Seguir hablando, hacer mucho más

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Los delegados forman parte de la vanguardia artística y literaria del país. Fotos: René Pérez Massola
Los delegados forman parte de la vanguardia artística y literaria del país.
Fotos: René Pérez Massola

Los delegados e invitados ya están en sus provincias, la nueva dirección de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) ha tomado posesión, el II Congreso ya es historia… Pero los debates han dejado una lista importante de temas pendientes, de tareas urgentes, de complejos desafíos. Hay que decirlo: el nivel de las discusiones fue alto. Durante tres días se habló sin medias tintas, con conocimiento de causa y con sentido de compromiso. El espectro fue amplio: desde los problemas internos de la organización hasta algunos que devienen inquietudes de los creadores frente a las instituciones culturales.

En la conformación coherente y sistémica de la política cultural de la nación se hicieron los mayores énfasis. No es un tema sencillo, está marcado por numerosas mediaciones. La AHS, en todo caso, es simplemente un eslabón. Pero un eslabón fundamental: la joven vanguardia artística y literaria tiene una gran responsabilidad en el proyecto nacional: continuidad creativa y transformadora. No se trata de dinamitar lo bueno y esencial, se trata de trazar nuevos caminos, acordes con la efervescencia de las circunstancias.

En las comisiones de trabajo y en el plenario se identificó la “batalla” entre dos modelos: el de la banalidad rampante y reaccionaria (que es el del mal gusto, los antivalores, el egoísmo y el mercantilismo a ultranza) y el de las propuestas auténticas, pletóricas de sentido y progresistas en esencia.

Esa “pelea” se libra cotidianamente en todos los ámbitos de la sociedad. Más que evidentes son las manifestaciones de empobrecimiento espiritual y estético de muchos sectores de la Cuba contemporánea. La respuesta no debe ser represiva. Prohibir por decreto ciertas expresiones y prácticas es un sinsentido, por dos razones. La primera es pragmática: prohibir no significa eliminar, es imposible controlar los esquemas de consumo en un contexto cada vez más globalizado; la segunda (y la más importante) es ética: coartar la libertad de escuchar y ver puede ser muy peligroso; en la historia del mundo y en la nuestra propia hay ejemplos elocuentes.

Esther Montes de Oca, madre de los hermanos Saíz, participó en la sesión plenaria del congreso.
Esther Montes de Oca, madre de los hermanos Saíz, participó en la sesión plenaria del congreso.

La única opción es ofrecer una alternativa contundente, atractiva y honda, comprometida y dinámica. Hay que acabar de romper el tan extendido prejuicio de que lo culturalmente valioso es necesariamente aburrido. Está claro que lo banal puede ser pirotécnico (lo es, de hecho, y sin ingenuidades), pero nada impide que lo “profundo” también lo sea.

Todo proyecto político, económico y social tiene que tener un cimiento cultural sólido (el neoliberalismo, por ejemplo, lo tiene: es totalizador y enajenante); el del socialismo tiene que ser indiscutiblemente humanista. De esos y otras muchas aristas del acontecer artístico nacional se debatió con entusiasmo y responsabilidad en el Congreso. Algunos dirigentes e intelectuales de reconocida trayectoria alabaron la inteligencia y oportunidad de muchas de las intervenciones. Pero no basta con discutir, con plantear y replantear, con “hacer catarsis” en los salones. Ha sucedido (de hecho, sucede con frecuencia) que los congresos y reuniones visibilizan algunos problemas e incluso vislumbran sus soluciones, o al menos, una manera de asumirlos… pero el panorama concreto cambia muy poco.

Años llevamos hablando de la insuficiente enseñanza artística en todos los niveles educacionales, del burocratismo desmovilizador de algunas estructuras institucionales, de la poca presencia de la música cubana en los programas de estudio del Instituto Superior de Arte (ISA), de la deplorable situación de algunas filiales de ese instituto, de la promoción por los medios de comunicación de productos de pésima calidad…

Hay que seguir discutiendo, pero es obvio que urge hacer. Los miembros de la AHS no pueden conformarse con el diagnóstico; tienen que implicarse en las soluciones. A las instituciones les toca derribar los muros de la abulia. La única garantía de supervivencia de la Revolución es marchar con los tiempos. Revolución que se anquilosa, es revolución muerta. Los jóvenes escritores y artistas de ahora mismo quieren seguir en la vanguardia

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