Luces de la educación cubana

Luces de la educación cubana

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Foto: Joaquín Hernández Mena
Foto: Joaquín Hernández Mena

La hermosa escena de los niños de las manos de sus padres, de los adolescentes con sus nuevos y coloridos uniformes, y de los jóvenes tomando los espacios universitarios, se repetirá hoy en muchos rincones del país.

Este lunes comienza el curso escolar 2013-2014 y quizás como nunca antes sea tan explícito el propósito de alcanzar un comportamiento social que se corresponda con la educación recibida en la escuela.

El reclamo es de toda la sociedad, por lo que esta —acompañada por los Ministerios de Educación (MINED) y Educación Superior (MES)— deberá asumir la responsabilidad en cuanto a la formación de valores, que en las últimas décadas y por múltiples factores se han visto deprimidos.

Más allá de la necesaria instrucción, del cumplimiento de los procesos sustantivos en las universidades —y ante el llamado consciente y oportuno del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, durante la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular— resulta imprescindible fortalecer la educación en el sentido más amplio y abarcador de la palabra.

Hay que desterrar aquellas conductas que distan mucho de los verdaderos propósitos de la educación cubana; raíces que fueron sembradas en otros siglos por paradigmas de pedagogos y patriotas, cuyos pensamientos mantienen total vigencia.

La escuela que necesitamos es aquella donde se privilegie el conocimiento, se fortalezcan saberes, y sea capaz —en cualesquiera de sus enseñanzas— de entregar egresados preparados, sensibles ante los problemas y dificultades de una nación, resuelta a salir adelante con la actualización del modelo económico.

Hacia ello apuntan las estrategias y los objetivos del presente período lectivo, en el cual la calidad del proceso docente-educativo ocupa un primer plano. Para ello el maestro debe ser “el alma de la escuela”, como asegurara recientemente, en el programa televisivo Mesa Redonda, Enia Rosa Torres Castellanos, directora de formación de docentes en el MINED. El Maestro, así en mayúscula, constituye la pieza clave de un asunto en el cual intervienen el hogar, la familia y la escuela.

Él es el espejo donde se miran a diario millones de alumnos de las más disímiles edades. Y sus modos de ser y actuar se multiplican, para bien o mal, en las conductas de cada uno de ellos.

De ahí que junto a las prioridades establecidas por enseñanzas y grados, el cumplimiento del reglamento escolar y el uso adecuado del uniforme, resulte esencial la preparación metodológica y la autosuperación del profesor a fin de que pueda impartir una buena clase y vencer los objetivos.

El completamiento de la cobertura —tema de análisis permanente en los plenos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte— es un asunto de máxima atención pues, al margen de todos los recursos, el maestro es y seguirá siendo el núcleo básico del proceso de enseñanza-aprendizaje.

A la par de la exigencia necesaria en cada institución, él debe sentirse escuchado, atendido en sus más elementales preocupaciones cotidianas, entre las cuales una muy común es la evaluación profesoral, que no siempre se realiza de forma objetiva.

En la enseñanza técnica y profesional (ETP) esta fuerza laboral adquiere particularidades únicas, pues a su propio contingente de profesionales se suman otros miles de especialistas de la producción y los servicios que apoyan la docencia en los institutos politécnicos y en las aulas anexas, y necesitan herramientas pedagógicas para un mejor desempeño.

La educación en nuestro país —no sin contratiempos y desafíos por vencer — continuará haciendo gala de sus mejores luces, y pudieran tomarse como punto de partida las recientes palabras de la Ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez Cobiella. No se trata de inventar cientos de acciones, de elaborar planes de trabajo cargados de tareas —dijo—.

Lo más importante es que cada una de nuestras escuelas funcione bien, que haya una correcta organización escolar; no se dejen de impartir clases; sea respetado el horario de preparación de los maestros, las asambleas de afiliados del sindicato se realicen mensualmente, y los trabajadores se involucren en la solución de los problemas. Cumplir todo esto garantizará el éxito.

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Un comentario en Luces de la educación cubana

  1. Que bonito me recuerda mi clases en Cuba ,pero que tristes para algunos niños que han tenido que dejar su escuela, porque sus professore y maestros los chantagean y burlan por la poca capacidad que tienen en los estudioo que no puede continuar sus estudios porque le cambiaron su boleta de nota y se la dieron a otras, eso es algo que se debe empezar a analizar en Cuba ,cada vez que viajo oigo comentarios en mi pueblo CONSOLACION DEL SUR -PINAR DEL RIO de que pasaron incidentes con el hijo de aquel y el de fulano,yo leo el periodico desde donde vivo en Europa y me DIGO ME GUSTARIA MANDARLE ESTA QUEJAS A MARIELA CASTRO de ella he leido su lucha y tiene buena imagen, de como es la educacion al niño,opuesta a la descriminacion en las escuelas ,por los demas desigualdades y pienso que este tema seria bueno para ella pero no tengo acesso a su correo ni a su facebook desgraciadamente .Pero creo que hay que dejar que los niños tambien hablen o escriban en un papel que no le gusta de mi escuela o mis profesores,Para asi que crezcan mas lindos de lo que son los niños Cubanos,Gracias kenia

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