Rodando se encuentran

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Adigio Benítez, «El soldador, 1977. Óleo sobre tela. 145 x 196cm.
Foto: lajiribilla.cu

A partir del año 1959, con la instauración de una nueva y revolucionaria política cultural, en Cuba se inició el coleccionismo institucional de obras de arte; gestión que generó leyes y decretos, a la vez que produjo una descapitalización de las colecciones privadas, las cuales comenzaron a enfrentar un paulatino declive debido a disímiles circunstancias socioeconómicas.

Entre las entidades del Estado que poseen significativos conjuntos de piezas con valor artístico o patrimonial se encuentran el Museo de Arte Cubano de Topes de Collantes, creado en el año 2002 con el fin de conservar las pinturas de artistas de la vanguardia cubana de los años 80, diseminadas en centros turísticos del Escambray; así como otras también atesoradas en diferentes instituciones del Ministerio de Cultura, entre ellas, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas (CNAP), encargado de velar por el desarrollo y promoción de las artes visuales.

Parte de las adquisiciones de obras de esta última entidad durante los recientes años, integran una muestra que se exhibe en la galería El Reino de este Mundo, de la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM), bajo el sugerente título de Rodando se encuentran; pues son trabajos que, antes de formar parte de la colección, habían sido exhibidos, indistintamente, en otras oportunidades y ahora pueden disfrutarse mediante este proyecto pensado con motivo del Día de la Cultura Cubana, en conexión con el interés del CNAP de garantizar la socialización y promoción de esos fondos.

En una conversación que sostuve hace unos dos años con Rubén del Valle Lantarón, presidente del CNAP, acerca de las joyas de arte protegidas por ese organismo, dijo que “la voluntad es moverlas por el mayor número de sedes posibles”. Así, 80 pinturas, instalaciones, grabados, esculturas y fotografías de 50 artífices cubanos, pertenecientes a distintas generaciones de las vanguardias artísticas, comprendidas entre los años 60 y el nuevo milenio, se exhiben en un armónico trabajo curatorial y museográfico a cargo de Isabel M. Pérez Pérez, quien asumió el reto de “transformar” el espacio cuadricular de la sala con el apoyo de un buen amigo de Cuba, el español Kike Martínez, experto en el montaje de macroexposiciones, en cuyo aval se incluyen sus imaginerías en grandes eventos como las bienales de La Habana.

Ese dueto creativo —y atrevido a la vez— hizo posible entretejer, mediante una dramaturgia entendible, disímiles calidades, estilos y corrientes dentro de la plástica contemporánea insular. Repasaron exhaustivamente el corpus de obras a exhibir, en el que confluyen variados estilos y tendencias, desde el abstraccionismo y la figuración, hasta el arte conceptualista, erótico, impresionista o expresionista. Laberinto de multiplicidad de colores, figuras, líneas, manchas y otras divergentes maneras de reflejar la espiritualidad individual, que perfilan el vasto horizonte iconográfico cubano, con piezas de artífices de varias provincias y no solo de la capital.

Al tratar de proyectar esa diversidad, Pérez Pérez y Kike idearon un laberíntico entramado de paneles de madera, aparentemente anclados al piso, que sirve de soporte a obras tan difíciles de montar como las de Douglas Argüelles (Objeto-Prensa, 2007); la escultura instalativa de Iván Capote (Memorándum, 2011); u otra de las imaginerías del Premio Nacional de Artes Plásticas, 2010, René Francisco Rodríguez (Tú eres el agua, 2011).

Esa solución curatorial favorece que, durante su tránsito por el multiplicado espacio expositivo de la galería, los espectadores experimenten cierta incertidumbre ante el “que vendrá ahora”, en tanto van descubriendo las obras con suficiente holgura visual, suerte de serpenteo que posibilitó la inclusión de un número significativo de piezas de diferentes formatos; mientras que en la sala recibidor y en el portal de la BNJM fueron ubicadas varias esculturas que anuncian la pluralidad visual de toda la muestra.

Rodando se encuentran, conllevó múltiples inversiones y tiempo en el reacondicionamiento de la galería; sin embargo, apenas será exhibida durante un mes, pues su clausura está prevista para el venidero sábado. Esperemos una nueva presentación de esta colección institucional que vale la pena llevar a otros espacios de la geografía nacional e internacional, como fehaciente paradigma de los altos quilates que posee el arte cubano.

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