barrió de una vez y por todas con los hechos como pruebas.

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